Finca Río Negro acaba de presentar en Madrid sus nuevas añadas bajo el sello de Vino de Pago, y los vinos confirman el cambio impulsado por Xavier Ausás: más tensión, más acidez, más finura.
Xavier Ausás no se refiere a ningún vino en particular. Habla de Finca Río Negro en su conjunto, de su viñedo, de su historia y de todo lo que aún permanece latente en ella. Lo hace durante la presentación, sentenciando con una de esas frases que resumen un proyecto mejor que cualquier ficha técnica o dosier de prensa: “Yo siempre he visto Finca Río Negro como una dama dormida”.
Lo dice con la serenidad propia de uno de los grandes referentes del vino en España, la serenidad y la confianza de quien llevó las riendas durante diecisiete años de la parte técnica de Vega Sicilia y sabe que los grandes vinos y los grandes proyectos no tienen prisa.
La imagen de la dama durmiente es verdaderamente ilustrativa. Durante más de dos décadas, la familia Fuentes ha cultivado en Cogolludo (Guadalajara), a 1.000 metros de altitud, un viñedo cuyo potencial siempre pareció ir un paso por delante de lo que mostraba la copa. Así que durante la presentación de las nuevas añadas la pregunta flotaba sobre la mesa desde el primer sorbo: ¿ha empezado a despertar la dama?
La cita tuvo lugar en Doki Doki, un pequeño restaurante japonés “escondido” en la pequeña calle Villalar, a un paso de la Puerta de Alcalá, en una de las zonas gastronómicamente más pujantes de Madrid. Su estética minimalista pero acogedora, un servicio impecable y una cocina de altísimo nivel sirvieron de escenario a la presentación a la prensa de las nuevas añadas de la bodega. La condujo Víctor Fuentes, director comercial de la casa, junto a Ausás, su director técnico. Sobre la larga mesa corrida desfilaron cinco vinos, cada uno emparejado con un pase del menú, que llegan al mercado amparados por la D. O. P. Río Negro. Es la segunda colección que la bodega lanza con este sello, después de que las añadas anteriores estrenaran la nueva contraetiqueta en septiembre de 2025.
Finca Río Negro: Un pago “de libro” a 1.000 metros de altitud
La historia de Finca Río Negro es la de un rescate. En Cogolludo, la viticultura está documentada desde hace cinco siglos, y los racimos tallados en la portada renacentista del palacio de los Duques de Medinaceli dan buena fe de ello. La llegada de la filoxera, en 1920, la empujó al olvido. La guerra, la despoblación y el cereal hicieron el resto. En 1998, tras diez años de búsqueda, José Manuel Fuentes compró una finca de 600 hectáreas junto al Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara. Un año después plantó una primera hectárea experimental. Hoy la propiedad suma 44 hectáreas de viñedo repartidas en 36 parcelas, con rendimientos que oscilan entre 4.000 y 6.000 kilos por hectárea, y la bodega es miembro del CERVIM, el organismo internacional que defiende la viticultura de montaña.

