No fue un geógrafo al uso como Plinio el Viejo o Ptolomeo. Pomponio Mela fue más bien un “recopilador” del saber de su época, un amante de las buenas historias, de esas que son tan buenas que da lo mismo si son ciertas o no; un amante de la geografía, del conocimiento, de la literatura con la que adornaba aquello que contaba y, seguramente, de los buenos vinos.
Y es que Roma se llevó para siempre la cultura celtíbera y el oro de las Médulas, pero dejó en El Bierzo un tesoro que, cada primavera, tapiza de un frondoso verde las laderas de ese rompecabezas de pequeños valles que canalizan las aguas del río Sil, del Cúa o del Boeza; un rompecabezas en cuyas piezas se escriben nombres como Villegas, El Rapolao, Valdoneje, La Tellería o Matalospardos, que es precisamente el lugar donde nace el vino que hoy vamos a catar.
Matalospardos y las otras “piezas del rompecabezas” que hemos mencionado son sólo algunos de los parajes que forman el viñedo de Valtuille de Abajo. Cada uno de ellos cuenta con sus propias singularidades. Rapolao, por ejemplo, recibe menos horas de sol a lo largo del ciclo de maduración. La Tellería tiene un suelo arcilloso –salpicado de piedras de cuarcita– que se empleaba en la elaboración de tejas, y en Matalospardos encontramos una veta de arena que filtra el agua y hace que las raíces de las cepas viejas profundicen buscándola.
Pomponio Tinto Mencía 2020 es un fiel reflejo de esas cepas plantadas en un lejano 1906 en el paraje de Matalospardos, una parcela en la que la Mencía convive con Bastardo (Merenzao), Doña Blanca, Palomino y otras variedades como era la costumbre de unos ancestros que entendían los beneficios de la coplantación y elaboraban vinos cofermentando toda esa riqueza varietal.
Con esta idea en mente, Raúl Pérez ha buscado trasladar a la copa ese paraje de Matalospardos, de Valtuille de Abajo, de ese Bierzo ancestral en el que las diferentes variedades de una misma parcela fermentan con raspón en un mismo depósito, con levaduras indígenas, y el vino resultante pasa a criarse en barricas de tres o cuatro usos para, tras un filtrado suave, descansar un tiempo en la botella.

Cata de Pomponio Tinto Mencía 2020
Cuando lo probamos, encontramos un vino de color rojo picota y capa media baja que nos ofrece una nariz limpia en la que manda la fruta roja fresca acompañada de especias, una nota balsámica y un sugerente aroma a regaliz sobre un fondo herbal. Al llevarlo a la boca nos sorprende su entrada amable, con una fantástica acidez que da paso a un trago frutal, balsámico, jugoso pero a la vez fluido, fluido pero a la vez muy serio, de taninos pulidos, buena intensidad y buena longitud. Es un vino de corte vertical, pero nunca punzante. No es un vino ancho, aunque sí le encontramos cierta complejidad, quizá algo oculta por su buen equilibrio.
Pero más allá de todas las sensaciones que percibimos en la mera “autopsia” que es la cata técnica, Pomponio Tinto Mencía 2020 es un vino que se bebe solo y que transmite la buena calidad de su materia prima. En cuanto te despistes, te encontrarás tratando de servir una última copa inexistente de su pesada botella borgoñona vestida con un antiguo mapa que nos lleva a viajar sin movernos del sitio, que nos lleva a pensar en los parajes, en Villegas, en El Rapolao, en Valdoneje, en La Tellería o en Matalospardos; en los topónimos que custodian la historia de esos lugares, aunque en ocasiones no sepamos siquiera descifrarlos y echemos de menos un Pomponio Mela que nos cuente su origen, un “recopilador” del saber de su época, un verdadero amante de las buenas historias, de esas que son tan buenas que da lo mismo si son ciertas o no.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Pomponio Tinto Mencía 2020 | 13,5 % | 3.000 botellas de 75 cl 500 botellas de 1,5 l | 30-35 euros |





