Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla

Roda ha iniciado las celebraciones de su 40.º aniversario con una cata vertical de diez vinos en el Hotel Wellington de Madrid. Diversas añadas de Roda I, Cirsion y Roda I Blanco contaron la historia líquida de la bodega mientras Agustín Santolaya, Isidro Palacios, Mario Rotllant y Carlos Díez relataban la parte técnica y emocional de estas cuatro décadas que arrancan con una simple frase impresa en un cartel: “Viticultor, compramos uva tinta de viñas de más de 30 años en Rioja Alta”.

Nadie llevaba un teléfono en el bolsillo o un ordenador en la mochila. De hecho, las mochilas eran cosa de niños, como los patinetes, que no tenían motor ni baterías. En 1987, el mundo se regía por otros códigos. El Muro de Berlín, la Unión Soviética o Augusto Pinochet eran inamovibles realidades cuando oíamos hablar por vez primera del agujero de la capa de ozono. Pedro Delgado no había ganado el Tour, Mandela seguía preso, Dalí seguía vivo y también lo estaba Camilo José Cela, de cuya pared aún no colgaba el premio Nobel de Literatura. 

En 1987, si sonaba el timbre del teléfono, te apresurabas a llegar hasta él, descolgar su pesado auricular y escuchar atentamente aquello que tuviera que decir quien se encontrara al otro lado de la línea, porque en aquella época no existía el spam.

Así fue como Susana iba recibiendo las llamadas de los viticultores en el teléfono de su propia casa mientras Agustín les visitaba buscando las mejores parcelas disponibles de viña vieja de Rioja Alta.

“Hicimos un cartel que decía «Viticultor, compramos uva tinta de viñas de más de 30 años en Rioja Alta. Pagos al contado, 24 horas» cuando se pagaban las uvas al año siguiente, justo antes de vendimiar la siguiente cosecha”, explica Agustín Santolaya, director general de Bodegas Roda, con su habitual tono desenfadado, gran elocuencia y eterna sonrisa. 

“Buen precio. No importa que el volumen de la partida sea pequeño. Posibilidad de hacer contratos para varios años. Sistema de transporte negociable, podríamos retirar nosotros la uva de la parcela. Volumen de compras limitado”, rezaba la cuartilla. 

Agustín continúa explicando que “cuando le comentamos a Mario [Rotllant] la idea del cartel, dijo: «Yo no pongo mi teléfono ahí». Pusimos el teléfono de mi casa; fue mi mujer la que fue haciendo la primera lista de proveedores. Colgábamos los carteles por la mañana, y a mediodía ya los habían quitado. Los poníamos en los hogares del jubilado y en las gasolineras. Y poco a poco vimos que había gente que iba llamando. Susana apuntaba sus teléfonos mientras nosotros íbamos a ver las parcelas”.

Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla. Cartel.
Cartel con el que Roda buscaba viña vieja en sus comienzos. Foto: Nos Vamos de Vinos.

Y así fue como, viña a viña, Agustín e Isidro Palacios, director de viticultura de Roda, fueron creando el primer “club de proveedores” a la vez que paralelamente plantaban su propio viñedo con la vista puesta en el largo plazo. 

Todo esto nos lo cuentan Agustín e Isidro junto a Mario Rotllant, propietario de Roda, y Carlos Díez, quien fuera el primer enólogo de la bodega. Lo hacen durante una cata celebrada en el Hotel Wellington de Madrid mientras repasan en animada charla los mimbres técnicos, filosóficos y, sobre todo, humanos, con los que Roda irrumpió en Rioja a finales de los años ochenta.

De Roda I a Cirsion: Una apuesta por la calidad, sin compromisos

Más allá de los cuatro protagonistas de la charla, el vino fue, obviamente, el encargado de refrendar la historia y acompañarnos a lo largo de este viaje en el tiempo, comenzando con la primera añada que salió al mercado, Roda I 1992, y avanzando por décadas con las añadas de 2001, 2011 y 2021.

