Eno Cultura, la escuela más exitosa de WSET, encabeza una revolución del vino en Brasil

Hace trece años casi nadie en Brasil hablaba de WSET. Hoy una escuela de São Paulo, Eno Cultura, acaba de lograr algo que ninguna otra del mundo ha conseguido en la primera edición de los premios de la institución: ser highly commended en las tres categorías. Y esa “encarecida recomendado” o, “mención de honor” no es una anécdota menor para el vino español.

En la primera edición de los Excellence in Education Awards de WSET (Wine & Spirit Education Trust, la institución de referencia mundial en formación de vinos y destilados), una escuela de São Paulo, Eno Cultura, ha logrado algo que ninguna otra de las 110 candidaturas de 28 países y territorios ha conseguido: ser highly commended en las tres categorías —Enterprise, Student Experience y Social Impact—, un triple reconocimiento que no es solo un premio educativo. Es la confirmación de que, en uno de los pocos mercados donde el consumo de vino sigue creciendo, la formación profesional abre nuevas oportunidades de negocio, especialmente para los productores de vino de calidad.

Los datos lo respaldan. En 2025 Brasil importó 165,1 millones de litros de vino por un valor de 511,2 millones de euros, según las aduanas brasileñas analizadas por la Interprofesional del Vino de España (OIVE). El volumen creció un 3,5 % y el valor un 1,7 %. España, lejos aún de Chile, Argentina o Portugal, ocupó la sexta posición en valor y la quinta en volumen, con 29,2 millones de euros (+13,7 %, el mayor crecimiento porcentual entre los seis primeros proveedores) y 9,8 millones de litros (+4 %).

Dentro de Mercosur, Brasil concentra alrededor del 75 % del valor y el 89 % del volumen de las exportaciones españolas de vino al bloque. Se trata de un mercado de más de 200 millones de habitantes, todavía joven en cultura vinícola, donde un conocimiento profesional sólido puede facilitar —o dificultar— la entrada de vinos de orígenes menos conocidos y menos masivos.

Una revolución que empieza en un taller de costura

Thiago Mendes, fundador y educador de Eno Cultura, lo entiende desde hace trece años. Su historia no empieza en una bodega ni en una sala de catas. Empezó en Londres, donde había llegado para estudiar moda, con poco inglés, poco dinero y sin ninguna intención de dedicarse al vino.

Allí descubrió que el vino formaba parte de la vida cotidiana, no de un círculo cerrado de expertos. La curiosidad le llevó a comenzar con las cualificaciones WSET, hasta llegar al Diploma. En 2007 se convirtió en el primer embajador del International Wine Challenge para Brasil y México. Para entonces, el virus del vino le había inoculado de tal forma que ya no había posibilidad de curación alguna. En 2013 regresó a São Paulo y fundó Eno Cultura con una convicción clara: el conocimiento global solo importa si se traduce al idioma, al mercado y a la forma de aprender de un país concreto.

Cuando abrió la escuela, Brasil no tenía centro autorizado para el Diploma WSET. Estudiar a nivel avanzado solía significar viajar al extranjero. Eno Cultura ayudó a organizar el primer curso del Court of Master Sommeliers en el país (2016), se convirtió en el primer centro Diploma de Brasil y Sudamérica (2019) y en 2026 acogió el primer curso introductorio oficial del Institute of Masters of Wine.

Foto: Eno Cultura / Eine+Partners.

Hoy la Gérard Basset Foundation describe Eno Cultura como el mayor proveedor de cursos WSET de América Latina. Es el único de la región que ofrece los cuatro niveles de vino, incluido el Diploma, y suma más de 30 cualificaciones internacionales. Ha formado a más de 15.000 alumnos.

La independencia es parte de su credibilidad. La escuela no representa marcas ni importadores. Los vinos que se catan en clase se eligen por lo que enseñan, no por lo que venden. Más allá de los cursos formales, las masterclasses y las catas profesionales reúnen a productores, sumilleres, importadores y consumidores en la misma conversación. Ese espacio intermedio es especialmente valioso para orígenes como el español: permite explicar un Priorat, un Ribeiro o un Cava en contexto, lejos del ruido de las etiquetas más conocidas.

Eno Cultura también posee una dimensión social

La dimensión social completa el círculo. En 2025, el programa Wine for Life, apoyado por la Gérard Basset Foundation, formó a 50 profesionales de la hostelería para quienes el coste de la certificación hubiera sido una barrera. Sommeliers do Futuro, desarrollado con WSET e Instituto Ser+, otorgó 15 becas completas y ofreció doce meses de orientación profesional; educación no solo como examen, sino como acceso a una carrera y como refuerzo del mercado.

“Recibimos este reconocimiento con humildad y gran honor. Refleja nuestro compromiso de transformar vidas a través de la educación y pertenece a nuestro equipo, educadores, socios y alumnos. Demuestra que la excelencia cultivada en Brasil puede ganar reconocimiento internacional e inspirar a personas en todo el mundo”, reconoce Thiago Mendes.

Cabe recordar que WSET, fundada en 1969, es un organismo independiente y sin ánimo de lucro que ofrece cualificaciones reconocidas globalmente en vino, destilados, sake y cerveza a través de más de 800 proveedores en más de 70 países.

Los Excellence in Education Awards miden, por primera vez de forma estructurada, la capacidad empresarial, la experiencia del alumno y el impacto social de esas escuelas. Que una institución brasileña haya sido la única highly commended en las tres categorías no es un detalle menor: señala que la formación de calidad puede desarrollarse fuera de los centros tradicionales de la cultura del vino.

Eno Cultura, la escuela más exitosa de WSET, encabeza una revolución del vino en Brasil
El equipo de Eno Cultura. Foto: Eno Cultura / Wine+Partners.

¿Por qué es importante para España?

Para el sector español, el mensaje es doble. Por un lado, Brasil es un mercado que sigue comprando más vino y que, año tras año, muestra mayor disposición a pagar por calidad y origen. Por otro, una red de profesionales cada vez mejor formados que pueden convertirse en prescriptores, importadores o sumilleres capaces de defender vinos de calidad es siempre positivo para nuestra industria, centrada cada vez más en la calidad y menos en el volumen.

Pero Eno Cultura no es un intermediario comercial. En realidad, es mucho más que eso. Es parte de la infraestructura que hace posible que esos vinos encuentren su lugar, una cata y una conversación cada vez. Es parte de un movimiento capaz de generar la masa crítica para convertir un país de más de 200 millones de habitantes en un pujante mercado ávido de descubrir nuevas regiones, nuevos paisajes, nuevas variedades…

Trece años, más de 15.000 alumnos y un triple reconocimiento mundial son parte de ese motor de cambio. Y es que la formación no es el camino más fácil, más rápido ni el más económico, pero es, sin ninguna duda, el mejor de todos los caminos.