Raúl Acha, director técnico y enólogo de Vintae, creció en Cárdenas, en el seno de una familia de viticultores vinculada a la viña desde siempre. De esa herencia nace Viñedos El Pacto, el proyecto con el que la compañía busca “no dejar que se extingan los auténticos vinos de pueblo”. Para ello elabora sus vinos a partir de viñedos viejos de dos comarcas con una larga historia vitícola: la Sonsierra y el Alto Najerilla. Son viñas pequeñas, trabajadas de forma manual, que han llegado hasta hoy prácticamente intactas y que en la bodega consideran el verdadero punto de partida de sus vinos.
La Sonsierra reúne unas condiciones muy favorables para el cultivo de la vid. La Sierra del Toloño frena los frentes de lluvia que llegan del Cantábrico, el cierzo mantiene la uva fresca y sana, y los viñedos, orientados al sur, disfrutan de un clima templado con noches más frescas que los días. La tierra es poco fértil: arcillas y calizas que drenan bien y apenas aportan materia orgánica, de modo que las cepas producen poco. Viñedos El Pacto trabaja estas viñas en ecológico, deja crecer la hierba entre las filas y solo trata cuando no queda otra opción. Las cepas proceden, además, de selección masal, así que en una misma parcela pueden encontrarse clones muy diferentes de la variedad principal junto a plantas aisladas de otras uvas, tanto tintas como blancas.
27 viñas viejas para un vino de la Sonsierra
El Pacto de la Sonsierra fue el primer vino del proyecto. Es un tinto ecológico de zona en el que manda el Tempranillo, acompañado de algunas cepas de Graciano, Mazuelo y variedades blancas que crecen intercaladas en el viñedo. Para elaborarlo se recurre a 27 parcelas de viñas viejas cultivadas en ecológico, plantadas entre los años cincuenta y sesenta, la mayoría en Baños de Ebro y el resto en Villabuena de Álava, Navaridas y San Vicente de la Sonsierra. Están situadas en cotas altas, bien ventiladas, con suelos de arcilla y caliza sobre un lecho de arenisca.
La añada 2021 dejó muy buen sabor de boca en la bodega. Una maduración favorable permitió recoger una uva muy sana, equilibrada, concentrada y aromática. La vendimia, manual, fue algo más breve que la de 2020 y tuvo lugar entre el 7 y el 11 de octubre. En bodega se intervino lo menos posible: diez días de maceración estática para no forzar la extracción y una fermentación espontánea con las levaduras autóctonas, en depósitos de 20.000 kilos y sin superar los 26 °C, con un uso mínimo de sulfitos. Después vinieron 14 meses de crianza en barricas de 225 litros, un 60 % de roble francés, un 20 % de Europa del Este y otro 20 % americano, combinando un 40 % de barrica nueva con un 60 % de segundo uso.
En copa, El Pacto de la Sonsierra 2021 muestra un color rojo picota de capa media-alta. La nariz es limpia, con fruta roja y negra, un leve toque balsámico y una madera bien integrada que deja recuerdos de especias dulces, además de una nota herbal y de monte bajo. En boca tiene muy buena acidez y un tanino ligero y domado, en un trago muy equilibrado, suficientemente intenso y largo, ni ligero ni pesado, con una sensación alcohólica contenida. Es un vino muy agradable, perfecto para el copeo y válido también para acompañar una comida; un vino que no busca la opulencia, una expresión fresca del terruño de la Sonsierra y una buena manera de entender el pacto que le da nombre, el de devolver a Rioja sus vinos de pueblo.

| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
|---|---|---|---|
| El Pacto de la Sonsierra 2021 | 13,80 % | 3.753 botellas de 75 cl | 22 euros |
Las claves de El Pacto de la Sonsierra 2021
- Origen: Viñedos El Pacto, proyecto de Vintae en la Sonsierra y el Alto Najerilla.
- Variedades: Tempranillo, con Graciano, Mazuelo y algunas blancas.
- Viñedo: 27 parcelas de cepas viejas, plantadas entre los años cincuenta y sesenta, sobre arcilla, caliza y arenisca.
- Viticultura: Ecológica y manual.
- Elaboración: Vendimia manual, maceración de diez días y fermentación espontánea con levaduras autóctonas.
- Crianza: Catorce meses en barricas de roble francés, de Europa del Este y americano.
- Perfil sensorial: Fruta roja y negra, balsámicos, especias y hierbas. Buena acidez, tanino suave y final largo.
- Identidad: Un vino de pueblo que reivindica las viñas viejas de la Sonsierra









