El Vino de mesa es, en el sistema tradicional español, el nivel de vino que no está acogido a una Denominación de Origen Protegida (DOP) ni a una Indicación Geográfica Protegida (IGP). Es decir, no existe para él un vínculo geográfico protegido mediante un pliego de condiciones. En la normativa europea actual se encuadra, de forma general, entre los vinos que no llevan una indicación geográfica protegida.
Que un vino sea de mesa no significa, sin embargo, que carezca de regulación. Como cualquier vino comercializado en la Unión Europea, debe cumplir las normas sobre variedades autorizadas, prácticas enológicas, composición, etiquetado, seguridad alimentaria y trazabilidad. Lo que desaparece es el conjunto de requisitos específicos que acompañan a una DOP o una IGP: una zona de producción delimitada, unas variedades determinadas o unas condiciones particulares de cultivo y elaboración, entre otras exigencias que establece cada pliego.
Por eso, el Vino de mesa ofrece al elaborador mayor libertad que un vino acogido a una figura geográfica protegida. Puede ser una opción para vinos que mezclan uvas o vinos procedentes de distintos territorios permitidos, para elaboraciones que no encajan en el reglamento de una denominación o, sencillamente, para proyectos que no buscan construir su identidad comercial alrededor de un origen geográfico protegido.
Esta libertad tampoco impide que el consumidor pueda recibir información sobre el vino. La normativa europea permite, bajo determinadas condiciones, indicar la añada —cuando al menos el 85 % de las uvas procede de esa cosecha— y la variedad de uva. Los Estados miembros deben establecer mecanismos que garanticen la veracidad de estas menciones.
En España, la Ley de la Viña y del Vino mantiene «vino de mesa» dentro de su sistema de niveles de protección. La propia legislación señala que los operadores pueden decidir el nivel al que acogen sus vinos siempre que cumplan los requisitos correspondientes. Históricamente, además, el escalón inmediatamente relacionado era el Vino de la Tierra, antecedente de la actual IGP vitivinícola.
En el mercado actual, la categoría tiene mucha menos presencia comercial que las DOP e IGP. Buena parte de los elaboradores que desean comunicar un origen recurren a una indicación geográfica, mientras que el vino sin protección geográfica queda como una vía más flexible para determinados estilos y proyectos.
Y conviene desterrar una asociación todavía bastante extendida: vino de mesa no es sinónimo de vino sencillo, barato o de baja calidad. La categoría define fundamentalmente su régimen de protección geográfica, no su calidad sensorial. Un vino sin DOP o IGP puede estar bien elaborado, tener personalidad y resultar gastronómicamente interesante; simplemente no utiliza una figura de protección vinculada a un territorio.
En cierto modo, el Vino de Mesa representa el espacio que queda fuera del mapa de las denominaciones: menos atado al territorio, pero no por ello necesariamente menos interesante en la copa.