Continuamos con los extraordinarios Cirsion 2016, 2019 y 2022, para acabar con Roda I Blanco 2019 y, tras esta primera añada, 2022 y 2023, este último en primicia, ya que sale al mercado precisamente ahora. El aceite de oliva virgen extra Aubocassa, elaborado en Mallorca con la misma filosofía que los vinos, pondría el punto final a una jornada inolvidable.

A lo largo de la cata repasamos aspectos clave de la bodega como su apuesta por el viñedo viejo y por la conducción en vaso, el abandono de los herbicidas, la adopción de cubiertas vegetales, infusiones de hierbas, tinas de roble en lugar de depósitos de acero inoxidable… todo lo necesario para elaborar vinos de la máxima calidad y buscar al mismo tiempo un factor diferencial.

Durante un momento de la charla, Carlos Díez nos cuenta que la calidad era siempre el factor decisivo: “cuando alguien planteaba: «¿podemos comprar esto?», la respuesta era siempre la misma: «¿Repercute en la calidad? Sí, pues adelante. ¿No repercute en la calidad? Pues a olvidarse». Había que olvidarse de todo lo que fuera estética o apariencia”.

Mario explica la génesis del proyecto cuando comenta que por aquel entonces “llevaba una distribuidora de productos de alta gama: caviar, salmón ahumado… Se me ocurrió incorporar una gama de vinos. Llevaba la distribución de Muga para Cataluña, Paul Roger, Baron Philippe de Rothschild, Opus One…”. Buscando vinos españoles para incorporar a su porfolio, Mario entendió que había espacio para crear un vino con el criterio de calidad “obsesivo” de algunos de aquellos productores que ya representaba.

Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla. Botellas
Foto: Nos Vamos de Vinos.

“Para mí el concepto era: si hago un vino, tiene que ser algo capaz de aportar valor; aportar unos criterios técnicos, de innovación, pero contrastada, con respeto, por supuesto, y con una obsesión por la calidad y por la búsqueda de la excelencia. Eso fue lo que definió mi interés y lo que realmente me motivó para empezar de cero, porque me parecía mucho más fácil con las ideas que tenía empezar de cero con un buen equipo que comprar algo y transformarlo”, explica el ideólogo y propietario de la bodega más joven del Barrio de la Estación de Haro, quien siempre entendió Roda como un proyecto de vocación internacional.

Cuarenta años de Bodegas Roda a través de diez vinos

Nuestro viaje por los vinos de Roda comienza precisamente con su primera creación o, más exactamente, la primera comercializada: Roda I 1992. Fruto de una añada difícil, de influencia claramente atlántica y la más lluviosa de todas las que ha elaborado la bodega, estamos ante un monovarietal de Tempranillo procedente de viñas de más de 30 años y rendimientos de 1,5 kilos por cepa, con fermentación en grandes tinos de roble (por aquel entonces, nuevos), así como maloláctica y crianza de 24 meses en barricas de roble francés, nuevas en esta añada.

Cuando lo catamos encontramos un vino que combina una gran vivacidad con una destacable evolución. La fruta continúa estando allí, con taninos sedosos y un final marcadamente láctico. Hay intensidad, hay longitud y hay complejidad para parar un tren, si bien, para ser justos, es uno de esos vinos que producen placer pero que no emocionan, aunque quizás lo más importante sea que nos cuenta una historia con una desbordante honestidad y sienta las bases de lo que llegaría en años venideros.

Y lo que llegaría es, por ejemplo, Roda I 2001, fruto de una añada mítica en Rioja. En este caso, hablamos de 16 meses de crianza en barricas de roble francés, mitad nuevas y mitad de un uso.

El resultado es un vino capaz de ponerte la carne de gallina. Aromas a fruta negra y violetas sobre leves notas ahumadas dan paso a una boca de calidez amable y taninos sedosos. Es un vino muy vivo, sin apenas terciarios, fino hasta decir basta, bien estructurado, con el justo toque lácteo, recuerdos a café y una amalgama de matices que alargan el trago dando coherencia a los aromas. Todo cobra sentido cuando lo bebes; pura magia.

