Cata de vinos blancos de guarda de 200 Monges.
Coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de su fundación, Vinícola Real lanza su gama de vinos blancos de guarda, compuesta por un Reserva, un Gran Reserva y un vino dulce. Hemos podido catarlos para comprobar si ofrecen el mismo estándar de calidad que sus hermanos tintos.

Parece que fue ayer cuando Miguel Ángel Rodríguez se lanzó a la elaboración de su vino de autor en Albelda de Iregua, municipio ubicado al sur de Logroño, lejos del bullicio de la capital de La Rioja. Pero han pasado 25 años desde que este enólogo procedente de una familia de destiladores comenzara a experimentar tanto con los vinos tintos como con los blancos. Y si bien la primera añada de 200 Monges tinto data ya de un lejano 1994, añada tras añada Miguel Ángel sentía que sus blancos no estaban a la altura de sus tintos, no al menos a la altura que debían tener para vestir la etiqueta de 200 Monges, de esa marca que rinde homenaje a los 200 monjes que se cuenta que habitaban en el monasterio de San Martín de Albelda ya en el siglo X, monjes que oficiaron, durante siglos, como auténticos y únicos guardianes del saber.

“Durante muchos años he estado trabajando en cómo lograr que mi vino blanco estuviera en la misma sintonía que el vino tinto, sobre todo hablando de la marca 200 Monges –comenta Miguel Ángel–. Nosotros íbamos elaborando vino blanco todos los años, pero no estaba al nivel que yo consideraba que para llevar la marca 200 Monges debía tener el vino blanco: vinos blancos que se pudieran guardar, vinos blancos que se mantuvieran vivos el mayor tiempo posible, pero a su vez vinos blancos que sentaran bien. En esa búsqueda he estado muchos años, y ahora ya creo que al final hemos visto la luz.”

Así, a lo largo de todos estos años, Vinícola Real ha llevado a cabo un arduo trabajo cuyas claves residen en dar con los parajes adecuados y con los métodos de elaboración propicios para sacar el máximo potencial aromático posible a la Viura. El objetivo final ha sido lograr vinos gastronómicos capaces de marcar, de dejar una huella, ya que para Miguel Ángel, la clave es que en sus elaboraciones “haya algún matiz para que en algún momento ese vino te haya dejado algún recuerdo; y esa búsqueda llegó un momento en que se convirtió en un reto”, reconoce el enólogo, quien solamente después de estos 25 años de investigación, ensayo, error y paciente crianza se encuentra suficientemente satisfecho como para lanzar unos blancos de guarda dignos de homenajear a los 200 monjes de San Martín de Albelda.

200 Monges Blanco Reserva 2010

Comenzamos por 200 Monges Blanco Reserva 2010, un coupage de Viura y Malvasía procedente de viñedos de suelos arcillosos con cantos rodados y una altitud de entre 643 y 740 metros. Los racimos se vendimian a mano, y se hace una segunda selección de racimos en bodega. Tras el estrujado, arranca la fermentación en tinos de madera y, 48 horas después, se trasiega el mosto flor, sin prensar, para que fermente y se críe con sus lías finas. Posteriormente, el vino se criará durante un año en barricas, cuatro más en depósito de acero inoxidable y cinco en la botella.

Cata de 200 Monges Blanco Reserva 2010
200 Monges Blanco Reserva 2010 es un coupage de Viura y Malvasía criado durante un año en barrica, cuatro más en depósito y cinco en botella.

En la copa se muestra de color amarillo pajizo con reflejos metálicos. A copa parada y recién descorchado, encontramos una nariz discreta, que va creciendo a medida que el vino se oxigena; un vino, recordemos, que ha dormido en botella durante cinco años. Cuando se ha oxigenado convenientemente, se muestra muy complejo, mineral, con aromas de fruta, sutiles toques de frutos secos, cáscaras, tostados suaves, mantequilla, una capa de fruta en un segundo plano que poco a poco va ganando presencia: melocotón, piel de naranja… y un sutil recuerdo a flores blancas. En todo caso, es una nariz amalgamada, limpia, que combina elegancia y personalidad.

Y si esperas que en boca este 2010 sea un blanco “bonachón”, no puedes estar más equivocado. El primer trago nos desvela un vino afilado pero a la vez muy fino, pleno de acidez pero a la vez muy ancho, glicérico, casi opulento pero a la vez liviano, nada pesado; formidablemente estructurado, largo y, lo mejor de todo: de un posgusto elegante; muy elegante. Y es quizá ese final del trago el que logra “el matiz”, el que logra “el recuerdo” del que habla Miguel Ángel, el que puede marcar la diferencia entre un buen vino y un gran vino.

