Enate y Laus: Un territorio, dos relatos

Hay algo que Enate y Laus comparten: el mismo terruño, los mismos propietarios y la misma convicción de que el Somontano tiene mucho que decir. Lo que separa a ambas bodegas es la manera en que cada una ha decidido contar su relato. Durante dos días en El Somontano (Huesca) recorrimos viñedos, visitamos las bodegas y abrimos botellas suficientes para entender que estamos ante dos proyectos que se complementan sin pisarse, cada uno hablando a un público diferente con la misma honestidad de fondo.

Visita a Laus y Enate. Terraza de Laus.
Terraza de Laus.
Visita a Laus y Enate. Sala de barricas de Enate.
Sala de barricas de Enate.

El viaje arrancó en Laus, con Jesús Mur, su enólogo, como anfitrión. Barbastrense hasta la médula y tras haber crecido entre viñedos acompañando a su padre, viticultor, Mur lleva ligado a la bodega desde 2003. Se nota en la forma en que habla de cada parcela, en el conocimiento que tiene de cada suelo, en esa pasión que muestra cuando habla del proyecto. Al día siguiente, de la mano de Ana Gállego —directora de marketing y comunicación— y Jesús Artajona —enólogo de Enate—, recorrimos una bodega que combina arte y vino como pocas. Artajona es de esas personas que habla con calma, con precisión y sin necesidad de convencer a nadie. Simplemente te cuenta las cosas tal y como las ve. Y, sinceramente, nos encanta descubrir El Somontano a través de esa visión personal de Jesús.

Visita a Laus y Enate. Jesús Mur.
Jesús Mur, en la sala de barricas de Laus.
Visita a Laus y Enate. Jesús Artajona.
Jesús Artajona, en la torre de la catedral de Barbastro.

El viñedo como punto de partida

Ambas bodegas, decíamos, comparten viñedo. Enate trabaja 600 hectáreas repartidas en cinco zonas geográficamente separadas —Enate I, Enate II, Cregenzán, Alcanetos, Salas y Bachimaña—, con altitudes que oscilan entre los 400 y los 700 metros. Laus cultiva 100 hectáreas distribuidas por diversas zonas al sur de la denominación de origen, concentradas principalmente en el paraje de Las Almunietas, a entre 350 y 400 metros de altitud, sobre suelos calizos y pedregosos de textura franca. En total, el grupo gestiona 700 hectáreas de viñedo propio en El Somontano, un patrimonio vitícola que pocas bodegas de la denominación pueden igualar.

El segundo día del viaje amaneció en los viñedos de altura de Bachimaña, de la mano de Jesús Sesé hijo, técnico de Enología y Viticultura de las dos bodegas y quien está tomando el relevo de su padre, Jesús Sesé, director de Viticultura de Enate y Laus. A unos 640-650 metros sobre el nivel del mar —unos 300 metros más que en el resto de viñedos de Enate y Laus— la temperatura media en esta zona baja en torno a tres grados, lo que favorece maduraciones más lentas y una concentración fenólica superior. Los suelos son calcáreos, de textura mayoritariamente limosa, cultivados en secano.

Visita a Laus y Enate. Jesús Sesé.
Jesús Sesé, en una de las parcelas del viñedo de Bachimaña.

La gestión del viñedo la abordan con una combinación de trabajo minucioso y tecnología de precisión. La bodega utiliza mapas de vigor por satélite que actualizan la imagen de cada parcela cada cinco días, lo que permite detectar zonas con distintos comportamientos e incluso hacer dos vendimias diferenciadas dentro de la misma finca según la madurez. Jesús Sesé hijo es un defensor de la vendimia mecánica nocturna: “Si con el trabajo y con la tecnología he conseguido que toda la parcela sea homogénea, la vendimia mecánica nocturna me da lo mismo que la manual, y además la uva llega fría a la bodega”.

