“Legatum: Las viñas de la memoria” pone voz a las gentes de Eslava en FITUR

Anamari, Carmenchu e Isabel son las voces de Eslava, de un pequeño pueblo del valle de Aibar, al este de Navarra. Junto a estas tres entrañables vecinas que contextualizan el antes y el ahora, Carlos, José Javier, Javier, María y Félix nos hablan de la viña, de la Garnacha, de uno de los pilares de este pequeño pueblo con mucho que contar. Finalmente, Estíbaliz, Rebeca y Francesca nos descubren el segundo pilar: Santa Criz de Eslava, un yacimiento arqueológico que poco a poco va desvelando la historia de un lugar que nos hace entender que Eslava es mucho más que “un pequeño pueblo”.

Legatum: Las viñas de la memoria es la carta de amor abierta al mundo con la que las gentes de Eslava nos invitan a conocer su historia, un documental que en apenas 17 minutos consigue poner una sonrisa en nuestras caras y, por momentos, un gesto tierno pero, sobre todo, consigue que queramos saber un poco más.

Legatum: Las viñas de la memoria, presentado en FITUR

Estíbaliz Lerga es la alcaldesa de Eslava. Desde el atril del estand de Navarra en la feria FITUR nos explica lo que vamos a ver: “Una pieza que recoge patrimonio, historia, cultura y tradición; relatos vivos de quienes conforman este entramado social que lucha por subsistir y busca transformarse en un núcleo de desarrollo en el medio rural”.

Y es que Legatum no es un documental promocional al uso. No hay una impostada voz en off, no hay música épica; sólo voces reales, rostros curtidos por el sol y el viento, manos rudas y discursos sinceros; en Legatum solamente hay verdad.

“Me acuerdo de que de crío veíamos ahí unas piedras grandísimas, pero nunca le habíamos dado valor”, rememora José Javier Bariáin García, antiguo bodeguero y viticultor conocido por todos como “Triki”. “Ahora nos damos cuenta, después de lo que nos están enseñando los arqueólogos, de que ahí hay una cosa muy, muy importante”, reconoce ante la cámara con una desbordante humildad.

Y es que a las afueras de Eslava, en lo alto de un cerro, duermen los restos de la que fuera una próspera ciudad romana que hoy desvela secretos nuevos a cada temporada y que, durante décadas, para los eslaveses era tan sólo un conjunto de enormes piedras semienterradas que formaba parte del paisaje.

“Legatum: Las viñas de la memoria” pone voz a las gentes de Eslava en FITUR
Estíbaliz Lerga, alcaldesa de Eslava, en la presentación del documental en FITUR. Foto: Nos Vamos de Vinos.

Félix Bariáin Zaratiegui, presidente de Bodega Eslava, explica que el yacimiento “era un tema tabú, porque parecía que cuando se empezase a excavar nos lo iban a quitar”, un miedo que acabó diluyéndose con el paso del tiempo, con el trabajo realizado por gente como María y que llevó al líder de la cooperativa a plantear que “si Eslava tenía que seguir vivo, tenía que seguir vivo por dos factores: uno era el yacimiento y otro era el vino”.

El yacimiento de Santa Criz es uno de los dos tesoros de Eslava

María García Barberena Unzu es arqueóloga y directora técnica de las campañas de excavación en Santa Criz. Es fácil contagiarse de su pasión cuando explica a la cámara que “cuando sale alguna pieza más excepcional, te pica mucho la ilusión por verlo, por sacarlo, por comprobar qué es y qué te está contando del yacimiento”. Y es que el yacimiento cuenta muchas cosas.

En las últimas campañas, Santa Criz ha revelado sorpresas, secretos de la historia de la Edad de Hierro, de los vascones, de aquello de lo que apenas quedaron trazas enterradas cuando los romanos arrasaron con todo. “En esta campaña estamos viendo ese oppidum prerromano –el asentamiento original fortificado– de la Edad del Hierro, de cronología vascona, que no está nada romanizado, lo que es muy raro. Eso es una sorpresa, y una sorpresa siempre es una alegría, porque es ir avanzando en el conocimiento histórico”, explica María.

Pero María se ilusiona no sólo hablando de las piedras, sino de las personas: “De las cosas más bonitas y más gratificantes en una excavación como ésta es que la comunidad, que los vecinos sientan el yacimiento como algo propio, pero además como algo importante y algo a poner en valor”.

La Garnacha: Guardiana del territorio de Eslava

Si Santa Criz es la memoria de piedra de Eslava, la Garnacha es su memoria líquida. Variedad autóctona, terca y caprichosa –tal y como la definen sus viticultores eslavenses–, la Garnacha ha sido durante generaciones el sustento económico y el modo de vida de este rincón navarro.

Carlos Rodríguez Eguilaz, viticultor, lo explica sin tapujos: “Aquí somos garnacheros, y eso no nos lo vamos a quitar; variedad muy bonita, pero muy puñetera. Un año te trae bien de uva y al año siguiente viene la floración, se corre la uva, te quedan cuatro granos y la cosecha baja al 40 %. Es puñetera. Y para la enología dicen que es una variedad también durilla. Pero […] si no hubiera Garnacha, yo creo que aquí ya no tendríamos viñas. Lo creo sinceramente”, sentencia.

