Guardianes del Reyno, UKAN y Bodegas Familia Quintana son tres proyectos de pequeño tamaño de Rioja Alavesa que se identifican con el concepto de vino de garaje: elaboraciones de producción limitada en las que pesan más la parcela y el trabajo artesanal que el volumen. Dos de ellos trabajan en Laguardia y el tercero, en Labastida.
Más de doce generaciones vinculadas a la vid en Labastida
La relación de la familia Quintana con el cultivo de la vid se remonta a 1613, aunque durante varias décadas dejó de elaborar vino. En 2017 Alain Quintana volvió a poner en marcha la elaboración de vino en la familia, tras décadas de parón. Hoy Bodegas Familia Quintana trabaja con producciones reducidas y una selección cuidadosa de parcelas y uvas, y algunos de sus viñedos rondan los 50 años de edad media.
Su viticultura renuncia a los herbicidas y cuida el suelo y el equilibrio de las cepas. La bodega elabora tintos, blancos y rosados con variedades tradicionales de la zona: Tempranillo, Garnacha, Graciano, Mazuelo y Viura.
Laguardia: parcelas por separado y poca intervención
En UKAN el responsable es Koldo Eguren, quinta generación de la familia Eguren Kertudo. Es una bodega pequeña, en Laguardia, que se inspira en el modelo de Burdeos y solo elabora dos vinos, en tiradas cortas. Sus parcelas están repartidas entre Laguardia, Elciego, Elvillar y Lapuebla, con una edad media de 50 años. Se vendimia a mano, en cajas de 15 kilos, y se selecciona dos veces, a nivel de racimo y de baya. Cada viñedo se elabora aparte, en depósitos de roble u hormigón de poca capacidad. Se emplea la maceración carbónica, técnica tradicional en Rioja Alavesa, y después llegan la maloláctica y la crianza en barrica francesa.
Guardianes del Reyno es el proyecto de Alfonso García de Olano y se centra en dos viñedos de Laguardia: Carralogroño, plantado en 1979, y Carraelciego, de 1940. Aunque los dos viñedos están a tres kilómetros, cada uno aporta rasgos propios que se notan en la vinificación. El despalillado es casi total y la fermentación arranca sola, en depósitos de poco volumen. El vino pasa luego a barricas francesas de 500 litros, donde completa la maloláctica y evoluciona por sí mismo. El ensamblaje se decide tras catar cada barrica y el proceso se cierra con una clarificación y una filtración suaves.
Un modelo que prioriza el viñedo sobre el volumen
Los tres proyectos coinciden en que la calidad de losvinos se define antes de la bodega: en la elección de las parcelas, el conocimiento de cada viña, el control de los rendimientos y la vendimia manual. Esa forma de trabajar busca que se noten las diferencias entre parcelas, incluso cuando están muy próximas entre sí. A ello contribuyen los distintos suelos, cotas y exposiciones de la zona, así como las viñas de muchos años. Las tres historias incluyen también un traspaso entre generaciones, un regreso a la tradición familiar y el interés por conservar viñedos viejos y el paisaje.
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