Tras conocer el espacio Ágora, el viñedo de San Vicente de la Sonsierra y algunos de los vinos de Marqués de Cáceres, nos espera el que quizá sea el plato fuerte de esta inmersión en el microcosmos de la bodega riojana: una cata vertical de Gaudium, del que degustaremos las añadas 2004, 2008, 2012, 2018 y 2020, de las cuales actualmente en su tienda on-line puedes encontrar tanto la más reciente como la primera que vamos a catar.
Cata vertical de Gaudium, el gran vino de Marqués de Cáceres
Gaudium es es el buque insignia de la bodega, un monovarietal de Tempranillo de pequeñas viñas viejas de más de 70 años, entre las cuales alguna de ellas es incluso pre-filoxérica y supera, por tanto, los 100 años, con rendimientos inferiores a un kilo de uva por cepa. No faltan, por supuesto, diversidad de suelos, altitudes (de 400 a 740 metros) y orientaciones en un vino que es una auténtica obra de arte no sólo por su materia prima, sino por la minuciosidad puesta tanto en su elaboración como en su ensamblaje.
Gaudium se elabora desde 1994 sólo si la añada lo permite. Las diferentes parcelas que potencialmente pueden formar parte de este vino se vinifican por separado, y para su ensamblaje la bodega cuenta con la colaboración del célebre enólogo bordelés Michel Rolland, tal y como nos cuenta Fernando Costa, jefe de enología de Marqués de Cáceres, quien nos explica que a partir de 2008 comienza a trabajarse de una manera más minuciosa, buscando la perfección en todos los detalles y el ensamblaje más preciso posible, incrementando los medios técnicos y logrando una mayor finura.
Fernando es un auténtico libro abierto que nos irá guiando a través de estos cinco soberbios vinos, de los cuales aquí apenas vamos a dar algunas pinceladas. Fernando es capaz de explicar conceptos enológicos de forma amena, con una voz serena pero a la vez enfática en la que su natural y melódico acento gallego se entremezcla con el mucho más sólido deje riojano. Fernando nos explica cómo San Vicente y otras parcelas aportan estructura y concentración debido a sus bajos rendimientos mientras zonas de mayor rendimiento redondean el vino con diversos matices que le aportan elegancia y complejidad. No es nada nuevo, pero sí es importante que alguien te lo recuerde en el momento clave, cuando los conocimientos teóricos se ejemplifican con un buen vino (o, quizás, un gran vino) que sea capaz de ofrecer todos esos matices.
Gaudium 2004 es el vino más viejo de la cata y es, con mucha diferencia, el que ofrece mayor evolución. Los matices teja de su halo ya lo insinúan, y en su nariz hay aromas terciarios, recuerdos a ebanistería y a licor, mientras que su boca nos sorprende por conservar una destacable acidez 20 años después de su vendimia. El trago es delicioso, pero si te gustan los taninos vibrantes, no los vas a encontrar. A cambio, sí encontrarás finura, mucha fluidez y esa amalgama de sabores y de sensaciones que sólo los grandes vinos viejos pueden ofrecer.
En la siguiente copa, Gaudium 2008 nos sorprende por su redondez. Es un gran vino que se encuentra en su mejor momento y que, sólo por eso, para mí sería el ganador si me viera en la obligación de elegir una añada. Hay cierta evolución, pero también frescura, tensión y, sobre todo, unos taninos serios pero amables que lo envuelven todo en un trago sedoso pero con carácter, con mil y un matices de mentolados, chocolate, tabaco… Intensidad, finura, profundidad, un majestuoso equilibrio entre la verticalidad que aporta su acidez y la tremenda anchura que despliega su trago… Busques lo que busques, si es algo bueno, lo encontrarás en este 2008.
Gaudium 2012 es un vino muchísimo más fresco, de nariz más frutal. Al igual que el resto, en la fase visual nos llama la atención por esa capa glicérica especialmente brillante tan habitual en los buenos Burdeos y no tan frecuente en los monovarietales riojanos de Tempranillo, con la diferencia de que aquí no hay signos visuales de una evolución que tampoco encontraremos en la nariz ni en boca. Más frutal, bastante amable, con una deliciosa acidez, un marcado toque láctico y una madera perfectamente integrada (a pesar de que hablamos de una crianza mínima de 18 meses en barricas nuevas de roble francés), es un vino que empieza a entrar ya en su ventana de consumo óptimo pero que promete mejorar en los próximos años.
Por su parte, Gaudium 2018 es, desde nuestro punto de vista, un “bebé” de enorme potencial que merece la pena guardar unos años para disfrutarlo en plenitud. Vibrante, muy largo, rebosante de nervio pero a la vez con clase, muestra las aristas lógicas de su juventud y algún desequilibrio (notas de café) que el tiempo irá puliendo; enorme potencial para este vino de una añada que ha dado (y seguirá dando) grandes satisfacciones en Rioja.
Acabamos con Gaudium 2020, que es la añada a la venta. Podríamos decir lo mismo que hemos dicho de 2018, pero con mayor intensidad. Si lo compras (que es una buena idea), olvídate de él, guárdalo bajo siete candados y no lo descorches en la próxima década. Nos lo agradecerás.
