Mientras pienso cómo ordenar el relato, no puedo quitarme de la cabeza la vibrante acidez, el equilibrio y la sutileza de aquella copa de Marqués de Riscal de 1945 con la que concluía la cata en la que Pablo Franco –director técnico del Consejo Regulador de la D.O.Ca. Rioja– nos hacía viajar por el último siglo de historia de Rioja a través de una soberbia selección de 10 vinos.
Esa inolvidable clase magistral era solamente una de las “sorpresas” que los responsables de esta centenaria denominación de origen nos tenían preparadas en el hotel Four Seasons de Madrid, seguida de otra espectacular cata a cargo del crítico de The Wine Advocate, Luis Gutiérrez, así como la posibilidad de catar cien referencias que mostraban la calidad y diversidad de los vinos de la región.
La denominación de origen Rioja cumple sus primeros 100 años
Tal y como recoge Rioja Cien x Cien, el soberbio libro conmemorativo de Javier Pascual editado para la ocasión, “La Gaceta de Madrid publicó el día 9 de junio de 1925 la Real Orden de fecha 6 junio que autorizaba a la región riojana la creación «con el carácter de marca colectiva de un precinto sobre los envases»”.

Aún no existía el Estatuto del Vino, promulgado durante la II República Española en mayo de 1933, por lo que el marco legislativo se tomaba de la Ley de Propiedad Industrial. Y es que los productores de Rioja necesitaban una herramienta que protegiera sus vinos de las falsificaciones “tal como la Federación de Sindicatos Agrarios Católicos de La Rioja había demandado formalmente al Gobierno de España en septiembre de 1923 a través de las Bodegas Cooperativas de Haro”, según recoge el propio Javier Pascual en el libro.
De esta manera nace la primera denominación de origen española, que no hace sino certificar, delimitar y proteger el vino que lleva produciéndose desde hace más de 2.000 años en la región.
Hoy, no obstante, vamos a centrarnos en recordar el último siglo, y qué mejor manera que repasando algunas de las referencias más emblemáticas que algunas de sus 586 bodegas elaboran a partir de las 66.639 hectáreas de viñedo trabajadas por 13.078 viticultores con cuyas uvas, pertenecientes a 14 variedades de vid, se elaboran 328 millones de botellas cada año que se comercializan en 136 países.

100 años de historia a través de 10 vinos
Conocidas las cifras de Rioja, es hora de pasar a las sensaciones, siempre con el contexto necesario para que todo cobre sentido. Tras unas breves palabras a cargo de Fernando Ezquerro –presidente de la denominación de origen–, Pablo Franco toma el timón de la nave por la que viajaremos a través del último siglo de Rioja.
Comenzamos catando I Centenario 1981, un coupage de Garnacha (60 %) y Tempranillo (40 %) elaborado por Martínez Lacuesta con una crianza de nada menos que siete años en barrica y seis años en botella… seis años que, en nuestro caso, se convierten en 36 para descubrirnos un vino muy evolucionado pero claramente vivo, ligero y dominado por aromas terciarios que se imponen sobre los de la fruta, enseñándonos que, con el paso del tiempo, la falta de equilibrio puede ser un rasgo más de personalidad.
Este vino nos habla de las bodegas centenarias de Haro y nos da una excusa para recordar la clasificación por envejecimiento (Crianza, Reserva y Gran Reserva) puesta en marcha precisamente en 1980 e imitada por numerosas regiones.

El segundo vino es un viejo conocido de la mítica añada de 1964: Monte Real Gran Reserva 1964. Esta obra maestra de Bodegas Riojanas es uno de esos vinos eternos. Balsámico, elegante, frutal, capaz de llenar la boca con un trago equilibrado, muestra a partes iguales la complejidad de su prolongada evolución y la sublime elegancia y ligereza de una elaboración que, tal y como nos comenta Pablo, partía de la maceración carbónica de las uvas, despalilladas pero sin estrujar, con seis años de posterior crianza en barricas; sin duda, es uno de los mejores vinos de la cata y, posiblemente, de la historia de Rioja.
Luis Cañas Cuarto Año 1990 nos da pie para hablar de la incesante ambición y búsqueda de la calidad de tantos y tantos elaboradores que han engrandecido Rioja; personas que, como Luis Cañas, dieron el salto de cosechar su uva y elaborar graneles a embotellar, etiquetar y vender su vino poniendo en valor su terruño y su esfuerzo.
Fruta muy madura, casi compotada, tofe y una gran evolución caracterizan este coupage de uva tinta con un gran aporte de uva blanca cofermentadas todas ellas en lagares abiertos para dar lugar a vinos de auténtico terruño (concretamente, del terruño de Villabuena de Álava), reposados en pequeños depósitos de cemento de los que sólo el mejor depósitos era elegido para prolongar su crianza hasta el “cuarto año”, embotellarse y, en nuestro caso, permitirnos disfrutar de su desbordante autenticidad 35 años después de su vendimia.

