Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la filoxera arrasó el viñedo europeo. Con ella desaparecieron para siempre (o casi) cientos de variedades que los viticultores habían cultivado durante siglos. El Mizancho era una de ellas: una cepa blanca de maduración tardía, perfectamente adaptada al clima continental y seco de la meseta, que antes de la filoxera era común en los viñedos manchegos y que, tras el paso del ácaro, quedó relegada a un papel minoritario, probablemente por su menor rendimiento frente a otras variedades.
Pero, de alguna forma, iba a ser la semilla plantada por el ingeniero agrónomo Nicolás García de los Salmones la que rescataría al Mizancho del olvido. Figura clave en la lucha contra la filoxera en España, García de los Salmones recogió la existencia del Mizancho en diversas localidades de Castilla-La Mancha en su Estudio ampelográfico práctico de los viñedos españoles (1914). El nombre Mizancho —de etimología incierta aunque inequívocamente castellano— quedó así preservado para la posteridad. Pero preservado en un libro no es lo mismo que vivo en una viña, y durante el siglo siguiente, el Mizancho continuó su declive hasta convertirse en poco más que una mera referencia bibliográfica.
Entre 2014 y 2015, en la Finca La Verdosa —ese rincón del norte de Toledo en el que un bosque de carrascas da abrigo a un manto de viñedo salpicado de encinas centenarias del que ya hemos hablado en otras ocasiones—, el equipo de Arrayán injertó sobre cepas de Merlot plantadas en 1999 una colección de variedades olvidadas: Bruñal, Moravia Agria, las no tan infrecuentes Garnacha Peluda y Garnacha Gris… y nuestro protagonista de hoy: el Mizancho. El objetivo: obtener uvas suficientes para elaborar, al menos, una barrica de cada una y devolver a la copa lo que la filoxera y el olvido habían condenado a desaparecer. El IRIAF —Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha— registraría oficialmente la variedad en 2021, oficializando el renacimiento de esta cepa que Arrayán llevaba ya años devolviendo de las páginas de García de los Salmones al terruño toledano que nunca debió abandonar.
El resultado de aquel experimento lleva ya varios años en el mercado (la añada 2018 fue la primera en comercializarse) y ha acabado consolidándose como una de las referencias más singulares de la bodega, integrada en la nueva colección Alturas y Quimeras, cuyo nombre lo dice casi todo: vinos de montaña, de producciones que desafían los límites de la viña y la viticultura; quimeras que, a veces, se hacen realidad.

La Verdosa, el origen de una nueva vida
El Bufón Mizancho 2023 de Arrayán nace en La Verdosa, la finca originaria de la bodega, a entre 470 y 510 metros sobre el nivel del mar, sobre suelos de tipo aluvial y textura arenosa, con pH ácido y alto contenido en sílice. El clima es mediterráneo continentalizado, con inviernos rigurosos y veranos muy cálidos, y es precisamente en este tipo de entornos donde la variedad demuestra por qué sobrevivió tanto tiempo donde otras no pudieron: sus hojas grandes protegen los racimos, sus pámpanos cortos requieren poca agua, y su maduración tardía le permite sacar partido del clima más benigno del final de su ciclo. Se trata de una cepa, en definitiva, perfectamente adaptada al territorio que habita y, de paso, especialmente interesante en un contexto de cambio climático que va poniendo en aprietos a variedades con menor tolerancia al estrés hídrico.
El cultivo es ecológico, en espaldera, sin herbicidas ni insecticidas, favoreciendo la biodiversidad y el equilibrio del ecosistema en una finca rodeada de vegetación de monte y dehesa, fauna autóctona y escasa presencia del siempre amenazante ser humano.
La vendimia es manual, y las uvas llegan a la bodega casi de inmediato: se pisan los racimos enteros en depósitos pequeños, y maceran en frío durante dos días antes de someterse a un suave prensado. El mosto resultante fermenta de forma espontánea, con levaduras autóctonas, a temperatura controlada, en barrica. Ocho meses de crianza en una única barrica de 300 litros cierran el proceso antes de que el vino llegue a la botella en una producción muy limitada.

