Acodo / Morgón / Mugrón / Murgón

El acodo de la vid es un antiguo método de multiplicación vegetativa que consiste en enterrar parcialmente un sarmiento sin separarlo de la cepa madre para que emita raíces y origine una nueva planta. Durante siglos fue una forma sencilla de sustituir las cepas que morían y cubrir las llamadas faltas del viñedo, aprovechando la propia planta en lugar de recurrir a material vegetal procedente de vivero.

La técnica es sencilla. Se selecciona un sarmiento largo y bien situado de una cepa próxima a la falta, se conduce hasta el lugar donde se quiere obtener la nueva planta y se entierra una parte, normalmente en una pequeña zanja, dejando fuera del suelo el extremo con algunas yemas. El tramo enterrado desarrolla raíces mientras el sarmiento continúa unido a la cepa de origen, de modo que la nueva planta puede mantenerse inicialmente conectada a ella. Una vez que el nuevo sistema radicular está suficientemente desarrollado, el acodo puede llegar a separarse de la planta madre, aunque en algunas prácticas tradicionales era habitual mantener esa conexión para evitar la competencia radicular entre dos plantas diferentes.

El acodo recibe numerosos nombres según la zona. Uno de los más extendidos es mugrón, mientras que en determinadas áreas se utilizan morgón o murgón. La etnografía vitícola de Navarra y Álava recoge también las voces larrión y arrión. En la Rioja histórica, morgonear hacía referencia precisamente a la operación de reproducir una cepa mediante el enterramiento de un sarmiento.

La importancia de esta práctica aumentó especialmente en los viñedos tradicionales, donde permitía mantener la continuidad de una plantación y sustituir una cepa perdida sin introducir una planta completamente nueva. Al proceder de un sarmiento de una cepa existente, la nueva planta era un clon de aquella, es decir, conservaba su misma identidad genética. En los viñedos antiguos también podía servir para perpetuar material vegetal local que se había adaptado durante generaciones a las condiciones de la parcela.

Hoy, sin embargo, el panorama es muy distinto. El sistema de autorizaciones vitícolas establece que las plantaciones y replantaciones de vid destinadas a producir uva de vinificación deben contar con la correspondiente autorización, salvo las superficies expresamente exceptuadas por la normativa. Por ello, el acodo no puede considerarse actualmente un procedimiento ordinario y libre para crear nuevas cepas en un viñedo comercial: dependiendo de las circunstancias, una nueva planta obtenida de esta manera puede quedar sometida al régimen de plantaciones no autorizadas.

Eso no significa que el acodo haya desaparecido. Todavía puede encontrarse en viñedos viejos, especialmente en parcelas conservadas con métodos tradicionales, donde algunos ejemplares muestran la huella de aquellas formas de reposición. Son, en cierto modo, testimonios vivos de una viticultura anterior a la generalización del material de vivero y de los actuales sistemas de control y autorización del viñedo.

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