200 Monges Blanco Gran Reserva 2008

Tras un reserva que ha dejado muy alto el listón de la cata, es el turno de su hermano mayor. 200 Monges Blanco Gran Reserva 2008 es un monovarietal de Viura y un coupage de parcelas separadas por 50 kilómetros. Por una parte, se encuentra El Charco, un viñedo con suelos arcillosos ferrosos y aluviales situado en Badarán, en el valle del Najerilla. Por otra, la parcela La Rad se sitúa en Albelda de Iregua, cerca de la bodega, con suelos arcillosos calcáreos y sustrato rocoso de arenisca. Las uvas, procedentes de cepas de bajos rendimientos, se vendimian a mano y, una vez en bodega, se estrujan y hacen una maceración pelicular durante tres días, tras los cuales se prensan y se realiza un desfangado estático en frío. Cinco días más tarde, arranca la fermentación, con levaduras indígenas y, cuando alcanza los 16 ºC, se trasiega a barrica, donde lleva a cabo la mayor parte de la fermentación.

Cata de 200 Monges Blanco Gran Reserva 2008
200 Monges Blanco Gran Reserva 2008 es un monovarietal de Viura y un coupage de parcelas que sale a la venta casi 13 años después de su vendimia.

Nada menos que dos años de crianza en barricas de 225 litros, cuatro en depósito y otros cuatro más en la botella terminan de afinar un vino que en la copa nos muestra un color amarillo limón con reflejos metálicos. Su nariz es discreta nada más descorcharlo, discreta pero limpia, con los aromas de la elaboración y la crianza llevando la batuta inicialmente: mantequilla, una nota ahumada, frutos secos… La fruta permanece un tanto agazapada, casi tapada por notas de miel, aunque pronto comienza a revelarse una piel de naranja más marcada que en su hermano Reserva, y también aparece una mayor intensidad floral. Pasan los minutos y la madera va quedando atrás, todos los aromas comienzan a afinarse y poco a poco van tocando una partitura mucho más armoniosa, una partitura similar a la del Reserva pero en la que el equilibrio tiene un mayor peso.

En boca, nos sorprende su ataque, mucho menos intenso, menos afilado, con menor sensación de acidez, con mayor equilibrio… Tras la sorpresa fruto del prejuicio, encontramos un trago que es pura elegancia, con un cuerpo quizá menos glicérico y un posgusto increíble: un amargor sutil, sutil y largo que es la pura y auténtica representación gustativa de la belleza, la belleza madura, sobria y elegante. Quizá le falte la intensidad de la que hace gala el Reserva; quizá ni siquiera sea preferible al Reserva. Simplemente, es otro perfil, un perfil más adulto, más sereno, en el que nuevamente la clave se encuentra en el posgusto, el final, el recuerdo…

200 Monges Esencia Vendimia de Invierno 2011

Y, para terminar, la gama incluye un vino realmente especial: 200 Monges Esencia Vendimia de Invierno 2011, un vino dulce natural producido exclusivamente con uvas afectadas por botrytis cinerea de variedades blancas (Viura, Garnacha Blanca, Malvasía y otras), recolectadas grano a grano de diversas parcelas a lo largo de varias prospecciones por las viñas. Las uvas, con una altísima concentración de azúcares, fermentaron lentamente en dos barricas de 225 litros hasta que, 15 meses después, la fermentación se detuvo de forma natural, momento en el que se prensaron, y el mosto resultante continuó fermentando y criándose con sus lías finas durante otro año y medio para descansar finalmente en botella.

Cata de 200 Monges Esencia Vendimia de Invierno 2011
200 Monges Esencia Vendimia de Invierno 2011, un vino dulce natural producido exclusivamente con uvas afectadas por botrytis cinerea que fermenta y se cría en barricas durante tres años.

De color avellana intenso, en su nariz dominan los aromas terciarios: champiñones, cueva… junto con fruta pasa, orejones, frutos secos, licor cassis… Pero lo mejor está en la boca: espectacular, con una acidez muy sorprendente, enorme intensidad. Es una boca embaucadoramente golosa, larguísima, con un gran equilibrio entre acidez, dulzor e incluso amargor, recuerdos a miel, a caramelo, y una longitud interminable que hace que el trago vaya pasando por diferentes fases, mostrando una complejidad increíble. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores dulces que hemos tomado; de largo.

Esencia es, no obstante, una excepción, uno de esos vinos que no pueden hacerse cada año en Rioja, sino solamente aquellos en los que el final del otoño y el inicio del invierno permiten que se desarrolle la podredumbre noble en unas uvas que, previamente, han tenido que ser dejadas en la viña; un caso netamente diferente al de sus dos hermanos secos, dos vinos que nos hacen preguntarnos sobre el sentido de esperar nada menos que 25 años para lanzar las primeras añadas de tus blancos de guarda, nos hacen preguntarnos sobre el proceso, sobre la investigación, sobre el inconformismo, sobre la búsqueda de ese matiz, de esa capacidad de generar recuerdos, de eso que quizás sea la clave que diferencie un buen vino de guarda de un gran vino de guarda.

VinoAlcoholProducciónPrecio
200 Monges Blanco Reserva 201013 %3.500 uds. de 75 cl40 €
200 Monges Gran Reserva 200813 %1.500 uds. de 75 cl55 €
200 Monges Esencia Vendimia de Invierno 201112 %<600 uds. de 37,5 cl250 €