Marqués de Cáceres nos ha abierto las puertas de su bodega, nos ha enseñado su viñedo de San Vicente de la Sonsierra, su espacio Ágora, a la orilla del Ebro, y su Atelier Gaudium, donde desde la pasada vendimia se elaboran sus vinos de gama más alta. De la mano de su presidenta y sus responsables enológicos, hemos conocido estas y muchas otras novedades de la bodega riojana y, por supuesto, hemos catado sus actuales vinos junto con algunos vinos del pasado y otros que pronto verán la luz.
Hay pocos lugares más hermosos que el viñedo en otoño, con la antocianina coloreando de rojo las hojas de las cepas de Tempranillo que hace ya semanas fueron vendimiadas. Unas pocas racimas despistadas cuelgan aún de unas varas que parecen querer empezar a agostarse. Siempre me he sentido estúpido cuando he intentado abrazar un árbol y, sin embargo, siento una conexión que no sé describir si acaricio la madera vieja de alguna de estas cepas que pronto dormirán hasta la primavera.
Estamos en la finca San Vicente, en la riojana población de San Vicente de la Sonsierra, en una de esas lenguas de tierra que dibujan los meandros del Ebro mientras serpentean caprichosamente entre terrazas de cascajo y arcilla. Los frutos de esta viña suelen convertirse en el corazón de Gaudium, el buque insignia de Marqués de Cáceres, aunque en San Vicente hay también cepas de otras variedades dado que una parte de esta finca se plantó en los 80 como “viñedo experimental”, en aquella época en la que las “variedades mejorantes” eran la nueva panacea de la enología.
Cristina Forner nos recibe en el Ágora de Marqués de Cáceres
Paseando entre viñas en esta finca de San Vicente llegamos al espacio Ágora, una antigua nave de aperos convertida hoy en un acogedor lugar de encuentro, tal y como su nombre pretende sugerir. Allí nos recibe Cristina Forner, la presidenta de Bodegas Marqués de Cáceres, que nos hablará de cómo su abuelo era un negociante de vino en Valencia que se exilió a Corbières (en el Languedoc) en la época de la Guerra Civil. Allí compró un viñedo del que Enrique, el padre de Cristina, se vio obligado a hacerse cargo tras la repentina muerte del abuelo. No lo tuvo fácil, pero Enrique hizo una próspera carrera en Francia, llegando a ser propietario de Château de Camensac y Château Larose Trintaudon, y a finales de los años 60 decidió aplicar en España lo aprendido en sus bodegas de Burdeos. De la mano de Émile Peynaud, considerado el padre bordelés de la enología moderna, funda en Rioja la bodega Marqués de Cáceres, y Cristina –nacida y educada en Francia– pronto comienza a involucrarse en el sueño riojano de su padre hasta tomar las riendas de la bodega en 2008, poco después del comienzo de este desafiante siglo en el que estamos.
Cristina te habla con serenidad, con tempo lento pero constante, como esos vinos cuyo trago se ensancha, expresando siempre ideas directas, sin ambigüedades, envolviendo el discurso con los taninos dulces de un acento francés que jamás ha perdido y nunca perderá, a pesar de llevar 40 años enraizada en La Rioja.
Además de Cristina, otros destacados miembros de Marqués de Cáceres estarán con nosotros durante esta inmersión que va a llevarnos a conocer casi todo el porfolio de la bodega, sus instalaciones en Rioja y sus nuevos proyectos, comenzando por el cava Marqués de Cáceres Brut, lanzado al mercado en 2018 fruto de la colaboración con una bodega del Penedés. David Losantos, director general de Marqués de Cáceres (y ex director de ventas para Europa de Codorníu), nos explica que no se trata de un “por-para” (un vino elaborado “por” una bodega “para” un tercero), sino de una colaboración en la que Marqués de Cáceres controla todos los procesos, tanto en el campo como en la bodega. Elaborado con el habitual coupage de Xarello (50 %), Macabeo (30 %) y Parellada (20 %), se trata de un espumoso de excelente relación entre precio y calidad, fácil de beber, con aromas a manzana, leves notas autolíticas y el toque justo de azúcar residual, que es de unos 8 o 9 gramos, según reconoce el propio David.