Marqués de Cáceres Gran Reserva 1991 nos permite hablar de una bodega que representa como pocas la apuesta por esta región. Ya hemos hablado largo y tendido de la historia de la familia Forner, pero no es habitual que tengamos la oportunidad de catar una añada antigua de Marqués de Cáceres.
Este Gran Reserva nos cuenta muchas cosas de la historia reciente de Rioja. Nos habla de la introducción de la fermentación a temperatura controlada, de la introducción de las barricas de roble francés y, de alguna forma, de la introducción de un estilo bordelés contemporáneo, con menos tiempo de barrica (de 26 a 28 meses) en una Rioja anclada entonces a un clasicismo que, por otra parte, le había proporcionado notable éxito.
Impecablemente elaborado, sorprendentemente joven, moderadamente vertical, ligero, balsámico, equilibrado y persistente, es otro de esos vinos que cuenta su historia a cada trago, con finura, amabilidad y una siempre sorprendente vivacidad.
Saltamos un paso más en el tiempo con Torre Muga 1994 para entrar directamente en la época de los “vinos de alta expresión”, concentrados, voluminosos, estructurados, poderosos… Tan criticados por unos como amados por otros, forman parte ineludible de la historia de Rioja y cobran todo el sentido cuando los descorchamos más de tres décadas después de que sus uvas fueran vendimiadas.
Hablamos, en este caso, de un varietal de Tempranillo (75 %) con un aporte de Mazuelo (15 %) y Graciano (10 %) que fermentan por separado en tinos de madera de un máximo de 10.000 kilos, larga maceración, maloláctica en barricas, crianza en barricas nuevas de roble francés durante 18 meses y seis meses más en tinos de roble de 16.000 litros.
Al catarlo encontramos la intensidad esperada, voluptuosidad, además de equilibrio y vivacidad. Esta elaboración de Muga es un vino que no oculta su crianza en madera nueva pero que al mismo tiempo se encuentra en un momento maravilloso.

Un nuevo salto nos lleva de lleno al siglo XXI para disfrutar de Remírez de Ganuza Reserva 2010, un interesante varietal de Tempranillo (90 %) con un aporte de Graciano (5 %), así como hollejos de Viura y Malvasía (5 %).
Pablo Franco elige este vino para hablarnos de la creciente tendencia a hacer los vinos desde el viñedo, y lo que encontramos es un vino expresivo descorchado en un momento fantástico; muy estructurado, con taninos pulidos y con un marcado toque láctico que le aporta una agradable sensación de juventud.
A continuación “se cuela” un vino netamente diferente a todo lo anterior y a la vez un vino netamente riojano que rebosa calidad. El Arca 2020 supone un punto de ruptura por su juventud, por tratarse de un monovarietal de Garnacha y por ser el representante en esta cata tanto del viñedo de Rioja Oriental como de los vinos de Viñedo Singular, la pujante nueva categoría de la denominación de origen.
Este vino de Queirón fermenta en barricas cerradas de roble americano y posteriormente en barricas de roble francés, donde hace la maloláctica y una crianza de 15 meses. Se trata de un vino muy vivo, serio pero goloso, fino, intenso y persistente; una extraordinaria Garnacha que pone en valor la Rioja más mediterránea, su viñedo centenario y, por supuesto, la denostada uva que contribuyó a que Rioja se recuperara de la filoxera.