Legatum las viñas de la memoria pantallazo
Fotograma de Legatum: Las viñas de la memoria.

Rebeca Lecumberri Militino es la enóloga de Bodegas Eslava, las manos que transforman el esfuerzo de todo un año en la versión líquida del pueblo y su paisaje. Su conexión con el territorio es casi mística: “Poder transmitir este paisaje que rodea las viñas en un vino, la verdad es que es precioso […] Cuando estoy catando esos vinos, me estoy viendo en la viña y todo eso que rodea al viñedo”. Para Rebeca, la Garnacha es mucho más que una variedad: es la narradora de la historia de Eslava, como lo son las piedras de Santa Criz. “Valoro mucho la historia que hay aquí en el pueblo con la Garnacha. Para mí es la guardiana del territorio, y a través de ella estoy sacando a la luz parte de la historia de aquí, de Eslava”, confiesa la enóloga.

Javier del Castillo Gallués, joven viticultor que representa el relevo generacional que tantos pueblos añoran y tan pocos consiguen, lo explica así: “Yo he tenido la suerte de vivirlo desde pequeño, y esa suerte me ha llevado donde estoy ahora. Es un orgullo, porque viendo cómo está el tema del campo y que no hay relevo… El haber tenido la suerte de que me haya gustado desde pequeño y llegar ahora, para mí es un orgullo seguir lo que mi padre ha hecho y lo que mi padre ha conseguido”.

Las voces más auténticas del pueblo de Eslava

Pero si hay un momento en Legatum: las viñas de la memoria que condensa toda la esencia del documental, es el instante en el que aparecen Anamari, Carmenchu e Isabel, tres vecinas de Eslava que hablan a cámara con una desbordante mezcla de candor y falta de pudor, recordando costumbres, anécdotas, vivencias… pisándose las unas a las otras, completando las frases de cada compañera, riendo con la complicidad que solamente tienen quienes han compartido toda una vida, con esa risa que solamente tienen las buenas gentes.

Sus recuerdos de infancia saben a “sardinas viejas y pan seco”, a vino de la bota que pasaba de mano en mano en cada comida o del porrón al que se le daba un trago furtivo antes de salir para el colegio, a vendimias en las que se duplicaba la población del pueblo y en las que, al caer la tarde, a la gente le quedaba aún ánimo para bromear frente a un vaso de vino, olvidando el dolor de toda una jornada cercenando los tallos de los racimos con el gañivete y cargando en la espalda los cestos con las uvas vendimiadas.

Cuando se les pregunta qué es lo que más les gusta de su pueblo, la respuesta es un torrente de cariño entrelazado: “Las personas, sí, la unión que hay también… El bar, o sea, no es por el bar, sino por la reunión, el sitio de reunión… Las fiestas, que siguen enamorando a las abuelas… Hemos vivido gracias a la viña, y hemos vivido bien, ¿eh?”, sentencian.

Territorio Eslava significa creer en lo que tienes

Francesca Mariani Rosell, técnica de turismo y una de las impulsoras del proyecto, pone nombre a todo este esfuerzo por dar a conocer los tesoros de este pueblo navarro: “Territorio Eslava es la esencia, es la identidad de esta localidad. Eslava es un pueblo pequeñísimo, pero al final con cada una de las piezas que encontramos aquí, formamos este puzle tan interesante. Creo que todo está en creer en lo que tienes y en lo que puedes explotar de cada recurso […] Velar por tu patrimonio, tu localidad y por tu identidad es prioritario”.

“Legatum: Las viñas de la memoria” pone voz a las gentes de Eslava en FITUR
Malagata 2022, de Bodega Eslava, fue el vino escogido para brindar con esta presentación. Foto: Nos Vamos de Vinos.

Estíbaliz, la alcaldesa, pone en valor la importancia de iniciativas como Territorio Eslava: “Si la vida no vuelve a los pueblos, tenemos que transmitir, mantener y seguir en el camino que estamos ahora, darle valor y movimiento, todo lo que se pueda; que la gente siga estando vinculada aunque no viva en ellos, y que vengan y muevan esto”.

El documental termina como solo puede terminar algo nacido en Eslava: con Anamari, Carmenchu e Isabel entonando una canción popular entre risas y discusiones cariñosas por la letra: “Si te preguntan qué hay en Eslava / responderemos en alta voz: / aburrimiento de chicas guapas / y mozos viejos en un montón…”.

Apenas algo más de un cuarto de hora después de dar comienzo la proyección de Legatum: Las viñas de la memoria, “reaparecemos” en el estand de Navarra de FITUR con una copa en la mano brindando por todo lo que fuimos, todo lo que somos y todo lo que queremos seguir siendo, brindando por un pueblo de un centenar de habitantes que ha decidido que su historia merece ser contada y que la está contando con la única herramienta que nunca falla: la verdad más pura.

Brindamos, por cierto, con Malagata 2022, un delicioso monovarietal parcelario elaborado por Bodegas Eslava; un vino auténtico con la frutosidad de la Garnacha y la profundidad de uno de esos vinos que dibujan paisajes; un perfecto ejemplo de legado, de cariño y trabajo bien hecho del que esperamos poder contar la correspondiente historia a su debido tiempo.

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