Familia Torres en RegeneraCat: suelos más vivos y costes competitivos

Dos años de muestras, datos y comparativas en cuatro fincas catalanas aportan la base científica que le faltaba a un modelo que ya funcionaba sobre el terreno. Estos son los resultados finales del proyecto RegeneraCat, liderado por el CREAF, financiado a través del Fondo Climático del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, y gestionado por la AGAUR.

El proyecto ha contado con cuatro fincas, una por provincia catalana, cada una representando un tipo de cultivo distinto: huerto (Verdcamp Fruits, en Cambrils), viñedo (Familia Torres, en Pacs del Penedès), frutales (Pomona Fruits, en Ivars d’Urgell) y ganadería de pasto (Planeses, en Sant Ferriol). En cada una de ellas se compararon parcelas gestionadas de forma regenerativa con otras de manejo convencional.

Uno de los hallazgos más llamativos es el que tiene que ver con la salud del suelo. Las fincas de Verdcamp Fruits y Pomona Fruits registraron una concentración de carbono en el suelo al menos un 35% superior en las parcelas regenerativas. En el caso de Familia Torres, el estudio detecta una evolución positiva, aunque los investigadores advierten que en cultivos de secano y leñosos como el viñedo los cambios son más lentos. La bodega empezó su transición hacia el modelo regenerativo en 2020 y actualmente lo aplica en más de la mitad de sus aproximadamente 1.000 hectáreas de viña ecológica en Cataluña, con la intención de extenderlo a la totalidad antes de 2030. En las primeras fincas donde se implantó —Mas La Plana en el Penedès, Mas de la Rosa en el Priorat y Milmanda en la Conca de Barberà— ya se han observado mejoras en la fertilidad del suelo y, sobre todo, un aumento de la biodiversidad. Con todo, desde la propia bodega reconocen que en un contexto de sequía y sin riego, la transición no es sencilla y puede afectar a la productividad durante los primeros años.

La capacidad de retención de agua también mejora en el modelo regenerativo: es al menos un 9% más alta en las parcelas regenerativas, lo que según Sara Marañón, investigadora del CREAF, «supone que pueden absorber más agua en caso de inundación y tener más reservas en caso de sequía». Además, en verano las temperaturas máximas del suelo pueden reducirse hasta 3,6 grados respecto al modelo convencional.

A nivel de biodiversidad, el suelo regenerativo acoge mayor variedad de bacterias, hongos y microartrópodos, entre ellos especies bioindicadoras de calidad ecosistémica. Xavier Domene, investigador del CREAF, señala que «aparecen especies reconocidas como biopesticidas comerciales, como Metarhizium sp., que pueden actuar como control natural de plagas». En cuanto a los polinizadores, los campos regenerativos presentaron mayor diversidad floral, especialmente en los márgenes, y los frutos de rábano usados como planta indicadora contenían un 10% más de semillas, lo que apunta a una polinización más completa.

El análisis nutricional se realizó sobre cinco productos de tres de las fincas: calabazas y calabacines de Verdcamp Fruits, peras de Pomona Fruits, y leche y yogur de Planeses. Dolores Raigón, investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia, subraya que «hay pocos trabajos que, como éste, hayan evaluado la densidad nutricional de los alimentos obtenidos con técnicas regenerativas». Las calabazas regenerativas presentaron mayor contenido mineral y más sustancias antioxidantes; los calabacines, más proteínas y mayor densidad nutricional en general. Las peras mostraron el doble de capacidad antioxidante. En el caso de los lácteos, los resultados son especialmente relevantes desde el punto de vista cardiovascular: tanto la leche como el yogur de Planeses presentaron índices aterogénicos y trombogénicos más bajos, asociados a un perfil lipídico más favorable.

En cuanto a la viabilidad económica, los resultados confirman lo ya observado durante el primer año: una vez recuperada la salud del suelo, el modelo regenerativo puede igualar la producción del convencional con costes similares o incluso menores. Javi Retana, investigador del CREAF y coordinador del proyecto, lo resume así: «En conjunto, los resultados son muy esperanzadores y avalan a nivel científico los beneficios de la agricultura regenerativa, tanto a nivel medioambiental como para la salud de las personas».

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