Vinos de avión de Iberia: Marqués de Vitoria Crianza 2016, Viña Arnáiz Crianza 2015, Faustino VII Blanco 2018 y Mayor de Castilla 2018
¿Qué vinos puedes tomarte a bordo de un avión de Iberia en Business Class? En la actualidad, si es un vuelo intercontinental, la oferta es, cuanto menos, amplia, pero si vuelas entre dos ciudades europeas, la cosa se reduce, ya que puedes elegir entre Marqués de Vitoria Crianza 2016, Viña Arnáiz Crianza 2015, Faustino VII Blanco 2018 y Mayor de Castilla 2018, o sea: dos tintos de Rioja y Ribera del Duero y dos blancos de Rioja y Rueda, respectivamente.

Ha sido un día duro. Viajas por la tarde para poder reunirte, al día siguiente, a primera hora. Hoy has tenido que apretar los dientes y sacar adelante la jornada renunciando a comer. Has llegado corriendo al aeropuerto, acabas de embarcar, te sientas en la plaza 4 Delta, se encienden los motores y, cuando el pájaro ya ha alcanzado la altura de crucero, la azafata te ofrece una bebida:
–Vino, por favor.
–¿Blanco o tinto?
–Depende. ¿Qué tenéis?
La azafata se vuelve hacia el carrito y te enseña las cuatro mini-botellitas bordelesas. Tienes poco tiempo para decidir. Te suena alguno, pero no estás seguro… No pasa nada. Vamos a contarte lo que hay para que puedas decidir cuál de estos “pequeñines” se adapta a tus gustos o a las necesidades del momento.

Marqués de Vitoria Crianza 2016

De todas las opciones, este “cuarto de botella” es probablemente la alternativa más interesante. Lo elabora la bodega homónima en Oyón, en la Rioja alavesa, un productor que dispone de 58 hectáreas de viñedo propio de Tempranillo y otras cuatro de Viura ubicadas en los municipios de Oyón, Barriobusto y Mendavia.
A pesar de pertenecer a una bodega mediana que forma parte de un gran grupo (Faustino), este Marqués de Vitoria Crianza 2016 ofrece cierta personalidad y puede convencer tanto a los clásicos consumidores de Rioja como a quienes busquen un vino, si no ya delicioso, sí al menos correcto.
En nariz ofrece fruta muy madura. Aunque no resulta fácil sacar matices en las pequeñas copas del avión (que, al menos, son de cristal), sí encontramos notas de vainilla e incluso miel o, más probablemente, caramelo. La boca es coherente con la nariz, y a la fruta madura le acompañan ahumados, notas de regaliz y tostados ligeros en un trago que acaba con un final largo, ácido y lo bastante agradable como para incitarte a seguir bebiendo hasta acabarte la mini-botella.
La añada 2015 (que se servía al menos hasta enero de 2019, cuando lo disfrutamos por última vez) era algo más ligera, más fresca y algo más especiada. Y, en cualquier caso, se trata siempre de una buena opción para acompañar nuestra comida a bordo.

Viña Arnáiz Crianza 2015
Viña Arnáiz Crianza 2015.

Viña Arnáiz Crianza 2015

La bodega que da nombre a este clásico Ribera del Duero se ubica en la burgalesa localidad de Haza, donde posee un viñedo de 80 hectáreas en el que la Tinta del País (Tempranillo) convive con Cabernet Sauvignon y Merlot. No obstante, nuestro Crianza es un monovarietal de Tempranillo de vendimia manual, larga maceración y 14 meses de crianza en barricas nuevas de roble francés y americano.
Se trata de un tinto realmente digno, aunque quizá algo falto de complejidad o personalidad. Sus aromas son limpios, con la fruta negra como protagonista y unos moderados toques de madera (siempre teniendo en cuenta que la estrechísima copita de Iberia no es la herramienta óptima para sacar matices olfativos). En boca es facilón, con taninos muy suaves. Su trago no es muy largo, y en su final hay un posgusto alcohólico. Pero Viña Arnáiz Crianza 2015 no es, ni mucho menos, un mal vino, acompaña muy bien los eclécticos menús de a bordo y deja una agradable sensación final.
También hay que decir que su mini-botella bordelesa de cuello estrecho y etiqueta moderna ofrece una de las mejores presentaciones que hemos visto en los vinos de avión.

Faustino VII Blanco 2018
Faustino VII Blanco 2018.

Faustino VII Blanco 2018

Si te apetece blanco, quédate con este; un monovarietal de Viura (Macabeo) procedente del viñedo propio de la bodega, que totaliza nada menos que 650 hectáreas, ubicadas en las localidades de Laguardia y Oyón.
Faustino VII 2018 es un blanco sin crianza, seco y muy ligero. A la vista llama la atención un color amarillo casi transparente, mientras que en nariz es donde muestra mayor intensidad, con un potente aroma a flores blancas que deja en un segundo plano los olores de una fruta blanca realmente tímida. En la boca nos ofrece una enorme acidez cítrica y tartárica, con un final amargo bastante agradable. No hay equilibrio, no hay intensidad, pero en conjunto no resulta difícil de beber, y lava bien la boca después de cada trago de comida.

Mayor de Castilla Verdejo 2018
Mayor de Castilla Verdejo 2018.

Mayor de Castilla Verdejo 2018

Si Viña Arnáiz era la apuesta tinta de García Carrión, este vino de la D. O. Rueda es su apuesta blanca. Se trata, otra vez, de un monovarietal, pero en esta ocasión con la Verdejo como protagonista.
De los cuatro vinos ofrecidos en la Business de Iberia, Mayor de Castilla Crianza 2018 es, de largo, el menos convincente. Las frutas tropicales lo dominan todo, la nariz y la boca. Tampoco faltan una buena dosis de glucosa y un toque de tartárico. Buscando mucho, encontramos algo de amargor en el final del trago, pero no es suficiente para hacernos beber un poco más. Pero quizá lo peor es que no funciona bien con el menú; es demasiado dulce, demasiado poco equilibrado.

Bonus track: Arnegui, Pedro García & Codorníu 1551

Y si no viajas en Business y se te antoja también un vino a bordo, actualmente tienes dos opciones: Arnegui (un Rioja joven de Félix Solís) o Pedro García (blanco de Madrid elaborado con uva Malvar). En ambos casos, la botellita de unos 18,5 centilitros te costará 5,5 euros. O sea, que pagarás por un cuarto de botella algo más de lo que pagarías por la botella entera. Por un euro más, puedes disfrutar de un cava brut nature Codorníu 1551 de 20 centilitros que, muy probablemente, no estará frío o no lo bastante.
Y ya no hay más opciones. Bueno, sí: Puedes comprar un vino un poco más decente en las tiendas de la zona de embarque y acceder con él al aparato. Posiblemente no le haga mucha gracia a la tripulación, pero si puedes subir a bordo con una Coca-Cola, ¿por qué no con un vino? Ahora bien, asegúrate de que la botella tenga un tapón de rosca, porque no va a ser fácil que te dejen pasar un sacacorchos por el control de acceso…