Náiades 2022: ¿Puede el Verdejo de Rueda llegar a ser un gran vino blanco?

La pregunta no es baladí. El Verdejo de Rueda es un modelo de éxito, pero típicamente se asocia con vinos sencillos para alternar en la barra del bar. No obstante, no son pocos los productores que —apoyados por la propia Denominación de Origen Rueda— llevan años intentando cambiar esa percepción, y la herramienta más clara que han desarrollado hasta la fecha es la categoría Gran Vino de Rueda. Lanzada en 2021, esta certificación nace con un objetivo claro: demostrar que el Verdejo tiene capacidad de envejecimiento, que puede dialogar con la alta gastronomía y que las cepas centenarias de zonas privilegiadas como los suelos arenosos de La Seca (Valladolid) guardan un potencial que merece ser explotado y reividincado.

Ya en 2024, el Master of Wine y reputado crítico Tim Atkin reconoció que el primer viaje a Rueda “cambió profundamente nuestra comprensión de la región […] La Verdejo, la uva autóctona de Rueda, es una de las mejores uvas blancas de España y, de hecho, del mundo […] No me había dado cuenta de que la Verdejo era capaz de producir vinos que envejecieran bien durante una década o más”.

Beth Willard, colaboradora de Tim Atkin, es otra de las grandes defensoras del Verdejo de Rueda. La crítica británica destaca cómo “con el paso del tiempo en botella, el Verdejo gana profundidad, elegancia y complejidad”.

Incluso lejos de nuestro territorio, el Verdejo va ganando popularidad. Joaquín Hidalgo, enólogo argentino y crítico para medios como Vinouso el diario La Nación, explica que “el Verdejo combina los mejores atributos de Sauvignon Blanc y Chardonnay: tiene la energía y la expresión alegre del primero y la grasa y sustancia en boca del segundo”.

Pero no sólo los críticos comienzan a entender el potencial del Verdejo de Rueda. Peter Wallbridge, jefe de compras de la prestigiosa distribuidora británica Enotria, compara el Verdejo de Rueda con el Chardonnay de la borgoñesa Mersault “por su generosidad” y añade que en algunos de estos vinos “hay complejidad herbácea combinada con textura de roble y mineralidad… para mucha gente, es el mayor blanco de España, y ciertamente un vino de culto”.

Finalmente, nos quedamos con el siempre directo y didáctico Ferrán Centelles, ex sumiller de elBulli, quien afirma que “La Verdejo en Rueda, además de ofrecer vinos joviales y frutales, puede elaborarse con intención de envejecer y sorprender. Es una variedad con potencial de guarda cuyos resultados dan vinos asombrosos”.

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Náiades es, precisamente, uno de los representantes del Verdejo de Rueda que pretende alejarse del vino sencillo de barra de bar. Y la añada 2022, recién reconocida con 95 puntos en el informe Tim Atkin Rueda Top 100 2026, redactado por la crítica australiana Beth Willard, es el capítulo más reciente de una tesis que Bodegas Naia lleva construyendo desde su fundación.

La Seca, la villa icónica del Verdejo viejo de Rueda

Naia nació en 2002 en La Seca, un municipio de Valladolid integrado en el territorio amparado por la D.O. Rueda. En los alrededores de esta población que ostenta el título histórico de villa desde el siglo XVII, se concentran algunos de los viñedos más antiguos de la denominación, y aquí es donde Laura Sanz —enóloga formada en Valladolid y Burdeos, pero, ante todo, hija de viticultores y natural de la localidad— es la encargada de elaborar vinos de calidad a partir de las cepas viejas de Verdejo con las que trabaja la bodega.

Propiedad del grupo Terraselecta, Naia cuenta hoy con 23,5 hectáreas propias —20 de ellas con más de 40 años y plantadas en vaso—, a las que suma la colaboración con viticultores de la zona que trabajan viñedos de hasta 130 años de antigüedad. Las viñas de Náiades, en particular, se asientan sobre una combinación de suelos arcillo-arenosos con canto rodado, suelos arenosos con afloraciones graníticas y suelos arenosos con afloraciones pizarrosas, a entre 750 y 870 metros de altitud, en un entorno de influencia continental y mediterránea con una enorme amplitud térmica entre los meses extremos del año.

