Conde de los Andes guarda entre el 15 % y el 20 % de cada vino pensando en el Rioja de dentro de cincuenta años

Conde de los Andes, situada en la localidad de Ollauri, en la Rioja Alta, ha detallado su planteamiento para los próximos años, en el que el paso del tiempo ocupa el lugar central. Según la propia casa, conserva en bodega una porción que, en función de la cosecha, va del 15 % al 20 % de cada vino, con la vista puesta en que dentro de medio siglo podamos compartir botellas elaboradas hoy.

Javier Murúa, director de Muriel Wine, resume el objetivo así: “Buscamos que cada botella abierta dentro de cincuenta años actúe como un diálogo vivo con la historia, las viñas y las personas de la región”. La bodega insiste en que no se trata de acumular existencias, sino de preservar la memoria colectiva, y lo considera una obligación moral, que lo guardado llegue en buen estado a quienes vengan después.

Viñedos viejos entre la Rioja Alta y la Rioja Alavesa

La casa controla 23 hectáreas repartidas entre Briñas, Haro y Ollauri, en la Rioja Alta, y Labastida, en la Rioja Alavesa. Buena parte de las cepas supera los 55 años y algunas pasan del siglo, en parcelas reducidas y de rendimientos bajos, conducidas en vaso y situadas a entre 400 y 600 metros de altitud. Los suelos son calcáreos y franco-arcillosos, con poca materia orgánica. La bodega trabaja sobre todo con Tempranillo y Viura, y recurre en menor medida a Garnacha y Malvasía, que según ella aportan matices. En su descripción, la combinación de influencia atlántica, carácter mediterráneo e inviernos de tono continental favorece una maduración lenta que conserva la frescura y la acidez, y refuerza la capacidad de guarda.

Calados e historia en Ollauri

Según los datos de la bodega, bajo el barrio de Ollauri reposan más de 450.000 botellas, a unos cuarenta metros bajo tierra, en galerías de casi kilómetro y medio abiertas desde finales de la Edad Media. Entre esas galerías, la bodega guarda vinos en sus botellas originales vinos de añadas tan míticas como 1950 y 1976 con las que descubrir lo que significa abrir una botella con tantas décadas a cuestas.

El conjunto lo forman tres edificios históricos y la red de calados, en un municipio muy próximo a Haro y Briones. La bodega actual la creó en 1896 Federico Paternina, en el mismo lugar donde, según la casa, ya se elaboraba y guardaba vino desde el siglo XV. Desde 2014 el proyecto está impulsado por la familia Murúa.

Los vinos del futuro

Con esa base, Conde de los Andes asegura que está definiendo lo que llama los «vinos del futuro» y sitúa estás elaboraciones en el centro de su nueva etapa. Javier Murúa lo expresa así: “Nuestro mensaje es que el tiempo, cuando se trabaja con respeto y excelencia, puede convertirse en uno de los grandes ingredientes del vino”.

La compañía explica que no busca vinos de consumo inmediato, sino pensados para perdurar cree que el consumidor se fijará cada vez más en de dónde viene el vino y quién lo hace, y que ganarán peso la sostenibilidad y la identidad. El Propósito de Conde De los Andes es que el vino transmita de dónde procede y quién lo ha elaborado, y que la persona que lo abra perciba una expresión genuina de Rioja.

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