Bodegas Santalba. Sala de barricas
Materializado en 1998 en la riojana población de Gimileo, Santalba es el sueño de Santiago Ijalba, un bodeguero que ha apostado por diversificar su producción elaborando vinos de calidad de corte clásico junto a propuestas innovadoras en una región poco amiga de los vinos que se alejan de la ortodoxia.

¿Cuáles son tus gustos? ¿Eres tradicional o vanguardista? ¿Disfrutas de un Reserva de corte clásico en el que la uva desarrolla su aterciopelada madurez mediante la madera o prefieres un vino natural, un parcelario rebosante de personalidad o, incluso, un vino seco de uvas pasas elaborado en el epicentro de La Rioja Alta? ¿Sabes una cosa? Hoy no toca elegir; hoy toca disfrutar.
Llegamos a Santalba conduciendo desde Logroño por la Nacional 232, la carretera que discurre paralela a la orilla Sur del Ebro, flanqueada por viñedos y bodegas; un paisaje teñido de amarillos y ocres en los últimos días de noviembre. Muy pronto, la sabia dejará de circular por la madera joven de las vides, y las hojas caerán. Pero en la parcela Viña Hermosa, en Gimileo, la vida fluye aún por unas plantas que tienen mucha historia que contar.

Bodegas Santalba. Laura Ijalba junto al viñedo Viña Hermosa
Laura Ijalba nos explica las peculiaridades del viñedo de Bodegas Santalba frente a la parcela Viña Hermosa, junto a la bodega, ubicada en la población de Gimileo (La Rioja).

–Este viñedo es muy especial. Aquí hemos llevado a cabo un proyecto de I+D+i con otras nueve bodegas y dos universidades para lograr incrementar las propiedades antioxidantes del vino recurriendo únicamente a técnicas de cultivo ecológico. Empezamos con el proyecto en 2005, y ya en 2009 obtuvimos un vino con 24,5 miligramos de resveratrol [un compuesto orgánico con propiedades antioxidantes que se acumula en la piel de la uva] por litro, una cantidad seis veces mayor a la habitual. Así es como elaboramos Santalba Ecológico, que es uno de nuestros vinos más especiales –nos comenta una jovial Laura Ijalba mientras iniciamos la visita a la bodega.
Laura es licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco, y actualmente cursa un máster en enología en la Universidad de La Rioja. En 2009 se incorporó al proyecto familiar que once años antes habían iniciado Santiago (su padre) y Roberto (uno de sus hermanos). Santiago Ijalba decidió dar comienzo a esta aventura después de haber estado media vida trabajando para una gran bodega riojana, mientras Roberto se encargaba de la parte técnica tras haber estudiado enología en La Escuela de la Vid en Madrid y, posteriormente, en la Universidad de California Davis.

En el interior de Bodegas Santalba

Entramos en la nave lateral de una bodega que, por fuera, conserva cierto aspecto de château o de casa de indiano, con una regia fachada de tres plantas y dos piezas anexas, perpendiculares. La sorpresa viene cuando, aunque accedemos a nivel de calle, hay unos diez metros de vano bajo nuestros pies. En el interior nos encontramos sobre unas pasarelas de acero inoxidable que conectan las cabezas de las cubas de acero inoxidable en las que se realizan las fermentaciones y los ensamblajes. Y es que si hay una constante en la bodega, planeada centímetro a centímetro por su fundador, es la practicidad. Todo se ha pensado buscando la funcionalidad: las amplias pasarelas, el soterramiento de una parte de la edificación, un túnel de trasiego de barricas que nos enseñarán más adelante… Pero, no adelantemos acontecimientos. Junto a nosotros, una gran tolva situada igualmente al nivel de la calle se encarga de recibir la uva durante la vendimia, una vendimia, la vigésima primera de esta bodega y la quincuagésima quinta de Santiago Ijalba, que ya ha quedado atrás.

Bodegas Santalba. Cubas de acero inoxidable unidas por pasarelas
Cubas de acero inoxidable unidas por pasarelas en Bodegas Santalba.

Ya ha quedado atrás, de hecho, no solo la vendimia, sino una buena parte de las fermentaciones, aunque justo ahora se encuentran trabajando las levaduras que convertirán el Tempranillo de uvas pasificadas dentro de la bodega en el Santalba Amaro, uno de los proyectos más interesantes de esta bodega riojalteña.
Nuestro padre siempre nos ha animado a hacer cosas diferentes. La primera cosecha del Amaro fue en 2014, pero por aquel entonces no acertamos. Se seleccionó la uva de un viñedo muy viejo, buscando la esencia de la uva, pero no fue muy bien. Desde la siguiente añada usamos un viñedo de 50 años, siempre el mismo. Hacemos la fermentación en bocoyes de Adour y, al igual que en el Amarone della Valpolicella, también hacemos nuestro Ripasso con los hollejos –nos explica Laura. Acto seguido, probamos ambos vinos. Sus fermentaciones casi han terminado. Son densos pero no empalagosos, secos, muy intensos, tanto que, aunque aún no han sido rebajados con un vino “normal”, no parecen demasiado alcohólicos, y apenas hay azúcar residual.

Bodegas Santalba. Bocoy de Ripasso en plena fermentación
Bocoy con el ripasso del vino Amaro, elaborado con el prensado de los hollejos de las uvas que han sido previamente pisadas.

