Desde el legendario sacacorchos Durand hasta el revolucionario Coravin, te ofrecemos un recorrido por los artilugios que todo enófilo merece tener en su cajón.
Hay regalos que se olvidan y regalos que se usan cada semana. Los accesorios de vino pertenecen a la segunda categoría: son prácticos, elegantes y tienen ese punto de capricho que los convierte en el obsequio perfecto para otros… o para uno mismo. Porque sí, también merecemos homenajearnos a nosotros mismos de vez en cuando.
Hemos seleccionado doce accesorios imprescindibles para amantes del vino, desde el aficionado curioso hasta el enófilo consumado. Son objetos que solucionan problemas reales, que alargan la vida del vino, que afinan los sentidos y que, seamos honestos, también quedan extraordinariamente bien en cualquier cocina o bodega; doce ideas para acertar seguro cuando no sabes qué regalar a esa persona que lo tiene todo —excepto, quizá, un buen sacacorchos—.
1. Le Nez du Vin: El gimnasio de la nariz
Antes de llegar a la boca, el vino pasa por la nariz. Y como cualquier músculo, el olfato se entrena. Le Nez du Vin es una colección de aromas encapsulados —desde frutas y flores hasta notas de roble, especias o defectos del vino— diseñada para educar el olfato.
En qué consiste: Un estuche elegante que contiene pequeños frascos con aromas aislados, acompañados de un libro y fichas explicativas que relacionan cada olor con los vinos donde suele encontrarse.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque pone nombre a lo que antes era intuición. Porque convierte las catas en un juego de detectives. Y porque quien lo recibe sabrá que has pensado en algo especial, no en el primer llavero de la tienda del aeropuerto.

2. Set de tapones de vacío con bomba: El guardián del tiempo
Una botella abierta es una botella que empieza a despedirse. El oxígeno, aliado durante la crianza, se convierte en enemigo una vez que descorchamos la botella. El set de tapones de vacío detiene el reloj.
En qué consiste: Ocho tapones de goma que sellan herméticamente la botella, acompañados de una bomba manual que extrae el aire del interior, creando una depresión que reduce la cantidad de oxígeno y ralentiza el deterioro del vino.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque no siempre se termina la botella. Porque permite disfrutar de una copa hoy y otra mañana sin sacrificar calidad. Y porque ocho tapones significan ocho botellas a salvo: ideal para quienes disfrutan explorando varios vinos a la vez sin prisas ni remordimientos.

3. Cepillos suaves para copas y decantadores: El arte invisible de la limpieza
Las copas de calidad y los decantadores de cristal fino son inversiones delicadas. Lavarlos con estropajos convencionales es un sacrilegio que deja arañazos y, peor aún, residuos de jabón que sabotearán la próxima cata, ya que los estropajos convencionales no son capaces de alcanzar los rincones más inaccesibles. Este juego de tres cepillos resuelve el dilema.
En qué consiste: Tres cepillos ultrasuaves con diferentes formas y tamaños: uno largo y flexible para el interior de decantadores, otro curvado para el cáliz de las copas y uno pequeño con vocación universal.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque la limpieza adecuada es invisible: no se ve, no se huele, no interfiere; un accesorio humilde que protege inversiones mucho mayores. Y si conoces a alguien que acaba de comprarse unas copas buenas, este es el complemento que no sabía que necesitaba.

4. Sacacorchos Durand: El héroe de los corchos imposibles
Los vinos añejos guardan secretos, y a veces también corchos frágiles que se desmenuzan al primer intento. El Durand nació para rescatarlos. Combina las ventajas de las palas tradicionales y el tornillo helicoidal en una sola herramienta de precisión quirúrgica.
En qué consiste: Un sacacorchos de dos piezas que se ensamblan: primero se introducen las palas a los lados del corcho para estabilizarlo, luego el tornillo penetra por el centro. Al girar, ambas partes trabajan juntas para extraer el corcho intacto.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque es el único sacacorchos capaz de enfrentarse a corchos de veinte, treinta o cincuenta años sin desmoronarlos. Porque su diseño es ingenioso y su fabricación, impecable. Y porque quien colecciona vinos antiguos sin un Durand está tentando a la suerte.

5. Fundas elásticas para cata a ciegas: La verdad desnuda
Los prejuicios existen, también en el vino. Una etiqueta prestigiosa predispone al elogio, mientras que una desconocida puede generar desconfianza… o viceversa. Las fundas para cata a ciegas eliminan esa trampa y obligan a juzgar solamente por lo que hay en la copa.
En qué consiste: Cinco fundas elásticas de tela opaca que cubren completamente la botella, ocultando la etiqueta y el color del vidrio. Cada funda es diferente para poder identificar los vinos durante la cata.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque descubrir que un vino de diez euros supera a uno de cincuenta es una lección de humildad deliciosa. Porque organizar catas a ciegas entre amigos genera debates memorables. Porque es una gran escuela, y porque es un regalo original que invita a quedar, a compartir, a esforzarse y a debatir copa en mano.

6. Decantador clásico: El despertar del vino dormido
Algunos vinos necesitan respirar. En otros casos y en determinados foros, puede ser buena idea también separarlos de sus sedimentos. El decantador clásico cumple ambas funciones con una elegancia que ninguna jarra podrá igualar. Ah, y de propina puede servir para ofrecer un vino “a ciegas”.
En qué consiste: Una pieza de cristal con base ancha y cuello estrecho, diseñada para maximizar la superficie de contacto del vino con el aire mientras mantiene los aromas concentrados hacia la boca del recipiente.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque un vino decantado se expresa con más claridad, mostrando matices que en botella permanecían ocultos. Porque sobre una mesa bien puesta es pura decoración. Y porque hay pocos regalos tan vistosos por tan buen precio: impacto visual garantizado al desenvolver.

