Menos uva, no menos demanda. Ese es el diagnóstico con el que la D.O. Cava presenta sus resultados de 2025: 190 millones de botellas comercializadas, un 12,88% menos que el año anterior, una caída que el Consejo Regulador atribuye directamente a las limitaciones de cosecha acumuladas tras varios años de sequía, no a una pérdida de interés por parte del consumidor.
Detrás de ese descenso global, sin embargo, los números cuentan una historia más matizada. Los segmentos de mayor tiempo de crianza —los llamados Cavas de Guarda Superior, que engloban Reserva, Gran Reserva y Cava de Paraje Calificado— crecieron en conjunto un 1,41 %. Dentro de ese grupo, los Gran Reserva avanzaron un 6,09 % y los Cavas de Paraje Calificado, la categoría más exigente de la denominación, registraron un incremento del 82,35%, aunque parten de una base todavía muy reducida: apenas 31.000 botellas sobre los 190 millones totales.
Javier Pagés, presidente del Consejo Regulador, lo interpreta así: “2025 ratifica como la D.O. ha apostado claramente por la valorización, la calidad, las largas crianzas y la zonificación del origen”. Y añade: “los datos muestran que, incluso en un año condicionado por la sequía, los segmentos de mayor valor añadido siguen ganando peso dentro de la categoría”.
El peso económico y social del Cava
La D.O. Cava no es solo un sello en la etiqueta. Detrás hay 37.299 hectáreas de viñedo, 5.957 explotaciones vitícolas, 6.200 familias de viticultores, 191 empresas elaboradoras de Cava y alrededor de 12.000 puestos de trabajo directos e indirectos. El sector genera más de 2.000 millones de euros de actividad económica y representa el 35 % de las exportaciones de vino con denominación de origen de España. En cuanto al viñedo, el 82 % corresponde a variedades autóctonas: Macabeo, Xarel·lo y Parellada son las protagonistas, con 13.619, 9.695 y 7.171 hectáreas respectivamente.
En el mercado interior, el Cava acapara el 85,5 % del consumo en volumen de vinos espumosos en España, y el 92 % en Cataluña. En valor, esos porcentajes se sitúan en el 73,8 % y el 90,3 % respectivamente, según datos de Circana. Pagés subraya que “el Cava es una gran marca y que el consumidor avala el sello de la D.O.”. El Cava se mantiene además como el vino español con mayor presencia exportadora del mundo, con distribución en más de 130 países.
Los mercados internacionales acusan el menor volumen disponible
Con 113,9 millones de botellas exportadas frente a 76,1 millones destinadas al mercado nacional, la dimensión exterior del Cava es determinante. Pero la menor disponibilidad de producto se hizo notar: las ventas internacionales cayeron un 18,68%, frente a un retroceso del 2,48% en unidades en el mercado interno, que creció en valor.
Los cuatro principales mercados —Bélgica, Estados Unidos, Reino Unido y Suecia— registraron descensos de entre el 11,99 % y el 18,42 %. En sentido contrario, mercados como Países Bajos (+1,17 %), Noruega (+6,60 %), Corea del Sur (+6,81 %), Brasil (+6,43 %) o México (+12,17 %) mostraron avances. Letonia, pese a ser un destino de menor volumen, fue el que más creció porcentualmente, con un incremento del 22,34 %.
Para sostener y ampliar esa proyección internacional, la D.O. Cava llevó durante 2025 a más de 200 profesionales del sector —prescriptores, periodistas y compradores, el 72 % procedentes del extranjero— a visitar las zonas de producción y las bodegas. Se celebraron seis actos especializados en Japón, con 230 asistentes, y se abrió por primera vez el mercado canadiense con un encuentro en Quebec. La segunda edición del congreso Cava Meeting reunió a más de 120 profesionales en el corazón de la denominación, con un 60 % de participación internacional, y se completó con dos eventos previos en Nueva York y Londres para 92 profesionales del sector. La plataforma formativa Cava Academy sumó 150 nuevos formadores certificados durante el año, con el 62 % de alumnos internacionales, y supera ya los 760 profesionales certificados en total.
Pagés apunta hacia un horizonte que considera favorable para la categoría: las tendencias globales de consumo se orientan hacia vinos de menor graduación alcohólica, menos dulces y con mayor protagonismo de blancos y espumosos. En ese contexto, concluye que “el Cava está plenamente alineado con las grandes tendencias de futuro del sector del vino: calidad, sostenibilidad y territorio”.
