Bodegas y viñedos Luna Beberide, viñedos
Luna Beberide es una de las bodegas top del Bierzo, tanto por tradición como por producción. Antes del comienzo de la vendimia, hemos hablado con Alejandro Luna, su director técnico, para tratar de aprender un poco más sobre la viticultura de esta privilegiada región y sobre unos vinos en los que la Mencía y el Godello son los auténticos protagonistas.

El sol aprieta pero no castiga. Una ligera brisa recorre los viñedos. Septiembre ya se acerca, y con él la vendimia, la trigésima cuarta vendimia de Luna Beberide y la primera en la que toda la uva recogida será exclusivamente Mencía y Godello. Hasta el año pasado, las plantas más autóctonas convivieron con otras “invitadas” como la Gewürztraminer, pero esta variedad de origen alsaciano ya es historia pasada para la bodega que dirigen Alejandro Luna y su hermana Merche.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, racimo de mencía
Racimo de Mencía de los viñedos de Luna Beberide.

–Vais a probar la última “Traminer” que queda en la bodega –nos comenta Alejandro mientras llena una copa de un depósito de acero inoxidable. Es agradable, menos aromática de lo habitual, pero hace un vino blanco muy interesante, que hasta ahora se comercializaba como LB Gewürztraminer (monovarietal) o como Viñaralia en un coupage con Chardonnay y Sauvignon Blanc, varietales que son ya historia para esta bodega.

80 hectáreas de viñedo

Dejando al margen las cooperativas, Luna Beberide es una de las bodegas más grandes del Bierzo. Cuenta con 80 hectáreas de viñedo propio, y produce 25.000 litros al año, de los que algo más de la mitad se exporta a China, Alemania y EE.UU., entre otros países.
–Es curioso porque China compra el Mencía joven y el Paixar –su vino más alto de gama–, mientras que Estados Unidos nos pide más la gama media –nos comenta Alejandro.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, sala de fermentación
Zona de fermentación y embotelladora en la bodega Luna Beberide.

La bodega se encuentra en Cacabelos, nada más cruzar el río Cúa, en un tramo de asfalto en el que se suceden la bodega de Luna, Godelia, Losada y Bodegas Adriá; todo ello en apenas seis kilómetros de una carretera que corta una ladera en dos mitades, una carretera flanqueada por inmóviles viñedos viejos y por los deambulantes peregrinos que hollan el Camino de Santiago, siempre vigilados por el castro Ventosa, el origen de todo.
No es una bodega glamurosa. Ninguna placa recuerda a su arquitecto. A su alrededor no hay esculturas, grandes carteles ni nada parecido. Es sencillamente funcional; una nave de bloques de hormigón con su muelle de carga, una gran zona de fermentación y un sótano fresco para ubicar la zona de crianza.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, Alejandro Luna, enólogo y director técnico, en un depósito de ensamblaje
Alejandro Luna en un depósito de ensamblaje en la bodega Luna Beberide.

Hay mucha actividad. La vendimia se acerca y hay que dejarlo todo preparado. Alejandro nos lleva directamente a catar sus barricas más interesantes. Muros y pilares de hormigón, vigas de hierro, paredes con estantes de ladrillo, tubos fluorescentes y una enorme foto de uno de los viñedos conforman el espacio en el que duermen los mejores vinos de Luna Beberide. Las barricas se aparcan en pasillos de una o dos alturas. Todo el roble es francés, pero en varios formatos: barricas bordelesas, borgoñesas, así como barricas de 500 litros, que poco a poco van ganando terreno.

Catamos las barricas de Luna Beberide

Art 2018 nos permite abrir boca. Lo vemos muy redondo, mucho más fácil de lo que esperábamos, a pesar de que aún le queda embotellarse y descansar un tiempo en los jaulones. Y pasamos directamente a los Paixar. El 2018 se elabora en barricas de 500 y de “dos veinticinco” tras haber fermentado en foudre y en acero; un mismo viñedo, una misma uva, dos elaboraciones diferentes… “Lo único importante es la uva” nos dice todo el mundo, Alejandro incluido, pero cuando comparas las barricas te das cuenta de lo importantes que son las decisiones. Pero aún nos queda una grata sorpresa antes de dejar la sala de barricas y pasar a probar el Paixar 2017 ya ensamblado que pronto va a ser embotellado. La sorpresa es una barrica de Paixar 17 que ha sido elaborada con raspón, un experimento al que, de momento, va a tocarle quedarse una temporada más en la madera, a pesar de que está pidiendo a gritos venirse con nosotros; ligero, intenso, mineral, elegante… ¿Qué será de él? Quién sabe. Desde luego, no nos importará hacerle otra visita en un futuro.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, sala de barricas
Barricas de roble francés en la bodega Luna Beberide.

El viñedo de Valdetruchas

Después de la bodega, Alejandro nos muestra parte del viñedo que la familia Luna tiene en Villafranca del Bierzo. La magia de esta zona viene de unas laderas cuyas largas pendientes cambian los ciclos de maduración. En las zonas altas encontramos suelos de pizarra, plantas más menudas, un mayor estrés hídrico. La fruta tarda más en madurar, las raíces rebuscan los nutrientes, y esta zona aporta mineralidad, complejidad y una fruta soberbia.

Una de las singularidades del viñedo en Villafranca del Bierzo viene marcada por la diferencia de altura.


