La complejidad es la capacidad de un vino de ofrecer muchas capas de aromas y sabores que se van revelando sucesivamente. Un vino complejo no se agota en la primera impresión; cada sorbo muestra algo nuevo. Puede haber complejidad en vinos jóvenes (por la riqueza varietal y del terruño) y, sobre todo, en vinos con crianza y evolución.
No debe confundirse con la intensidad: un vino puede ser muy intenso y poco complejo, o moderadamente intenso y muy complejo. La complejidad es una de las señas de identidad de los grandes vinos y uno de los mayores placeres de la cata. Junto al equilibrio, la longitud y la intensidad, la complejidad es una de las características que determina la calidad de un vino, según los principios de la cata técnica.