El Bierzo está de moda. Sus vinos son ya habituales en las cartas de los restaurantes. La superficie de viñedo se mantiene más o menos estable, y eso, en principio, es una gran noticia en los tiempos que corren. Superficie estable es, a priori, sinónimo de paisaje estable, de “paisaje sano”, pero, ¿realmente es así?
Si en lugar de mirar las hectáreas inscritas en la denominación de origen (unas 2.300 en total en los últimos años), nos fijamos en quienes las trabajan, saltan las alarmas. El censo de viticultores va reduciéndose de manera notable año tras año. La misma superficie de viñedo se reparte hoy entre 950 viticultores; 103 hombres y mujeres menos que hace solamente cuatro años. Apenas hay relevo generacional, y aquellas pequeñas parcelas de viñedo viejo menos productivas, más diseminadas y más difíciles de rentabilizar van desapareciendo, reemplazadas por nuevas plantaciones que priorizan la productividad.
No es, en cualquier caso, el peor escenario; El Bierzo está de moda o lo están, al menos, sus vinos de Godello, una variedad que ha pasado de representar el 2,81 % de superficie de viñedo hace poco más de 15 años a suponer hoy el 23,55 %. Cuando hablamos de viña, la “moda” es, desde luego, netamente mejor que la indiferencia, pero “la moda” es poco compatible con el viñedo viejo, con la calidad, con la tipicidad; la moda es poco compatible con el paisaje. Y aquí es donde entra Nim.

La misión de Nim es sanar el paisaje
Nim es una asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es fijar el paisaje; un grupo de personas que, desde hace ya diez años, cuida parcelas de viñedo viejo de forma voluntaria. Mayoritariamente son personas que, viviendo en la ciudad, buscan mantener una relación real con el medio rural.
El nombre Nim procede de un árbol tropical (Azadirachta indica) cuyos aceites esenciales son útiles para el cuidado de personas, animales y plantas, y es que la idea detrás de todo esto es que cuidando el viñedo se ayuda también a cuidar a quienes viven en su entorno y, por tanto, al entorno en sí.
El trabajo de Nim se lleva a cabo en cuatro hectáreas de viñedo ubicado en el municipio de Priaranza del Bierzo y sus pedanías, repartidas en treinta parcelas que pertenecen a dieciocho propietarios, con quienes la asociación ha establecido contratos de cesión gratuita, algunos de ellos facilitados por el Banco de Tierras del Consejo Comarcal.
Son viñas plantadas entre 1910 y 1940, con una gran riqueza varietal, marcos de plantación estrechos y diversos “achaques”. Cada una de las 30 parcelas tiene una historia diferente detrás. Algunas han sido cuidadas con esmero hasta que sus propietarios ya no podían encargarse de ellas. Otras han vivido diferentes etapas con diferentes dueños. Los herbicidas han ayudado durante muchos años a que algunas de ellas no se abandonaran pero han contribuido a compactar sus suelos, eliminar la biodiversidad y crear dependencia. Las heridas de poda, las enfermedades de la madera, los hongos, los zarzales… multitud de problemas cuyo resultado se traduce en viñas que demandan mucha dedicación para recuperar el equilibrio, para sanar y volver a dar uva de calidad.
Sobre el terreno, todo este trabajo lo coordina Paloma García-Moreno, ingeniera agrónoma y presencia constante de la asociación en el municipio. Ella es quien orienta a los voluntarios de Nim, que se desplazan en vacaciones y fines de semana para poner su granito de arena, podando, deshojando, vendimiando… Así, cada cepa y cada parcela se trabaja de forma personalizada, siguiendo los principios de la agricultura ecológica.
Nim, en definitiva, defiende un modelo al que llama “viticultura afectiva” y que describe como “manual, artesanal y cuidadosa”; un modelo que reconoce que hoy no es rentable, porque el objetivo no es obtener el mayor rendimiento de cada cepa, no es “explotarlas” sino “sanarlas”, ya que sanar el paisaje sana a las personas.

Así es Nim Palomino 2025
El vino que se obtiene de estas cuatro hectáreas de viña vieja no es el fin del proyecto, pero sí es la manera de materializarlo y de compartirlo. Hacerlo bien exige manos profesionales, y por eso los vinos de Nim se elaboran gracias a la colaboración de algunas bodegas de la D. O. Bierzo, y este Nim Palomino lo elabora, de manera desinteresada y con la ayuda de los voluntarios de la asociación, Cantariña Vinos de Familia.
La uva, procedente de una viña registrada en 1924, llega a la bodega perfectamente seleccionada y, a continuación, se despalilla, el 80 % sin estrujar y el 20 % restante con un leve estrujado. Se encuba y fermenta con levaduras autóctonas en un pequeño depósito de acero inoxidable, donde la fermentación se produce a un ritmo lento. Pasados diez días, se retiran los hollejos y se procede al prensado, tras lo cual la fermentación continúa durante veinte días más. Posteriormente, el vino se afina durante nueve meses en depósito de acero inoxidable, donde en esta añada se produjo una conversión maloláctica espontánea parcial antes del embotellado.
En la copa, Nim Palomino 2025 se presenta con un sugerente color naranja turbio, fruto de la maceración con los hollejos y de la mínima intervención a la que se somete, ya que la idea no es que el vino “adopte” determinado aspecto, sino que refleje el paisaje del que procede.
En nariz mandan los aromas de la maceración con los hollejos, sensaciones de cáscara de cítrico, aromas herbales y un recuerdo especiado, con una nota a humo. En boca nos encontramos con una agradable sensación de acidez en un trago muy intenso y largo en el que la maceración con los hollejos tiene mucho peso. Hay estructura, una tanicidad amable y abundante presencia de la fruta, de ese Palomino que se acostumbra a tachar de “neutro” o “inexpresivo” pero que aquí tiene una enorme personalidad. No es un vino glicérico pero tampoco es ligero, y al final del trago encontramos esa nota de humo que achacamos a los fatídicos incendios que asolaron más de 14.000 hectáreas en la región durante más de 20 días, dejando una constante “neblina” en las viñas de Priaranza.

En resumen, es un vino naranja natural elaborado con esmero a partir de una uva de cultivo ecológico y enorme calidad. Y, por encima de todo, Nim Palomino es la consecuencia del trabajo de fijar el paisaje, una consecuencia deliciosa y escasa. Se trata, además, de un vino tan alejado de los referentes clásicos que no resulta fácil de describir con precisión, aunque sí es bastante fácil definir lo que “no es”. No es un Godello. No es convencional. Su turbidez haría difícil que se convirtiera en un vino “de moda”. Pero si hay un vino que dibuje como pocos el paisaje de El Bierzo, ese es sin duda este Nim Palomino 2025.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
|---|---|---|---|
| Nim Palomino 2025 | 12,48 % | 335 botellas de 75 cl | 11 euros |
Las claves de Nim Palomino 2025
- Vino elaborado por Cantariña Vinos de Familia a partir de uvas de cepas cuidadas por la Asociación Nim, cuyo objetivo es “sanar” viñedo viejo de El Bierzo.
- Monovarietal de Palomino, vinificado con sus hollejos.
- Procedente de uvas de cultivo ecológico de una viña de 1924 de Priaranza del Bierzo.
- Fermentación con levaduras autóctonas, diez días de maceración con los hollejos y nueve meses en depósito de acero inoxidable, con maloláctica parcial.
- Color naranja turbio, aromas frutales, notas herbales, recuerdos a humo, buena acidez, intensidad y longitud, con estructura y taninos amables.