Probar esta versión riojana del Amarone te hace plantearte por qué no se le ha ocurrido a nadie hacer algo así antes, y te hace plantearte la enorme versatilidad que la uva Tempranillo tiene en La Rioja.
Laura nos explica que la bodega tiene 10 hectáreas de su propiedad y controla otras 60 de familiares y viticultores de la zona en arrendamientos a largo plazo que permiten tener un control de todo el ciclo de las plantas, desde la poda hasta la vendimia. En total se recogen entre 300.000 y 400.000 kilos de uva (mayoritariamente Tempranillo, Viura y algo de Malvasía), siempre a mano, aunque en 2017 solo se salvaron 100.000 kilos. La producción típica anual ronda las 400.000 botellas, de las cuales se exporta un 80 %.

La sala de barricas de Bodegas Santalba

Llegamos a una sala de envejecimiento que contiene cerca de 800 barricas, casi todas ellas bordelesas, de roble francés, americano e incluso algunas de centroeuropeo. Nos llama la atención que todas ellas cuentan con falsete, un agujero en la parte inferior de uno de los fondos empleado tradicionalmente para hacer los trasiegos.

Bodegas Santalba. Tren de trasiego de barricas
Tren de trasegado de barricas en Bodegas Santalba.

Laura nos comenta que uno de los objetivos de Santalba es reducir la oxidación del vino durante los trasiegos. Por una parte, están tratando de distanciarlos moderadamente, aunque la regla es llevarlos a cabo una vez por semestre. Por otra parte, uno de los avances de la bodega es un tren de trasiego de barricas de desarrollo propio, en el que la barrica se deposita en un transportador movido por cadenas, se vacía a través del falsete con la ayuda de un cilindro neumático, que inclina la barrica mientras un gas inerte (nitrógeno) permite bombear su contenido a un depósito de acero ubicado en la parte alta de este mecanismo, desde el cual volverá a llenarse la barrica limpia, ya por gravedad y sin las madres, a través de su boca.
Pero aún nos queda algún descubrimiento interesante. Laura nos acompaña a una sala anexa, climatizada para ayudar a los vinos a hacer la maloláctica en barrica. Aquí catamos algunos de los mostos que acabarán por convertirse en los mejores vinos de la casa y comprobamos cómo las distintas maderas contribuyen a dotar de diferente personalidad al mismo Tempranillo.

Bodegas Santalba. Sala de barricas con fermentaciones malolácticas
Sala de barricas reservada para la fermentación maloláctica.

Desde la sala de barricas, accedemos a una nueva nave. Cuando llegamos, se encuentra a oscuras. Laura da la luz y, poco a poco, el vapor de sodio de las lámparas que iluminan la estancia comienza a calentarse, sacando de las sombras lentamente las impresionantes torres de jaulones en las que descansan las botellas. La luz es cálida, para que el espectro del ultravioleta no pueda alterar el vino, pero lo que más nos llama la atención es que los jaulones son completamente de madera para reducir las vibraciones y los campos magnéticos.
Y en una esquina de esta enorme sala nos encontramos otro “experimento”: varios pupitres con 300 botellas de un vino espumoso de método tradicional que se encuentra ahora mismo haciendo la segunda fermentación dentro de la botella.

Bodegas Santalba. Pupitres con botellas de espumoso
Pupitres con botellas de espumoso realizando la segunda fermentación según el método tradicional, una de las últimas apuestas de Bodegas Santalba.

–Está elaborado con Viura, de vendimia temprana, para preservar la acidez. Es la primera añada y, de momento, no tiene ni nombre; ni siquiera sabemos si lo comercializaremos –nos comenta Laura.

Proyectos actuales y futuros de Santalba

La visita concluye descorchando una botella de Ogga Reserva 2015, el que quizá sea el vino más emblemático de la bodega, un varietal de Tempranillo con 20 meses de crianza cuyo nombre rinde homenaje al río Oja, el afluente del Ebro del que se cree que surge el actual nombre de La Rioja. Mientras desentrañamos su complejo paladar de frutas maduras y maderas tostadas, Laura nos explica algunos de los vinos que elaboran.
Ogga es muy especial, aunque Santalba Reserva y, sobre todo, Santalba Crianza son los que pagan la luz –nos comenta–. Además del Amaro, hacemos otros vinos menos convencionales, como Santalba Natural, que se hace en ecológico, sin sulfitos añadidos, y está certificado como vegano. Nosotros lo definimos como un vino natural que no huele a vino natural –bromea.

Bodegas Santalba. Laura Ijalba en la cata de Ogga Reserva
Laura Ijalba nos explica las peculiaridades de Ogga, uno de sus vinos más emblemáticos, así como del resto de la gama de vinos de Bodegas Santalba.

Otro de esos vinos especiales es Cotas Altas, un coupage de Tempranillo y Garnacha de un viñedo ubicado a 750 metros de altitud, en Santa Coloma, un pequeño pueblo que se encuentra 30 kilómetros al sur de la bodega, en la falda de la cercana sierra de Moncalvillo.
Santalba hace también un vino joven de maceración carbónica, un blanco reserva con maceración pelicular que pasa 15 meses en barrica, un blanco semi-dulce con Viura y Malvasía en el que se interrumpe la fermentación para conservar parte del azúcar, blancos y rosados fermentados en barrica, un gran reserva, varios vinos de autor…

Bodegas Santalba. Cata de Ogga Reserva 2015
Cata de Ogga Reserva 2015 en Bodegas Santalba.

Las ideas no cesan, el trabajo no cesa en la bodega, y promete crecer en los próximos años. Laura nos comenta que han comprado un “calado” en el centro de Haro y están rehabilitándolo.
De alguna forma, este nuevo proyecto es una especie de vuelta a los orígenes, un regreso triunfal a la capital de La Rioja Alta, a la Meca del vino, al lugar en el que, hace ya 55 añadas, comenzó una historia que hoy escribe un capítulo crucial de cuyo desenlace esperamos poder hablar muy pronto.