Avanzamos en la serie de los Roda I catando la añada 2011, una añada excelente, de brotación temprana y vendimia igualmente adelantada. Por aquella época llega el Graciano (9 %) para complementar al Tempranillo (91 %), con 16 meses de crianza en barricas de roble francés, que según la ficha técnica oficial son 50 % nuevas y 50 % de un vino, si bien el director técnico habla de un tercio de barrica nueva y dos tercios de usadas.

Agustín nos confiesa aquí, además, una de sus obsesiones: fijar los antocianos, lograr que el Tempranillo muestre “su auténtico color”, para lo cual trasiega a la barrica el vino lo antes posible de forma que la microoxigenación catalice la unión entre taninos y antocianos.

El resultado es un vino maravilloso que se encuentra en un momento cumbre, probablemente en el momento más equilibrado de su ventana de consumo óptimo. Fruta negra, aromas florales y especias dulces dan paso a una boca opulenta, de taninos dulces pero muy presentes. Intenso, largo y complejo, es, además, un vino que cuando lo retomemos al final de la cata mostrará un equilibrio inigualable.

Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla. Copas
Foto: Nos Vamos de Vinos.

Acabamos la serie Roda I con la añada en curso. Cuenta la bodega que hubo nieve y humedad suficiente en el invierno que precedió a la añada de 2021. Toda la primavera fue muy seca, pero las reservas hídricas eran abundantes, y la primavera fue benigna, con un verano seco pero no muy cálido y un final de ciclo extraordinario.

Roda I 2021 es un varietal de Tempranillo (95 %) con un pequeño aporte de Graciano (4 %) y Garnacha (1 %), y una crianza de 16 meses en barricas de roble francés, 50 % nuevas y 50 % envinadas.

Es un vino estupendo, nuevamente elegante pese a su relativa juventud, muy orientado hacia el perfil de fruta negra del Tempranillo. Su trago lleva al chocolate negro, al café, a la fruta madura (no sobremadurada), con ese omnipresente final lácteo y esa coherencia que mantiene después de cuatro décadas de experimentación o, más bien, de experiencia.

Probablemente es la añada que más permite dibujar un paisaje, un paseo por el campo, flores, tierra, mineralidad y monte bajo. Y, curiosamente, la “recata” al final de la jornada nos muestra una nota astringente, un tanino más seco, quizás perjudicado por llevar “solamente” cinco años afinándose desde que sus uvas fueron vendimiadas.

Cirsion pone en valor la importancia del conocimiento 

Si Roda I es la indiscutible piedra angular de la bodega, Cirsion es el vino que aporta un factor diferencial y que refleja como ninguna otra elaboración el fruto de la experiencia, el conocimiento, la investigación y la inquietud por sacar la quintaesencia de la materia prima.

Uno de sus mayores “culpables” es Isidro Palacios, quien, junto con Agustín, nos explica que la idea de Cirsion surgió muestreando las uvas en Villalba de Rioja.

En 1995, durante los días previos a la vendimia, Isidro y Agustín descubrieron que, en cepas muy concretas, la uva no sabía simplemente a fruta dulce, era más “vinosa”, tenía una sedosidad, una profundidad y una ausencia de astringencia nada habituales, como si el proceso de maduración del vino ya se hubiera iniciado dentro de la propia baya. Se dieron cuenta de que en esas cepas excepcionales se producía una polimerización natural de taninos, asociándose con los antocianos dentro de la piel del grano antes de la vendimia, logrando una madurez fenólica incomparable.

Tras un exhaustivo trabajo de identificación de esas plantas, dos años más tarde Isidro y Agustín decidieron vendimiar esas pequeñas uvas de bayas compactas y hollejo grueso por separado y vinificarlas aparte. Al probar el vino, se dieron cuenta de que requería una crianza sorprendentemente corta, y así nacería, ya en 1998, esta joya enológica que es Cirsion.

Cirsion 2016 es el resultado de una añada con altibajos, bastante buena para las cepas viejas, con poca carga. Se trata de un varietal de Tempranillo (89 %) con un aporte de Graciano (11 %), que se somete a solo ocho meses de crianza en barricas nuevas de roble francés.