Así es El Bufón Mizancho 2023
El Bufón Mizancho 2023 aparece en la copa con un color amarillo pajizo de reflejos verdosos. La nariz es franca, limpia, eminentemente herbal, directa, sin artificios, con toques cítricos y también florales, pero sin perfumes; sin nada que no deba estar ahí. A medida que el vino se oxigena encontramos también aromas de piel de cítrico, una fruta discreta y una nota ahumada acompañada por un recuerdo a tofe; una paleta moderadamente compleja, genuina y coherente de principio a fin.
En boca es donde el Mizancho saca pecho y nos hace entender que este vino es algo más que una anécdota para curiosos. La acidez es muy buena para un vino de una zona cálida. El carácter herbal sigue siendo la nota dominante, acompañado de notas salinas y un sutil toque metálico, ferroso. El trabajo de lías aporta cuerpo y cierta amplitud sin añadir pesadez, y la madera se percibe integrada y sin protagonismo; sólo está si la buscas. El final es amargo y muy marcado en un trago de buena longitud que deja un buen recuerdo cuando se diluye y nos hace querer seguir “catando” esta recuperada variedad.
Estamos ante un vino que ofrece personalidad como ninguno, absoluta franqueza y esa cualidad que tienen solamente los vinos que se beben solos, sin pensar, aquellos vinos cuya botella se vacía antes de que hayas tenido ocasión de preguntarte cómo.
El Bufón Mizancho 2023 es, en definitiva, todo un ejemplo de cómo la inquietud por conocer la historia, por investigar y buscar soluciones al cultivo en el contexto del cambio climático es un fabuloso camino para elaborar vinos verdaderamente apasionantes, yendo mucho más allá de lo que podría ser un anecdótico ejercicio de arqueología vitícola o un acto de justicia poética que devuelve una uva olvidada del papel a la tierra que nunca debió abandonar.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
|---|---|---|---|
| El Bufón Mizancho 2023 | 13,5 % | <400 botellas de 75 cl | 32 euros |

Las claves de El Bufón Mizancho 2023
- Blanco monovarietal de Mizancho de Bodegas Arrayán
- Variedad histórica recuperada en Castilla-La Mancha
- Viñedo en finca La Verdosa (470–510 m) en el norte de Toledo; suelos aluviales arenosos ricos en sílice
- Cultivo ecológico en espaldera, sin herbicidas ni insecticidas, en entorno de monte y dehesa
- Vendimia manual; racimos enteros pisados, maceración en frío y fermentación espontánea en barrica
- Crianza de 8 meses en una única barrica de 300 litros; producción muy limitada
- Nariz herbal y limpia: cítricos, flores sutiles, piel de cítrico y ligeras notas ahumadas
- Boca fresca y expresiva: acidez notable, carácter herbal, toques salinos y ligero matiz ferroso
- Blanco singular y muy personal, ejemplo de recuperación varietal y adaptación al cambio climático
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El Bufón Mizancho 2023: The resurrection of a grape that should never have been forgotten
Between the late 19th and early 20th centuries, phylloxera devastated Europe’s vineyards. With it disappeared forever (or nearly so) hundreds of varieties that winemakers had farmed for centuries. Mizancho was one of them: a late-ripening white grape perfectly adapted to the continental, dry climate of the plateau that, before phylloxera, was common in La Mancha’s vineyards. After the pest swept through, it was relegated to a marginal role, likely due to its lower yields compared to other varieties.
But somehow, a seed planted by agronomist Nicolás García de los Salmones would rescue Mizancho from oblivion. A key figure in Spain’s fight against phylloxera, García de los Salmones documented Mizancho’s existence in various Castilla-La Mancha localities in his Estudio ampelográfico práctico de los viñedos españoles (1914). The name Mizancho—of uncertain etymology though unmistakably Castilian—was thus preserved for posterity. But preserved in a book isn’t the same as alive in a vineyard, and throughout the following century, Mizancho continued its decline until it became little more than a bibliographic footnote.