El primer día, en cambio, habíamos disfrutado de una comida en el merendero de Enate, con vistas a la parcela 234, esa finca de Chardonnay que da nombre al blanco más conocido de la bodega. Allí, junto a Jesús Artajona, Jesús Mur, Jesús Sesé padre y Luis Nozaleda —director de Enate—, Artajona explicó la filosofía que guía hoy el trabajo en el viñedo. Las vides, de unos 25-26 años, se trabajan en espaldera con poda en verde y sistemas extensibles que permiten que los pámpanos caigan sobre los racimos creando un efecto paraguas. “Antes se buscaba exponer la uva al sol para conseguir más concentración” señaló Artajona. “Ahora queremos sombrearla, que esté más fresca, para retener la acidez y la fruta”; un cambio de filosofía que refleja el momento que vive la viticultura debido al cambio climático y también a que el consumidor busca vinos menos concentrados y más frescos.

Visita a Laus y Enate. Viñedo 234.
Parcela 234 desde el mirador del merendero de Enate.

Dos estilos, dos públicos

Enate construye su gama sobre variedades internacionales —Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Gewürztraminer— perfectamente adaptadas al terruño del Somontano. Son vinos de vocación gastronómica, con estructura, con potencial de guarda, pensados para acompañar una comida o una sobremesa tranquila. Laus, en cambio, ha ido abrazando cada vez más la Garnacha —tanto en su versión tinta como en la blanca— y ha apostado por vinos más accesibles, más ligeros, más orientados al consumidor que busca frescura y carácter sin complicaciones. Son dos relatos distintos apoyados sobre el mismo paisaje.

La gama de Laus: de la flor al vino sin alcohol

Jesús Mur firma una gama que en su extremo más joven y festivo tiene a Blum by Laus, un frizzante de edición limitada en botella coleccionable ilustrada por la artista Eva Armisén. El nombre es un calco fonético de bloom, floración en inglés, y también la onomatopeya del descorche. Existe en versión rosado, elaborado con Garnacha, y en blanco, con Garnacha blanca; ambos concebidos para tomarse muy fríos, con hielo si se quiere, y pensados para llegar a ese consumidor más joven que todavía no ha encontrado su vino.

Armisén lo explicó con precisión al hablar del encargo: “Queríamos algo fresco, colorido, burbujeante, como el vino, que transmitiera vida y alegría. Pensé en la explosión de las flores: representa todo un proceso de la naturaleza, igual que la elaboración del vino”.

En el mismo espíritu, aunque en formato diferente, Cero by Laus es un vino desalcoholizado de Gewürztraminer —la única variedad aromática de la gama— que mantiene los aromas florales y cítricos característicos de la variedad. Es una apuesta real por un mercado que crece y al que el sector vitivinícola todavía está buscando cómo darle respuesta.

Laus Chardonnay-Garnacha, Laus Rosado y Laus Garnacha representan la cara más reconocible de la bodega: vinos limpios, frutales, para disfrutar sin complejos, vinos fáciles para todos los públicos. Los vinos con crianza, Laus Crianza y Laus Reserva, nos muestran otra cara de la bodega: vinos con más estructura y profundidad pensados para acompañar una comida. Nos cuenta Jesús Mur: “La primera añada de reserva la elaboré en Bodega Pirineos, antes de que Laus tuviera bodega propia. Vine con los propietarios a hacer ese primer vino. Fue el primero que elaboré de Laus.” Sin duda, se trata de un vino al que se nota que Jesús tiene especial cariño.

Visita a Laus y Enate. Botellas de la cata de Laus.

La gama de Enate: variedades internacionales con acento aragonés

Artajona lleva la misma honestidad al relato de su bodega. Enate Rosado, elaborado con Cabernet Sauvignon mediante prensado directo, fue el vino que puso a Enate en el mapa cuando la bodega era todavía una desconocida, en 1992. “La familia Nozaleda son todos muy futboleros”, cuenta Artajona, “y el padre de Luis me dijo: vamos a fichar a un killer del área. Y el mejor killer para un buen rosado es el Cabernet Sauvignon, que ha demostrado sus aptitudes en las mejores ligas del mundo”. Aquel rosado ganó la Copa de Oro de la Unión Española de Catadores y situó a Enate en el mapa.

