La D. O. Bierzo cierra la vendimia 2026 con más de 10,3 millones de kilos de uva controlada

La D. O. Bierzo ha dado por terminada la vendimia 2026 con 10.364.298 kg de uva controlada, un 3,02 % menos que en 2025, tras una campaña muy temprana que arrancó el 5 de agosto.

La campaña de vendimia 2026 de la D. O. Bierzo echó el cierre el 2 de octubre, casi dos meses después de que se pusiera en marcha, el 5 de agosto. Esa fecha de arranque sitúa la vendimia entre las más tempranas del Bierzo, si no la más. En ese tiempo, la denominación leonesa controló 10.364.298 kg de uva, de los que 9.839.340 kg (el 94,93 %) se han destinado a elaborar vinos amparados por la D. O., según los datos que ha difundido el Consejo Regulador desde su sede de Cacabelos.

El balance cuantitativo se mueve ligeramente por debajo de las referencias de los últimos años. La producción de uva controlada es un 3,02 % inferior a la de la cosecha de 2025 y un 6,69 % menor que la media de las cinco últimas campañas. El Consejo Regulador contabilizó 2.338,08 hectáreas inscritas, 950 viticultores y 70 bodegas. La diferencia entre la uva controlada y la destinada a vinos con D. O., unos 525.000 kg según la resta de las dos cifras oficiales, queda fuera de las botellas que lucirán el sello de la denominación.

Mencía y Godello, por goleada

El reparto por uvas confirma la tendencia creciente hacia las variedades blancas, de acuerdo con los gustos actuales del mercado. La Mencía aportó 5.372.490 kg, y el Godello, 3.608.699 kg. Si se suman ambas cifras, resultan 8.981.189 kg, es decir, más del 91 % de la uva destinada a vinos de la D. O., un cálculo de esta redacción a partir de la tabla del Consejo. Por separado, la Mencía supone un 54,6 % del total, mientras que el Godello representa el 36,7 %.

El resto del reparto queda en manos de variedades con menos protagonismo. Entre las tintas, la Garnacha Tintorera sumó 66.367 kg, la Estaladiña, 12.607 kg, y el Merenzao, apenas 3.113 kg. Entre las blancas, la Palomino alcanzó los 598.716 kg, la Doña Blanca, los 169.943 kg, y la Malvasía Riojana, los 7.405 kg. En conjunto, las uvas tintas sumaron 5.454.577 kg, y las blancas, 4.384.763 kg, de modo que el reparto “por antocianos” se quedó en un 55,4 % para las tintas frente a un 44,6 % para la uva blanca.

Un año de mucha agua con un verano muy caluroso

El informe final del Consejo Regulador describe un año agrícola, del 1 de agosto de 2025 al 31 de julio de 2026, con precipitaciones que califica de notablemente elevadas. Cayeron unos 1.087 l/m², un valor superior a la media habitual de la región, y de ellos unos 960 l/m² se concentraron entre octubre y marzo. El invierno trajo, además, mínimas inferiores a 0 °C en varios meses.

La primavera, más suave, y las reservas de agua acumuladas favorecieron, siempre según el Consejo, una brotación y unas primeras fases del ciclo vegetativo adelantadas. Después, las temperaturas subieron de forma progresiva hasta la floración y, en junio y julio, el calor se disparó mientras las lluvias se retiraban. El organismo recoge temperaturas muy elevadas durante junio, julio y agosto, y señala que en la maduración se registraron oscilaciones térmicas de cerca de 20 °C entre las máximas y las mínimas diarias. Esa amplitud, unida a un periodo cálido y seco, aceleró la maduración de la uva.

La vendimia fue larga, pero el grueso del trabajo se concentró entre las dos últimas semanas de agosto y las dos primeras de septiembre. El Consejo Regulador atribuye ese ritmo a unas condiciones climatológicas muy favorables, a un estado sanitario excepcional y a un adecuado grado de maduración de la uva.

Hasta qué punto es responsable el cambio climático de un verano tan caluroso y una vendimia tan temprana es algo sobre lo que cada cual sacará sus conclusiones, si bien parece evidente que nos encontramos ante un cambio de paradigma que conviene no ignorar.

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