Between 2014 and 2015, at Finca La Verdosa—that corner of northern Toledo where a holm oak forest shelters a blanket of vineyards dotted with centuries-old oaks that we’ve written about before—Arrayán’s team grafted a collection of forgotten varieties onto Merlot vines planted in 1999: Bruñal, Moravia Agria, the not-so-rare Garnacha Peluda and Garnacha Gris… and our protagonist today: Mizancho. The goal: to obtain enough grapes to produce at least one barrel of each and return to the glass what phylloxera and neglect had condemned to disappear. The IRIAF—Castilla-La Mancha’s Regional Institute for Agri-Food and Forestry Research and Development—would officially register the variety in 2021, formalizing the rebirth of this vine that Arrayán had already been bringing back from García de los Salmones’ pages to the Toledan terroir it should never have left.
The result of that experiment has been on the market for several years now (the 2018 vintage was the first commercially released) and has established itself as one of the winery’s most distinctive offerings, now part of the new Alturas y Quimeras collection, whose name says it all: mountain wines, from productions that challenge the limits of vineyard and viticulture; pipe dreams that sometimes become reality.
La Verdosa: The origin of a new life
Arrayán’s El Bufón Mizancho 2023 is born at La Verdosa, the winery’s original estate, at elevations between 470 and 510 meters above sea level, on alluvial soils with sandy texture, acidic pH, and high silica content. The climate is continental Mediterranean, with harsh winters and very hot summers, and it’s precisely in this type of environment that the variety demonstrates why it survived so long where others couldn’t: its large leaves protect the clusters, its short shoots require little water, and its late ripening allows it to take advantage of the milder weather at the end of its cycle. It’s a vine, in short, perfectly adapted to the territory it inhabits and, incidentally, especially interesting in a climate change context that’s putting pressure on varieties with lower tolerance to water stress.
It’s organically farmed, on trellises, without herbicides or insecticides, promoting biodiversity and ecosystem balance on an estate surrounded by scrubland and dehesa—a traditional Iberian parkland ecosystem of grassland with scattered trees—vegetation, native wildlife, and minimal human presence—that ever-threatening species.
Harvesting is manual, and the grapes reach the winery almost immediately: whole clusters are foot-trodden in small tanks and cold-macerated for two days before gentle pressing. The resulting must ferments spontaneously with native yeasts at controlled temperature in barrel. Eight months of aging in a single 300-liter barrel complete the process before the wine reaches the bottle in very limited production.

El Bufón Mizancho 2023: The wine
El Bufón Mizancho 2023 appears in the glass with a straw-yellow color and greenish highlights. The nose is forthright, clean, predominantly herbal, direct, without artifice, with citrus and also floral touches, but without perfumes; nothing that shouldn’t be there. As the wine aerates, we also find citrus peel aromas, discreet fruit, and a smoky note accompanied by a hint of toffee; a moderately complex palette that’s genuine and coherent from start to finish.
On the palate is where Mizancho shows its strength and makes us understand that this wine is more than a curiosity for the adventurous. The acidity is excellent for a wine from a warm region. The herbal character remains the dominant note, accompanied by saline notes and a subtle metallic, almost ferrous touch. The lees work provides body and breadth without adding weight, and the oak is integrated and unobtrusive; it’s only there if you look for it. The finish is bitter and pronounced in a sip of good length that leaves a lasting impression as it fades and makes you want to keep “tasting” this recovered variety.
We’re looking at a wine that offers personality like no other, absolute honesty, and that quality possessed only by wines that drink themselves—wines whose bottle empties before you’ve had a chance to wonder how.
El Bufón Mizancho 2023 is, ultimately, a prime example of how curiosity about history, research, and the search for solutions to cultivation in the context of climate change is a fabulous path to making truly exciting wines, going far beyond what could be an anecdotal exercise in viticultural archaeology or an act of poetic justice that returns a forgotten grape from paper to the land it should never have left.