7. Copas Riedel Pinot Noir: Lo que el vino merece
No todas las copas son iguales, y pocas marcas lo han demostrado con tanto rigor como Riedel. Sus copas para Pinot Noir, con su cáliz amplio y su borde sutil, están diseñadas para potenciar cada cualidad de esta variedad, pero en realidad son copas perfectas para un amplio rango de vinos por su capacidad para oxigenar rápidamente su contenido, su manera de ofrecer los aromas dejando escapar los más volátiles y su capacidad para mostrar los matices de color del vino.
En qué consiste: Copas de cristal fino con forma de balón generoso que permite la oxigenación, un tallo largo para no calentar el vino con la mano y un borde delgado que dirige el líquido hacia las zonas adecuadas del paladar.
Por qué regalarlas (o regalártelas): Porque el mismo vino se expresa de diferente manera según el recipiente. Porque beber en cristal de calidad es un pequeño lujo cotidiano. Y porque regalar copas buenas es regalar muchas noches futuras de disfrute.

8. Sacacorchos de sumiller: La herramienta del profesional
Hay sacacorchos de mil estilos: eléctricos, aparatosos, de pared… y luego está el de sumiller: compacto, eficaz y elegante. Es la elección de los profesionales del vino en restaurantes de todo el mundo por una razón simple: funciona y está siempre disponible.
En qué consiste: Una navaja plegable que integra una cuchilla para cortar la cápsula, un tornillo helicoidal para penetrar el corcho y un apoyo de dos pasos que permite extraerlo con mínimo esfuerzo y máximo control.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque cabe en un bolsillo, dura décadas y jamás falla. Porque aprender a usarlo es un pequeño rito de iniciación. Y porque tener uno de calidad es el primer paso para tomarse el vino un poco más en serio.

9. Tapones estancos para vino espumoso: Las burbujas bajo custodia
El champán, el cava y los espumosos en general tienen un enemigo mortal: la pérdida de gas. Un tapón convencional no basta; necesitan un cierre hermético que mantenga la presión intacta.
En qué consiste: Dos tapones de acero inoxidable con mecanismo de pinza que se ajustan al gollete de la botella, sellándola por completo y preservando la efervescencia durante días.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque una copa de espumoso al día siguiente debe seguir burbujeando con alegría. Porque estos tapones convierten una botella cara en varias celebraciones. Y porque el diseño en acero es tan elegante que dan ganas de dejar la botella a la vista en la nevera.

10. Coravin: La magia de beber sin descorchar
Si el vacío conserva el vino abierto, el Coravin va más allá: permite servirlo sin siquiera abrirlo. Ciencia ficción enológica hecha realidad.
En qué consiste: Un sistema que introduce una aguja ultrafina a través del corcho, inyecta gas argón inerte para presurizar la botella y extrae el vino sin que entre oxígeno. Al retirar la aguja, el corcho se sella de nuevo de forma natural, y el gas inerte ocupa el hueco dejado por el oxidante aire “oxigenado”.
Por qué regalarlo (o regalártelo): Porque permite tomar una copa de ese vino especial que guardabas para una ocasión que nunca llegaba. Porque los coleccionistas pueden probar sus tesoros sin sacrificarlos. Y porque es, sencillamente, el regalo más espectacular que puede recibir un amante del vino. Aviso: quien lo prueba, no vuelve atrás.

11. Funda de gel enfriadora: El frío siempre a punto
El vino blanco fuera de su temperatura puede estropear la experiencia de la degustación, pero es evitable. La funda de gel enfriadora ofrece una solución instantánea, sin hielo, sin agua, sin esperas.
En qué consiste: Una funda flexible rellena de gel refrigerante que se guarda en el congelador y, cuando llega el momento, envuelve la botella manteniéndola fría durante horas.
Por qué regalarla (o regalártela): Porque es más práctica que una cubitera —no gotea, no ocupa espacio en la mesa y apenas roba volumen a tu congelador—. Porque enfría rápidamente botellas que olvidaste meter en la nevera. Y porque llevarla a un pícnic, una terraza o una barbacoa te convierte automáticamente en el invitado mejor preparado.

12. Discos antigoteo: vertido impecable
Esa gota rebelde que escurre por la botella y mancha el mantel tiene los días contados. Los discos antigoteo son la solución más sencilla y elegante a un problema universal.
En qué consiste: Veinte discos flexibles que se enrollan e insertan en el cuello de la botella. Al servir el vino, éste fluye sobre el disco, y cualquier resto vuelve al interior en lugar de deslizarse por el vidrio.
Por qué regalarlos (o regalártelos): Porque cuestan muy poco dinero y ahorran disgustos en manteles buenos. Porque un servicio sin goteos es un servicio profesional. Y porque veinte discos dan para muchas botellas, muchas cenas, muchas noches sin tener que frotar manchas al día siguiente. Es un regalo sencillo que ofrece mucho por lo que cuesta.

El último sorbo
El vino es generoso: se deja guardar, transportar, compartir, descubrir. Pero revela sus mejores secretos a quienes lo tratan con cariño. Y tratarlo con cariño significa, también, rodearse de las herramientas adecuadas.
Cada accesorio de esta lista resuelve un problema o amplifica un placer. Algunos son pequeños lujos; otros, necesidades prácticas disfrazadas de capricho. Todos comparten una misma virtud: hacen feliz a quien los recibe.
Así que ya sabes: la próxima vez que busques un regalo para ese amigo sibarita, ese cuñado eno-curioso o ese familiar imposible de sorprender, aquí tienes doce opciones infalibles. Y si nadie te regala lo que mereces… regálatelo tú.
