Cada año descorchamos con la misma ilusión la botella de Tío Pepe Fino en Rama con la que Antonio Flores, master blender de González Byass, consigue deleitarnos y sorprendernos; deleitarnos por razones obvias, por la calidad y la sensación de autenticidad de lo que estamos bebiendo; sorprendernos por cómo el perfil de un vino que es en realidad una mezcla de añadas que debería tener a la uniformidad consigue ofrecer una personalidad tan marcada en cada saca, en cada selección de botas.
La decimocuarta edición de Tío Pepe Fino en Rama nos ha llamado poderosamente la atención por su acidez vibrante, un rasgo muy marcado de esta saca en la que Antonio Flores ha recurrido, por primera vez, a las soleras de la Gran Bodega Tío Pepe, fundada en los años 60 del pasado siglo. Y es que, hasta ahora, Antonio se había limitado a “buscar” entre las botas de las soleras de las bodegas Constancia y Rebollo, cuyos orígenes se remontan al siglo XIX.
Precisamente, esa selección minuciosa de las escasas botas cuya saca anual irá a parar el fino en rama en lugar de a la producción regular de Tío Pepe es lo que hace tan especial este vino; la selección y, por supuesto, la ausencia de clarificación.
Cabe recordar que el fino se elabora con la primera prensa de las uvas de variedad Palomino procedentes de los pagos de Carrascal y Macharnudo. Acabada la fermentación, se fortifica y entra en el sistema de criaderas y soleras, donde se criará bajo velo de flor durante cuatro años. De las botas (grandes barricas de roble americano) seleccionadas, se extraerá una pequeña cantidad que se ensamblará y permanecerá en un depósito durante unas semanas para que el vino se limpie lo máximo posible por gravedad, y desde allí se embotellará con un simple filtrado sanitario.
Al servirlo, encontramos un vino de color amarillo limón que nos sorprende por la intensidad de su nariz, perceptible desde una cierta distancia con una amalgama de aromas de levadura, frutos secos, flores y piel de cítrico. Pero la mayor sorpresa viene de una boca que nos recibe con una acidez punzante, muy cítrica, que da paso a un trago que se ensancha y gana sensación de volumen para mostrar frutos secos, cierta calidez, un toque salino y un posgusto muy largo, perseverante. Se trata de una boca más intensa que en otras ocasiones, una boca en la que el “impacto” gana la partida al “equilibrio” y, posiblemente, a la complejidad para sorprendernos, un año más, por enésima vez y, por supuesto, para deleitarnos… por enésima vez.

| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Tío Pepe Fino en Rama Saca de 2024 | 15 % | – | 18,75 euros |