Más allá de los suelos arenosos, la altitud, la edad de las cepas o el contraste térmico, lo que define a Náiades dentro de la gama de Naia —y dentro de la propia D.O. Rueda— es una decisión poco habitual en la zona: fermentar y criar el vino en barricas de roble francés. Laura Sanz reivindica esta intervención como la recuperación reinterpretada de una tradición que la región había abandonado: la de afinar los vinos en madera en las antiguas bodegas subterráneas de la zona, donde con frecuencia el vino reposaba en grandes tinos. No se trata meramente, por tanto, de una concesión al gusto internacional ni de un intento de imitar los grandes blancos de Borgoña. Es la materialización de la convicción de que el Verdejo centenario puede dar lo mejor de sí cuando se le somete a la micro-oxigenación y a la “infusión” con la madera.

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El proceso comienza con una vendimia manual en cajas de 15 kilos, maceración de uva entera en cámara de frío y selección de racimos en mesa. Tras el prensado, el mosto fermenta íntegramente en barricas de roble francés —de diferentes volúmenes, de 225 a 600 litros, con entre uno y tres años de uso— donde permanece posteriormente durante nueve meses sobre sus lías finas para descansar a continuación varios años en la botella y etiquetarse como Gran Vino de Rueda.

Náiades 2022, en la copa

Cuando descorchamos nuestra botella de Náiades 2022, encontramos un vino de color amarillo limón, brillante y limpio. La nariz es clara: fruta de hueso y fruta blanca conviven con mentolados intensos, notas tostadas, vainilla, tofe, mantequilla y especias dulces; la madera habla con claridad pero sin ocultar la fruta ni los aromas herbales.

En boca, el trago es voluminoso y largo, con buena acidez e intensidad. La complejidad está presente desde el primer momento, pero la gran sorpresa —y la mayor virtud— llega al final: un amargor pronunciado que repunta al final del trago y equilibra una sensación golosa que también tiene cierta presencia. Ese amargor característico del Verdejo auténtico viene acompañado además de una nota mineral claramente perceptible y un carácter balsámico-mentolado que da coherencia y contribuye a aumentar la complejidad del conjunto.

Es un vino expresivo y exuberante en el que encontramos calidad y tipicidad a raudales, si bien conviene ser explícito y reconocer que la presencia de la madera es notable, y que no estamos ante un vino de mínima intervención, sino ante una elaboración “milimetrada”. No cabe duda de que se trata de un vino blanco de gran atractivo y notables atributos que responde a un perfil de bebedor concreto. Quien acepte estos términos, encontrará un vino blanco denso, opulento, con una recompensa sensorial que juega en las fronteras del placer culpable, un vino que acaba de entrar en su ventana de consumo óptimo pero que promete crecer con el tiempo en botella.

Y mientras lo catamos, surge la pregunta: ¿Puede el Verdejo de Rueda llegar a ser un gran vino blanco? En realidad, quienes conocen esta región desde hace tiempo saben bien que sí, que en Rueda, en La Seca, y en las viñas viejas que hunden sus raíces en suelos arenosos está ese potencial, y la mera idea de que elaboradores como Naia quieran sacarle el máximo partido es, desde luego, una buena noticia.

Náiades 2022: ¿Puede el Verdejo de Rueda llegar a ser un gran vino blanco? Detalle de la etiqueta
VinoAlcoholProducciónPrecio (75 cl)
Náiades 202214 %25,95
Otros datos: pH: 3,21. Acidez 5,57 g/l (tartárico). Azúcar residual: 2,5 g/l. Ingredientes: Uvas, ácido cítrico y/o ácido tartárico, ácido L-ascórbico, anhídrido sulfuroso (sulfitos), carboximetilcelulosa.

Las claves de Náiades 2022

  • Elaborado por Bodegas Naia en La Seca (Valladolid). Integrada en el grupo Terraselecta.
  • 100 % Verdejo de viñas con más de 100 años de antigüedad sobre suelos arenosos a 750-870 metros de altitud.
  • Certificado como Gran Vino de Rueda.
  • Vendimia manual en cajas de 15 kg. Maceración de uva entera en frío, selección de racimos en mesa, prensado y fermentación íntegra en barrica de roble francés.
  • Nueve meses de crianza sobre lías finas en barrica.
  • Nariz: Fruta de hueso y blanca, mentolados intensos, tostados, vainilla, tofe, mantequilla y especias dulces.
  • Boca: Voluminosa y larga. Buena acidez, intensidad notable, fondo mineral y balsámico, posgusto marcadamente amargo con repunte final.