Durante años, sus vinos se certificaron bajo la I. G. P. Vino de la Tierra de Castilla. En marzo de 2025, la Unión Europea publicó el registro de la D. O. P. Río Negro, que se convirtió en la denominación de origen protegida de vinos número 105 de España. Su reglamento autoriza las variedades tintas Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot y Tinto Fragoso (de la que hablaremos largo y tendido a su debido tiempo), y exige a los tintos un envejecimiento mínimo de once meses, de los que al menos cinco deben transcurrir en roble. A estas castas se suma la blanca Gewürztraminer, la variedad más temprana de la finca y un auténtico emblema de la bodega. Víctor Fuentes nos contó en una anterior ocasión que el expediente se resolvió en apenas dos años porque este es un pago “de libro”.
La otra gran novedad de esta etapa tiene nombre propio. Ausás llegó a la bodega en la primavera de 2022 para tomar el relevo de Juan Mariano Cabellos, el enólogo que concibió el viñedo desde cero. En nuestra última visita a la finca, al catar varias añadas aún no comercializadas, percibimos un cambio a partir de la cosecha 2022, con vinos más fluidos, más balsámicos y más verticales. En Doki Doki, Ausás ofreció una palabra para ese cambio, y la repitió una y otra vez a lo largo de la presentación, casi como un mantra: tensión.
Una Gewürztraminer con más boca y un tinto de acceso que es “casi” demasiado serio
El recorrido comenzó con Finca Río Negro Gewürztraminer 2025, el único blanco de la casa, elaborado íntegramente con Gewürztraminer y sometido a cuatro meses de crianza sobre lías. Como ya nos ha ocurrido con otras añadas catadas de este monovarietal, arranca tímido, con una ligera reducción que lo mantiene replegado sobre sí mismo durante los primeros compases. Solo necesita tiempo. A lo largo de la comida, cada vez que volvíamos a la copa, lo encontrábamos más expresivo y más varietal. Primero asoma la fruta de hueso fresca; después, a medida que el vino se oxigena, toman el relevo los aromas florales y unas notas terpénicas que derivan hacia el hidrocarburo, sin que las flores lleguen nunca a imponerse a la fruta.
En boca se muestra amplio, con buena intensidad, una longitud suficiente y una presencia evidente del trabajo con lías. Lo que más nos seduce, sin embargo, es su sapidez, un punto casi salino que alarga el trago y lo hace más gastronómico. Ese perfil responde a una decisión deliberada. “Hemos querido potenciar la boca de la Gewürztraminer”, explicó Ausás, y la copa le da la razón. Quizá estemos ante la mejor añada de este blanco hasta la fecha, y en él se reconoce claramente la mano del enólogo. Junto al trío de bocados que abrió el menú, con esturión macerado en miso y yuzu con huevas de salmón, kani korokke y tartar de hamachi sobre crujiente de salmón con polvo de cítricos, su frescura y su sequedad encontraron un compañero natural.

Le siguió 992 Finca Río Negro 2024, cuyo nombre recuerda la altitud, en metros, a la que crece su uva. Este tinto ha cambiado de piel. En añadas anteriores, el Tempranillo compartía protagonismo con Syrah y Merlot. Ahora se elabora exclusivamente con Tempranillo, y su crianza de siete meses transcurre solo en barricas de roble francés, cuando antes combinaba roble francés y americano.
Su nariz es muy limpia y elegante, rebosante de fruta roja y negra, con un toque floral de violetas y un fondo balsámico. En boca, el tanino se hace notar, pero nunca molesta, y el vino evoluciona con soltura en la copa a lo largo de toda la comida. Tiene buena intensidad, buena longitud, una complejidad moderada y un equilibrio muy logrado. Tiene también, según Ausás, esa tensión que persigue en todos los vinos de la casa.
Aquí, de hecho, surge una paradoja. Sobre el papel, este es el tinto de acceso de la bodega, pero el papel se le queda pequeño. El propio Ausás reconoce que ha intentado hacerlo menos serio, precisamente porque se solapa con la gama superior. A quien tenga la suerte de encontrarse con esta referencia, en cambio, ese exceso de seriedad le sale a cuenta. Frente al trío de gyozas de pato y foie, de marisco y de wagyu, demostró que puede sostener cualquier plato, y eso no hay muchos tintos de acceso que puedan hacerlo.
De la Syrah opulenta al clasicismo del 5.º Año
Finca Río Negro 2022 es la más reciente iteración del tinto con el que todo empezó. Su primera añada, la de 2007, salió al mercado en 2009 con 10.000 botellas, y esta alcanza ya las 57.576. Ensambla Tempranillo (55 %), Syrah (15 %), Cabernet Sauvignon (15 %), Merlot (10 %) y Tinto Fragoso (5 %), una variedad autóctona de Cogolludo recuperada de un viejo majuelo y catalogada por el Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha. Pasa doce meses en barricas de roble francés. Cuando lo catamos en la bodega, antes de su salida al mercado, nos pareció el punto de inflexión de una nueva etapa.