Enate Chardonnay Fermentado en Barrica es otro de los pilares históricos de la bodega, y una de las referencias que más ha evolucionado en su estilo a lo largo de tres décadas. Fermenta en barrica y permanece actualmente entre cuatro y cinco meses en madera, frente a los ocho que estuvo durante años. “El cambio lo empezamos a hacer hace unos veinte años, de forma progresiva”, explica Artajona. “Y no lo expliqué públicamente hasta que ya se había consolidado, porque cuando dices que estás cambiando algo, a cierta gente ya le entra mal”. El resultado es un vino más fluido, más ágil en el paladar, que respeta la fruta sin perder ese punto untuoso que lo hace ideal para platos de cuchara. Lo catamos en tres añadas que cuentan tres momentos distintos del vino:

Enate Chardonnay Fermentado en Barrica 2015: Quizás su nariz estaba un poco cansada, pero a nosotros nos conquistó, fruta de hueso, cítricos, frutos secos y esas notas de hidrocarburos que hacen que inmediatamente queramos llevarnos la copa a la boca para descubrir un trago fino, elegante, equilibrado, complejo y muy largo.

Enate Chardonnay Fermentado en Barrica 2020: Probablemente el vino que objetivamente estaba en el mejor momento, aunque nosotros tuviéramos debilidad por el 2015. Fruta de hueso, cítricos y frutos secos comparten protagonismo en nariz. En boca mantiene la acidez en un trago más rotundo, de muy buen volumen y muy largo; un vino donde todo está en su sitio.

Enate Chardonnay Fermentado en Barrica 2023: Estamos ante la añada que está actualmente en el mercado. Con una nariz con la fruta de hueso y los cítricos en primer plano acompañados de notas ahumadas y tostadas. En boca es más fluido y ágil que en añadas anteriores, con muy buena acidez y con la madera bien integrada. Pero después de haber catado tanto la añada 2020 como la 2015, no podemos evitar imaginar cómo será este vino dentro de cinco años.

Visita a Laus y Enate. Botellas de la cata del Fermentado en Barrica y la gama Varietales.

La visita a Enate el segundo día incluyó también un recorrido por la gama varietales, todos de la añada 2022, con Enate Varietales 2021 como cierre. Son vinos elaborados con una filosofía común: depósitos pequeños, vendimias selectivas en el momento óptimo, maceraciones controladas y crianza en barrica de entre 14 y 16 meses en los monovarietales, con énfasis en el equilibrio y la expresión varietal por encima de la extracción; vinos para disfrutar en la mesa.

Enate Merlot-Merlot 2022 abre la serie con ese carácter frutal maduro, democrático y amable que lo convierte en lo que Artajona define como “un vino de consenso, un vino para comer”. Enate Syrah-Shiraz 2022 es otra cosa: más potente, con notas torrefactas, rotundo, goloso pero con carácter propio. Enate Cabernet-Cabernet 2022 aporta el contrapunto balsámico y complejo, con una estructura en la que la añada 2022 se muestra especialmente amable. El cierre llegó con Enate Varietales 2021 —40 % Syrah, 30 % Merlot, 30 % Cabernet Sauvignon—, que funciona como síntesis de todo lo anterior: elegante, equilibrado y complejo, quizás el vino donde mejor se ve el potencial de las variedades internacionales en el viñedo del Somontano.

Los Uno de Enate: Los vinos más especiales

La gama Enate Uno nació con una vocación clara: mostrar lo que sus mejores viñedos son capaces de ofrecer. “Queríamos subir un escalón y demostrar que podemos codearnos con los más grandes”, explica Artajona. Se trata de dos vinos —un blanco y un tinto— elaborados para extraer el máximo de cada parcela y de todo lo que este territorio tiene.

Enate Uno Chardonnay 2019 procede de una viña plantada en 1982 en el paraje Planacor, a apenas un kilómetro de la bodega, sobre suelo arenoso —una rareza en una zona dominada por el limo y la arcilla— y que presume de ser la finca de Chardonnay más antigua del Somontano. La plantó Jesús Sesé junto a su padre, y hoy es su hijo quien está a su cargo; tres generaciones cuidando de la misma viña.