El último tinto antes de “los postres” es un auténtico icono: El Gran Reserva 890 2010 de La Rioja Alta. Si tuviéramos que definir la excelencia y la tipicidad de Rioja, seguramente tomaríamos como referencia este varietal de Tempranillo (95 %) con un aporte de Graciano (3 %) y Mazuelo (2 %) con una crianza de seis años en barricas de roble americano.
Sólo las mejores añadas y sólo una selección de barricas llegarán a ser embotelladas para regalarnos este gran vino voluptuoso, serio, equilibrado, fino, sedoso y, sencillamente, extraordinario.
“Casi” acabamos con Arriscado 2022, elegido por Pablo Franco como representante de los vinos blancos de Rioja, a menudo injustamente relegados a un segundo plano. El vino de Cuentaviñas nos permite también hablar de Eduardo Eguren y la nueva generación de viticultores y elaboradores de Rioja, formados, viajados, inquietos y deseosos de mostrar la excelencia de su región combinando su extraordinaria preparación con la experiencia heredada de sus mayores.
Este coupage de variedades blancas tradicionales de Rioja es un vino parcelario cuyo mosto fermenta en tinos de roble francés, donde se criará entre 12 y 16 meses. Se trata de un vino de muy buena acidez y volumen, muy vivo pero sin esconder una sutil evolución, con equilibradas sensaciones frutales y florales; intenso, complejo y largo.

Cierra la cata el vino con el que comenzamos el relato: Marqués de Riscal 1945. Ochenta años después de su vendimia, encontramos un vino completamente vivo, un pletórico superviviente que nos habla de las grandes añadas, del empeño de la región por reivindicar su calidad, de la influencia de las largas crianzas en la evolución del vino… habla de tantas y tantas cosas…
Cuenta la (actual) ficha técnica de este Marqués de Riscal que 1945 fue un año regular en Rioja pero bueno en Elciego, con heladas en mayo y un agosto fresco. También nos recuerda que el vino se crió en barricas durante 50 meses o, lo que es lo mismo, más de cuatro años. La propia bodega reconoce que, su aún hoy poderosa estructura “no debía hacerle muy agradable en su juventud”. Y es que hablamos de un vino lógicamente evolucionado, pero en el que aún reconocemos perfectamente la fruta y en el que los aromas terciarios no llevan la batuta y posiblemente no lo hagan si, dentro de 20 o 30 años más, tenemos la suerte de seguir estando aquí, de volver a catar una de estas botellas y de seguir siendo testigos de la asombrosa historia de Rioja.
Luis Gutierrez pone en contexto Rioja a través de ocho vinos icónicos
Luis Gutiérrez, el célebre crítico para España de la “guía Parker” o, más exactamente, The Wine Advocate, comienza este segundo repaso al centenario de la denominación de origen explicando que “Rioja y Jerez son las dos zonas clásicas de vino en España… y es por algo”. Y si la cata dirigida por Pablo Franco se centraba en este último siglo que hoy celebramos, la de Luis pondrá el foco en la enorme diversidad de la zona.

No podía empezar mejor este repaso que con una creación de Abel Mendoza, un auténtico viñador que junto con Maite, su mujer, forma una “pareja artística” capaz de elaborar fabulosos vinos que son un auténtico reflejo de esa diversidad de Rioja que Luis intenta transmitir.
Abel Mendoza 5V 2023 es un coupage de cinco variedades blancas riojanas: Viura (30 %), Malvasía (22 %), Tempranillo Blanco (20 %), Torrontés (20 %) y Garnacha Blanca (8 %). Fermentado en barricas de roble francés con cinco meses de crianza, este vino ofrece muy buena acidez y volumen, aromas florales y frutales, buena intensidad y longitud, complejidad y elegancia. Diverso y delicioso.
Y si se trata de hablar de Rioja y de diversidad, no podía faltar este Monopole Gran Reserva 2018, un monovarietal de Viura fermentado en barricas usadas y botas de Sanlúcar de Barrameda para criarse posteriormente, durante cinco años, en barricas y botas previamente envinadas con Manzanilla; un vino que recupera magistralmente una elaboración tradicional de C.V.N.E. como ya hemos contado en anteriores ocasiones.
El resultado es simplemente espectacular, con una acidez increíble que nos pone en la copa un vino muy vivo, complejísimo y de gran longitud. Hay aromas a fruta y flores blancas, acompañados de frutos secos, mantequilla, levadura y notas de miel. En boca nos desconcierta (para bien, por supuesto), llevándonos de La Rioja a Sanlúcar, hermanando dos de nuestras regiones vitivinícolas más antiguas.
Ver una botella de López de Heredia nos dibuja siempre una sonrisa en la cara, y si se trata de un Viña Tondonia Gran Reserva Blanco 2004, miel sobre hojuelas. Este mítico coupage de Viura y Malvasía criado durante más de diez años en barricas de roble americano es uno de los vinos con mayor personalidad no sólo de Rioja sino del mundo entero.
Su nariz comienza ya a ofrecer aromas a hidrocarburos, es tremendamente mineral, y en boca combina una muy buena acidez con un trago directo, complejísimo, fresco y con un final ligeramente salino. Colosal.