Hoy lo confirma. Su nariz se muestra discreta al principio y se abre poco a poco, algo que resultó una constante en todos los vinos de la jornada, hasta mostrar fruta roja y negra y un recuerdo de regaliz. En boca tiene buen volumen, un tanino muy cuidado, amable y equilibrado, buena intensidad, mucha longitud y un marcado toque láctico. Es un vino muy de manual, de corte aparentemente técnico. Decimos “aparentemente” porque Ausás asegura que no es partidario de recurrir a productos enológicos, y en efecto no hay nada que delate una gran intervención más allá de su perfecto equilibrio. Acompañó con solvencia uno de los pases más espectaculares de la comida: el falso torto de manitas con tartar de atún, emulsión de aguacate e ito togarashi. Sólo por este bocado ya nos ha merecido la pena la experiencia.
Con Cerro del Lobo 2022 cambia el registro. Este parcelario de Syrah nació en 2016 porque, en palabras de la familia Fuentes, el viñedo lo pedía, y debe su nombre a los lobos que habitan en la finca. Se cría durante doce meses en barricas de roble francés de 500 litros, de primer y segundo año, y su producción ha ido creciendo para ajustarse a su buena aceptación en el mercado.
Es de capa alta, intenso y muy varietal, con fruta negra, regaliz y pimienta sobre una madera bien integrada. En boca se muestra opulento, con un punto láctico y una ligera sensación alcohólica que nunca llega a molestar, porque una acidez notable equilibra toda esa exuberancia y alarga el trago. Junto a un lomo de salmonete de roca cocinado en su punto perfecto con una reducción de carabinero, su potencia encontró una réplica a su altura.

La cata se cerró con Finca Río Negro 5.º Año 2021, el vino de guarda de la bodega, elaborado con Tempranillo (70 %) y Cabernet Sauvignon (30 %). Tras fermentar en tinos de roble, se cría durante dieciséis meses en barricas de roble francés nuevas y de segundo uso. Es una añada singular dentro de esta historia, porque su vendimia es anterior a la llegada de Ausás, aunque su crianza ya transcurrió bajo su supervisión.
La nariz es más discreta que la de sus hermanos, con fruta negra, pimienta y pirazinas, el recuerdo de pimiento verde propio de la Cabernet, que apenas se insinúan pero se encuentra ahí. En boca muestra mucho cuerpo, un tanino domado, un fondo láctico, buena intensidad y buena longitud, con una sensación de alcohol presente que no rompe el conjunto.
Su corte es clásico y nos recuerda a los buenos reservas de la D. O. Ribera del Duero. Los cambios que intuimos en la añada 2022 cuando la probamos en bodega, más fluida y balsámica, tendrán que esperar a la próxima entrega. Lo acompañaron los dos nigiris icónicos de Doki Doki, uno de wagyu con miso y otro de o-toro con crema de trufa blanca y setas. Después llegó el postre, una tarta de queso con miso, helado de yuzu y nori, aderezada con el umeshu de la casa.

Con la serenidad que le caracteriza, Ausás resumió su filosofía en otra de las frases de la jornada: “La acidez es nuestro pasaporte a la inmortalidad”. En Finca Río Negro, esas palabras son algo más que un cliché. La altitud regala frescura, el frío alarga los ciclos, y la acidez sostiene los vinos en el tiempo. La dama, desde luego, ha empezado a despertar. Lo que queda por descubrir es hasta dónde será capaz de llegar con ese pasaporte.
Las nuevas añadas de Finca Río Negro
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
|---|---|---|---|
| Finca Río Negro Gewürztraminer 2025 | 13 % | 26.222 botellas de 75 cl | 15,90 euros |
| 992 Finca Río Negro 2024 | 14,5 % | 30.130 botellas de 75 cl | 12,50 euros |
| Finca Río Negro 2022 | 15 % | 57.576 botellas de 75 cl | 18,75 euros |
| Cerro del Lobo 2022 | 15 % | 13.658 botellas de 75 cl | 29,75 euros |
| Finca Río Negro 5.º Año 2021 | 14,5 % | 12.596 botellas de 75 cl | 34,00 euros |




