La intensidad aromática mide la fuerza con la que los aromas se perciben. Un vino de gran intensidad “salta” de la copa incluso a cierta distancia; uno de intensidad media exige acercar la nariz; uno tímido obliga a buscar los aromas.
La intensidad no es sinónimo de calidad, pero sí de expresividad. Depende de la variedad, de la madurez, de la elaboración y de la concentración. En la cata se valora tanto la intensidad como la calidad y la precisión de esos aromas. Junto con la complejidad, la longitud y el equilibrio, la intensidad (aromática y gustativa) es una de las claves que determinan la calidad de un vino según los criterios de la técnica sistemática de cata.