Cava, Rías Baixas y Rueda: Nuevos negocios para nuevos tiempos
El cava Marqués de Cáceres es una interesante línea de negocio que permite a la bodega riojana aprovechar al máximo su sólida red de distribución tejida durante más de medio siglo en gran medida por la propia Cristina, quien nos comenta con su habitual sonrisa serena que “antes el teléfono era carísimo, así que teníamos que viajar mucho más”. El cava se exporta a 121 países de los 140 en los que está presente la bodega; de hecho, el 50 % de la producción de Marqués de Cáceres se vende fuera de nuestras fronteras.
De manera análoga al cava, Marqués de Cáceres elabora un Albariño en Rías Baixas. Personalmente, Deusa Nai es el vino que me gustaría encontrar por copas en la barra de un bar si pidiera genéricamente “un Albariño”. Desafortunadamente, esa práctica es algo poco recomendable a día de hoy en la hostelería madrileña, donde el margen por copa es la prioridad en muchas barras, y la calidad resulta incompatible con ese modelo de negocio.
Tampoco faltan en la familia de vinos de Marqués de Cáceres hasta tres populares opciones de blancos amparados por la D. O. Rueda procedentes de su propia bodega y su propio viñedo, de 125 hectáreas, adquirido en 2014: Marqués de Cáceres Verdejo, Excellens Verdejo y Excellens Sauvignon Blanc. Estos dos últimos se encuadran en una nueva gama de vinos desarrollada para vinotecas y para hostelería.
Varios de estos vinos los probaremos en una cata a ciegas que nos hará recorrer parte del viñedo de San Vicente, bajando hasta la orilla del Ebro, acercándonos a un conjunto de manzanos que se han hecho su hueco en una ladera y volviendo a la zona más alta, cerca del Ágora. Se trata de una actividad que forma parte del conjunto de propuestas “a la carta” enfocadas a grupos de visitantes como parte de su oferta enoturística, en la que también hay visitas convencionales y catas.

Una imagen inédita remarca la calidad creciente de Marqués de Cáceres
Acabada la cata a ciegas –que supone siempre un conveniente baño de humildad–, regresamos al Ágora para descubrir la nueva imagen de los tres vinos más representativos de Marqués de Cáceres: Crianza, Reserva y Gran Reserva. Este rediseño de etiquetas y cápsulas no sólo pretende vestir las botellas de una manera algo más actual manteniendo el escudo, las tintas doradas, el espectro de colores y demás elementos de las etiquetas más tradicionales. La idea en realidad es transmitir el esfuerzo de la bodega por que cada añada supere en calidad a la añada anterior, algo que se traduce, por ejemplo, en la adquisición de viñedos icónicos, como en el que nos encontramos y que anteriormente se explotaba en régimen de arrendamiento. Marqués de Cáceres paga, además, a sus viticultores un plus de calidad por la uva según llega a bodega y les facilita equipos de vendimiadores si lo necesitan; todo ello en cuanto al campo, porque en la bodega hay también avances reseñables en busca de esa mejora constante de la calidad.
Pero antes de asistir a la bodega, tenemos todavía mucho por catar. Tras la actividad en el viñedo degustaremos cuatro vinos durante la comida: Marqués de Cáceres Rosado 2023, Blanco 2023, Reserva 2019 y Gran Reserva 2018. El rosado de entrada de gama de la bodega es un monovarietal de Tempranillo frutal y fácil de beber, con un toque floral y una agradable nota de hinojo. El blanco es un monovarietal de Viura con una nariz limpia y un agradable trago cítrico. Por su parte, Marqués de Cáceres Reserva 2019 es un vino serio; un varietal de Tempranillo y “otras variedades” procedente de viñas viejas de Rioja Alta y Rioja Alavesa, con rendimientos inferiores a 5.000 kg/ha, vendimia manual, una prolongada maceración con los hollejos, maloláctica en barrica y una crianza de 20 meses en barricas de roble francés, repartidos a partes iguales entre barricas nuevas y barricas de uno y dos años, con trasiegas cada cinco meses.

Finalmente, el Gran Reserva 2018 es nuevamente un varietal de Tempranillo de viñas de Rioja Alta y Rioja Alavesa con edades comprendidas entre 65 y 85 años que producen rendimientos de entre 3.000 y 4.500 kg/ha. Largas maceraciones y crianzas de entre 24 y 26 meses en barricas de roble francés nuevas y de segundo uso dan como resultado un vino gastronómico, complejo, con aromas a fruta madura, toques herbales y de pirazinas, todo lo cual no se traduce en un trago pesado pero sí nos lleva a disfrutar de su longitud, su intensidad y su complejidad, acompañando perfectamente el final de la comida, los postres y la posterior conversación, que es, en el fondo, lo realmente exigible en un vino de calidad.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Marqués de Cáceres Cava Brut | 11,5 % | – | 8,60 euros |
| Marqués de Cáceres Rosado 2023 | 13,5 % | – | 5,50 euros |
| Marqués de Cáceres Blanco 2023 | 12,5 % | – | 5,50 euros |
| Marqués de Cáceres Reserva 2019 | 14,5 % | – | 12,50 euros |
| Marqués de Cáceres Gran Reserva 2018 | 14 % | – | 22 euros |