Según bajamos por la ladera que nos lleva a la finca Valdetruchas, el suelo va cambiando. La pizarra deja paso a la piedra, y la piedra deja paso a la arcilla. El agua se acumula en las zonas más bajas, las plantas crecen más, las uvas son precoces. Aquí puedes comerte la Mencía sin guiñar los ojos, mientras que arriba todavía puedes ver el envero.
–No me preocupa el grado de alcohol. Yo vendimio por acidez –asegura Alejandro, que ocasionalmente prueba alguna uva–. Toda esta ladera la vendimiamos en tres fechas distintas, y este año la vendimia no se va a adelantar, como en el 2017, que fue de locos –nos cuenta mientras gesticula enfáticamente.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, Alejandro Luna, enólogo y director técnico
Alejandro Luna conversa con Nos Vamos de Vinos en la finca Valdetruchas.

Alejandro te habla y es todo transparencia. Le miras a los ojos y es muy probable que no tengas ni idea de lo que está pensando, pero ten la certeza de que lo que te cuenta es la pura verdad. Habla con desparpajo, gesticula, se ríe, calla de repente y se queda quieto mientras te escucha con los ojos abiertos como platos y la cabeza levemente adelantada, o escucha al menos la primera parte de lo que dices y al instante replica, vehementemente. Vive el mundo del vino con pasión, no tolera las trampas, entiende el viñedo como un ecosistema, trabaja en ecológico pero no es ajeno a la modernidad.
–Aquí la vendimia es manual, pero tenemos algo plantado en espaldera y hemos hecho pruebas de vendimia con máquina, y lo hace muy bien; no destroza nada… las máquinas de ahora, claro. La clave está en el trabajo aquí. Tienes que hacer la selección en el propio viñedo.

Art 2017 y Paixar 2016

Casi sin darnos cuenta acabamos entrando en Valdetruchas. A la sombra de la galería de su casona probaremos Art 2017 y Paixar 2016, ya embotellados. Paixar es elegancia, complejidad, terruño líquido… pero ya habrá tiempo de hablar de él más detenidamente. Art nos sorprende. Es un vino intenso y elegante, pero algo más ligero de lo que recordábamos (probamos hace poco un Art 2010), con menor extracción. Alejandro admite que esa es la línea que quiere seguir.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, Art 2017
Cata de Art 2017 en la finca Valdetruchas.

–Lo he ido cambiando un poco y me ha dejado porque ha funcionado, aunque no le hace mucha gracia el cambio –se refiere a Bernardo, su padre–. A la gente le está gustando el vino, y se ha vendido bien. Lo importante es que cuando veas una botella en la mesa de un restaurante, te fijes en si se la han acabado o no. Si se la acaban, es que lo has hecho bien. Si el vino no funcionara, mi padre me daría la patada igualmente –bromea Alejandro… o no.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, Paixar 2016
Cata de Paixar 2016 en la finca Valdetruchas.

El origen de Luna Beberide

Bernardo Luna puso en marcha el proyecto en los años 80. La primera vendimia llegaría en el 86, pero el resultado de los primeros tintos fue decepcionante hasta tal punto que Bernardo se planteó arrancar toda la Mencía y plantar una uva más convencional. Afortunadamente, Mariano García, enólogo de Vega Sicilia durante 30 añadas y actual líder de Bodegas Mauro, consiguió disuadir a Bernardo y encauzó la bodega al tiempo que enseñaba a un joven Alejandro todo lo que sabía.

Hay quien dice que fue Mariano quien enseñó al Bierzo a entender la Mencía. Puede que sea una exageración. Puede que no. Quién sabe. Lo que sí sabemos es que nadie cuestiona ahora la Mencía, no después de la lluvia de puntos Parker que el pasado marzo cayera sobre el Bierzo en general y sobre Luna Beberide en particular, con 93 puntos para las añadas 2016 y 2017 de Art y nada menos que 95 puntos para el Paixar 2016, al que Luis Gutiérrez (el crítico de Parker en España) augura una excelente evolución en botella.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, viñedo de Valdetruchas
Las zonas más elevadas del viñedo de Valdetruchas tienen suelos de pizarra. En las alturas intermedias la arcilla se combina con piedras, mientras que en la parte baja de la ladera el suelo es principalmente arcilloso.

Hoy la Mencía es la ganadora, y ahora son las cepas de Merlot, Cabernet Sauvignon y la Gewürztraminer las que dejan su sitio a nuevas plantas de Mencía y Godello. En el caso de Luna, solo la Petit Manseng y algo de Moscatel logran hacerse un hueco en el viñedo para crear un vino dulce de vendimía tardía, La Renacuaja, un homenaje a la primera hija de Alejandro.
Dejamos Valdetruchas con un impresionante buen sabor de boca. No solo por los vinos, que también, sino por haber sido testigos de cómo Luna Beberide trabaja en una dirección que creemos que es buena para el Bierzo, para el vino español y para todos. 

Quitando las cooperativas, actualmente hay más de 70 bodegas en el Bierzo. Luna Beberide es una de las más importantes, tanto por volumen de producción como por historia.

No cabe duda de que aún hay mucho por hacer para que esta región vinícola ocupe el lugar que por su calidad le corresponde, para que sus vinos emocionen a la gente más joven y para que lleguen a todos los rincones. Pero el camino ha comenzado ya, y mientras observamos junto a los viñedos el goteo incesante de peregrinos de camino a Santiago, nos repetimos que es cuestión de tiempo, de perseverancia y de, sencillamente, elaborar buen vino.

Bodegas y viñedos Luna Beberide, cata en la sala de barricas