Saltamos a los tintos con Camino de Ribas 2023, un parcelario de una viña joven (sí, has leído bien) plantada en vaso en San Vicente de la Sonsierra sobre suelos arenosos con vetas de carbonato cálcico y óxido de hierro. Elaborado por José Gil, se trata de un varietal de Garnacha (75 %) con un aporte de Tempranillo (15 %) y de Garnacha Blanca (10 %) criado durante 10 meses en barricas de roble francés de 500 litros.
De nariz exuberante, con fruta roja y violetas, en boca es delicioso, fresco, fluido, directo, con muy buena acidez. Es frutal a la vez que serio y elegante, con un tanino ligeramente terroso que le aporta una interesante estructura.
Repetimos añada con Quiñón de Valmira 2023, un varietal de Garnacha (85 %) con un aporte de otras castas (15 %) procedente de una única parcela del monte Yerga (en Rioja Oriental) categorizada como Viñedo Singular. Fermenta parcialmente con raspón en tinos de madera y se cría durante 13 meses en foudres.
Fluido, quizá algo diluido para nuestro gusto, muy elegante, complejo y a la vez ligero, este vino de 100 puntos Parker entrega aromas a fruta roja, notas minerales y mil matices florales y de campo, trasladando a la copa la imagen más elegante de Rioja.
Damos ahora un salto al extremo opuesto de Rioja, a la zona más noroccidental de Rioja Alavesa. Allí, en Labastida, encontramos una viña con diez niveles de terraza y tres orientaciones con cuyas cepas de “ocho, tal vez nueve” variedades locales (tal y como explican desde la bodega) se elabora Las Beatas 2021.
Este vino criado en un foudre de 1.200 litros entrega aromas a fruta negra, notas minerales y monte bajo en una nariz muy elegante que replica esa elegancia en una boca de muy buena acidez, taninos muy sedosos, complejidad, equilibrio, longitud y volumen perfecto. Posiblemente estemos ante uno de los mejores vinos que hemos catado nunca.

Una vez demostrado que distintas subzonas de Rioja nos permiten disfrutar de vinos muy diversos, es el turno de que las variedades hagan lo propio, y para ello El Espinal 2022 nos ofrece la interpretación que en Bodegas Exopto hacen de la Maturana Tinta de un viñedo de 30 años de edad en San Vicente de la Sonsierra criado durante 15 meses en barricas usadas de roble francés de 600 litros.
Se trata de un vino varietal, con una nariz en la que encontramos las notas verdes de la Maturana en perfecto equilibrio para pasar a una boca de buena acidez y un tanino presente pero domado. Es un vino estupendo no exento de cierta rusticidad que promete hacer que la paciencia de quien lo guarde se vea recompensada.
Acabamos nuestro viaje a Rioja con Dalmau 2021, la muestra de que una bodega como Marqués de Murrieta puede reinventar su estilo llevando a cabo un intenso aclareo de racimos hasta dejar menos de un kilo de uva por cepa, seleccionando racimos de grano menudo, vinificando las variedades por separado en foudres de roble francés Allier y criando el vino resultante en barricas de roble francés Allier y depósitos de hormigón durante 17 meses.
Este varietal de Tempranillo (85 %) con un aporte de Graciano (10 %) y Cabernet Sauvignon (5 %) es, en nariz, un Rioja “de libro”, con aromas a fruta roja y negra en perfecta armonía. Su boca nos entrega una buena acidez y un tanino sedoso en un trago tremendamente fino, elegante, equilibrado y a la vez complejo.
Un Rioja moderno con alma de clásico nos sirve para despedirnos de Rioja por hoy, de sus seis centenares de bodegas, sus 66.000 hectáreas de viñedo, sus más de 300 millones de botellas y los 13.078 viticultores que mantienen vivo este legado milenario amparado por su denominación de origen durante los 100 últimos años.

