La copa ISO, denominada así por la norma ISO 3591:1977 (Sensory analysis — Apparatus — Wine-tasting glass) y conocida también como catavinos, es el modelo estandarizado para la cata y el análisis sensorial del vino. Su diseño responde a criterios de uniformidad, de manera que la copa no introduzca una variable adicional en la evaluación. También se conoce como copa INAO o copa AFNOR, por sus antecedentes en Francia.
Tiene un cáliz con forma de huevo alargado y truncado, unido a un tallo y una base. La parte más ancha alcanza unos 65 mm de diámetro y la boca, más estrecha, unos 46 mm; la altura total es de aproximadamente 155 mm. Su capacidad nominal es de 215 ml, con una tolerancia de ±10 ml. La abertura estrecha respecto al cuerpo del cáliz favorece la concentración de los compuestos volátiles en el espacio de cabeza y, por tanto, facilita la percepción de los aromas, si bien su escasa anchura máxima no favorece la liberación de aromas.
La norma establece además que la copa sea transparente e incolora, una característica esencial para poder valorar sin interferencias el aspecto, la limpidez y el color del vino. Su diseño permite examinar las principales características sensoriales —aspecto, color, aroma y gusto— y realizar comparaciones entre muestras en condiciones lo más uniformes posible.
Por ello se emplea especialmente en catas profesionales, concursos, laboratorios y pruebas de análisis sensorial, donde la estandarización del recipiente ayuda a reducir las diferencias derivadas del material o de la geometría de la copa. Su objetivo no es mejorar la expresión de un determinado tipo de vino, sino proporcionar unas condiciones reproducibles para su evaluación. En el ámbito doméstico puede resultar pequeña frente a las copas de servicio actuales, pero sigue siendo una herramienta especialmente útil cuando se busca analizar un vino con criterios técnicos y comparables, si bien cada vez es menos usada en muchos entornos profesionales por no favorecer la máxima expresividad de los vinos.