Finca La Capilla: Un auténtico tesoro en Ribera del Duero
Después de disfrutar del privilegio de catar cinco añadas de Gaudium, podríamos pensar que cualquier otro vino va a parecernos agua, pero nada más lejos. Durante la cena que sigue a la cata de Gaudium, vamos a probar seis vinos de Finca La Capilla, la bodega con la que Marqués de Cáceres ha entrado por la puerta grande en Ribera del Duero.
Manuel Iribarnegaray, enólogo y director de operaciones de Marqués de Cáceres, será el encargado de introducirnos en esta nueva derivada del grupo riojano, puesta en marcha en 2019. Entre sus muchas funciones, Manuel vive el día a día de Finca La Capilla, y habla de los vinos que allí se elaboran con auténtica pasión y con esa cómplice socarronería de quienes saben disfrutar cada segundo de la vida.
La Capilla Ánfora Rosé 2023 abre el fuego y deja anonadados a todos los presentes. Esta pequeña joya es un monovarietal de Tempranillo seleccionado de diferentes parcelas que fermenta en una tinaja de barro (porosa, sin revestimiento) y se cría durante cuatro meses en dos barricas de roble francés de formato grande. De nariz floral, frutal y un tanto golosa, su boca sorprende por su finura y seriedad, con una equilibrada acidez que da paso a un trago sorprendentemente estructurado y nada pesado; para no dejar ni una sola gota.
Con La Capilla Blanco 2022 nos vamos en realidad a Rueda. Se trata de un coupage de Verdejo y Sauvignon Blanc a partes iguales cuya vinificación se lleva a cabo en diferentes recipientes: barricas nuevas de roble francés de 225 y 600 litros, así como huevos de hormigón de 1.700 litros y pequeños depósitos de acero inoxidable. A ello se suma una crianza sobre lías finas durante seis meses y una selección de los mejores lotes para el ensamblaje final. De entrada, nos agrada su nariz, con toques de panadería y aromas a fruta de hueso; nariz que da paso a una boca cítrica, intensa y armoniosa, con presencia de la madera muy bien integrada, una razonable complejidad, un cuerpo untuoso pero no graso y un adictivo posgusto amargo.
Pasamos a los tintos con La Capilla Crianza 2020, un vino que saca el perfil más serio de la uva Tempranillo, el del regaliz y la fruta negra. Fermentado en pequeños depósitos de acero inoxidable con levaduras indígenas y maceraciones prolongadas, hace la maloláctica en barrica de roble francés. Permanece en barricas nuevas y de un uso, a partes iguales, durante 15 meses. El resultado es un vino tánico y frutal que está muy por encima del clásico “crianza” de Ribera.
Y si el Crianza nos mostraba ese perfil de fruta negra y regaliz, La Capilla Merlot 2021 profundiza en esas sensaciones con una boca intensa, buen equilibrio y una escasa sensación alcohólica para tratarse de un vino que declara un 15,5 % de volumen de alcohol.
El penúltimo vino de la noche es La Capilla Reserva 2018. Frente al Crianza, aquí encontramos un tanino mucho más amable, un trago muy fino y una madera fantásticamente integrada pese a la crianza de 18 meses en barricas bordelesas de roble francés fundamentalmente nuevas (80 %) y de un solo uso (20 %). Parte de esa finura es achacable a la exhaustiva selección de racimos de dos viñas de 47 años de edad.
Cierra la cata La Capilla Vendimia Seleccionada 2021, un vino cuya presentación en botella bordelesa con etiqueta sobre fondo negro ya nos sugiere que estamos ante algo que se sale de lo convencional. De entrada, sus uvas proceden de una selección masal de cepas de muy baja producción injertadas en viñedo viejo de la propia finca, en los términos municipales de Roa, La Horra y Anguix (Burgos), a una altitud de entre 820 y 965 metros. Microvinificado por partidas en pequeños depósitos, con levaduras autóctonas y granos enteros (sin estrujar), se cría durante 16 meses en barricas bordelesas nuevas y de un vino, todas ellas de roble francés de grano fino. Fruta muy madura y taninos extremadamente amables nos sorprenden en un vino relativamente joven que deja patente a cada trago la enorme calidad de su materia prima y que nos deja pensando en la enorme calidad de la derivada ribereña de Marqués de Cáceres; un proyecto que promete dar muchas alegrías a sus responsables… y a quienes disfrutamos de sus vinos.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Gaudium 2004 | ~14 % | ~15.000 botellas de 75 cl | 290 euros |
| Gaudium 2008 | ~14 % | ~15.000 botellas de 75 cl | No está a la venta |
| Gaudium 2012 | ~14 % | ~15.000 botellas de 75 cl | No está a la venta |
| Gaudium 2018 | ~14 % | ~15.000 botellas de 75 cl | No está a la venta |
| Gaudium 2020 | 14 % | ~15.000 botellas de 75 cl | 50 euros |
| La Capilla Ánfora Rosé 2023 | 14 % | 1.000 botellas de 75 cl | 31-35 euros |
| La Capilla Blanco 2022 | 14 % | ~17.000 botellas de 75 cl | 12-14 euros |
| La Capilla Crianza 2020 | 15 % | – | ~18 euros |
| La Capilla Merlot 2021 | 15,5 % | 11.987 botellas de 75 cl | 18-20 euros |
| La Capilla Reserva 2018 | 15 % | ~10.000 botellas de 75 cl | ~25 euros |
| La Capilla Vendimia Seleccionada 2021 | 15,5% | – | 30-37 euros |