Enate Uno Chardonnay 2019 fermenta en barricas nuevas de roble francés, donde también tiene una crianza de diecinueve meses. Es un vino con producción muy limitada, y no ha salido en todas las añadas: desde el primero en 2003, se han elaborado el 2006, el 2011, el 2012, el 2013 y el 2019. El siguiente será el 2021. En la copa, Artajona lo presentó como un vino en el que se trabaja sin red. “Lo mejor de este vino, aparte de escuchar a alguien que te dice «¡qué barbaridad, qué es esto!», va a ser que veáis que es un auténtico desfile de aromas ahora y dentro de media hora”. Y así fue: notas cítricas, turrón, yodo, toques salinos, melocotón en almíbar, pistachos, tostados. Se trata de un vino que supera los 15 grados de alcohol, casi roza los 16, pero con una integración tal que nadie en la mesa acertó a adivinarlo. “Que me digáis que tiene 14 grados es un halago para el vino”, bromeó Artajona.

Enate Uno Tinto 2016 lo catamos al atardecer en la torre del campanario de la catedral de Barbastro, y eso lo convirtió en una experiencia difícil de olvidar. 85 % Cabernet Sauvignon y 15 % Merlot, con 20 meses de crianza en barricas nuevas de roble francés de grano extrafino, sin clarificar ni estabilizar. El Cabernet procede de Los Cadiellos, uno de los viñedos más antiguos de la bodega; el Merlot, del Valle de Enate.

Visita a Laus y Enate. Copa de Uno tinto.

En nariz es muy intenso, de corte balsámico y notas tostadas, pero con una frescura notable que lo aleja de cualquier tentación licorosa. La fruta madura aparece en un segundo plano, sutil, dejando que sean los aromas más complejos los que lleven la voz cantante. En boca tiene mucha fuerza y personalidad: tanino pulido en un trago largo, con estructura para la guarda y con esa capacidad de evolucionar muy lentamente que tienen los vinos que no tienen prisa.

Arte en la bodega y en las etiquetas

No se puede escribir sobre Enate sin hablar de su colección de arte. Ana Gállego guió la visita a la Sala de Arte, donde más de cien originales conviven con una línea del tiempo que recorre las etiquetas de todos los vinos desde 1992. Antonio Saura fue el primer artista en vestir una botella —la del Chardonnay fermentado en barrica de ese año inaugural—, y desde entonces la colección ha crecido hasta incluir nombres como Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Rafael Canogar, Salvador Victoria o Juan Genovés. Más de cien millones de reproducciones de esas obras han salido de los almacenes de Enate en treinta años, y más de treinta millones de ellas han viajado a más de cuarenta países.

Visita a Laus y Enate. Ana Gállego.
Ana Gállego explicando una de las obras de Javier Garcera.
Visita a Laus y Enate. Obra de Jaume Plensa.
Original y etiqueta de Jaume Plensa.

La bodega también puso en marcha en 2020 la primera aceleradora de arte de Aragón, A3RTE, junto a Impact Hub Zaragoza, y trabaja hoy con un programa de residencias artísticas en el que los seleccionados pasan tiempo en el Balneario de Panticosa y en la propia bodega antes de crear sus obras. “Hay artistas que han trabajado con pigmentos hechos a partir de uvas, hojas y tierra de la finca”, contó Ana Gállego durante la visita. El vínculo entre el vino y el arte en Enate no es un argumento de marketing, sólo hay que escuchar hablar a Ana de la colección; el arte forma parte de la bodega, y eso se nota en cada rincón.

Un mismo horizonte, dos perspectivas

Al final del segundo día, con el Pirineo al fondo y los viñedos presumiendo de verde bajo el sol de junio, quedaba clara la lógica de este proyecto compartido. Enate y Laus no compiten entre sí: se reparten el Somontano. Una bodega apuesta por la complejidad y la gastronomía; la otra por la accesibilidad, la Garnacha y el público joven. Las dos tienen viñedo propio, las dos trabajan con rigor, y las dos llevan años demostrando su saber hacer en cada botella de vino.

Visita a Laus y Enate. Botellas de la comida en el merendero de Enate.
Visita a Laus y Enate. Botellas de la cena en Trasiego.
Visita a Laus y Enate. Botella de Uno Tinto en la torre de la catedral de Barbastro.

Otras botellas descorchadas durante nuestra visita a Laus y Enate.

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