Es un vino muy vivo, tremendamente amable, rebosante de fruta, con aromas a fruta roja y negra, abundantes violetas y sutiles recuerdos a madera. Tiene volumen, pero no es pesado, es largo y podría tomarse como justa medida de lo que debe ser un vino equilibrado; pura armonía, tanta que algunos echarán en falta las “aristas” habituales en muchos Tempranillos.

Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla. Botellas
Foto: Nos Vamos de Vinos.

Un pequeño salto nos transporta hasta Cirsion 2019, una añada seca con temperaturas máximas por encima de los 40 ºC, buena calidad y escasa producción. Nuevamente, el Tempranillo de esas cepas seleccionadas (88 %) fue acompañado de Graciano (12 %), con ocho meses de crianza en barricas nuevas de roble francés.

De entrada, se muestra algo más tímido en nariz, si bien una vez oxigenado ofrece una destacable complejidad aromática, con recuerdos a regaliz e incluso algunos matices de evolución. Su boca es sencillamente maravillosa, sin la armonía de 2016 pero con más carácter, recuerdos a café, taninos muy sedosos y, en general, una categoría, una raza que pone indudablemente a Cirsion entre los grandes vinos de Rioja y del mundo.

Con Cirsion 2022 descubrimos la nueva añada de esta referencia, elaborada con un 89 % de Tempranillo y un 11 % de Graciano, y con los habituales ocho meses de crianza en barricas nuevas de roble francés, así como con tres años y medio escasos de afinamiento en botella en el momento en el que lo catamos.

Más allá del perfil habitual de nariz impecable con aromas a fruta negra y algo de fruta roja, Cirsion 2022 nos sorprende por su menor complejidad y por su carácter más balsámico. Comparado con sus dos “hermanos”, es el más cálido, es algo puntiagudo, no es tan ancho en la boca y se siente muy joven, disfrutable, pero lejos aún de su momento de mayor esplendor.

Si lo pruebas a portagayola —estamos en el Wellington; alguna metáfora taurina había que colar, aunque fuera al final—, es un vino tremendo, sin lugar a dudas. Pero las comparaciones son crueles, y teniendo al lado la copa de “control” con la añada de 2016, en este Cirsion faltan o quizá sobran cosas. Y, en el fondo, estas diferencias son parte de la magia de los buenos vinos, que reflejan añadas y paisajes e, incluso, la humanidad de quienes con sus decisiones y su conocimiento nos regalan estas pequeñas joyas.

Roda I Blanco nos recuerda que Rioja es también tierra de blancos

Con absoluto acierto, los blancos son los encargados de cerrar la cata. Haciendo gala del seny que caracteriza todo su discurso, Mario nos explica que no fue fácil convencer a su equipo para que elaborara un vino blanco, llegando a proponer (o a “amenazar con”) la llegada de un enólogo externo para sacar adelante el proyecto. Bromas aparte, en 2019, cuando nació el primer Roda blanco, el empresario catalán sabía que se trataba del camino correcto, como el mercado viene demostrando a todos los productores desde hace ya un tiempo.

Tomando la palabra, Agustín nos explica que, “cuando pensamos en el blanco, pensamos más en lo que no queríamos que en lo que queríamos hacer. No queríamos aromas a frutas tropicales, un cuerpo graso, una madera marcada…”. Y así fue como vio la vida el último miembro de la familia Roda, elaborado con las uvas blancas plantadas en las cabeceras de las parcelas de viñedo viejo que gestiona la bodega, pero descartando tanto el Calagraño como la Moscatel.

Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla. Roda I Blanco.
Foto: Nos Vamos de Vinos.

Así, nos encontramos ante un varietal de Viura con un aporte de Malvasía Riojana y Garnacha Blanca que se trabaja, en gran medida, como uno de sus vinos tintos. Las uvas, despalilladas y enteras, se encuban en tinos de madera para someterse a una maceración pelicular en frío de entre cinco y siete días con la que se pretenden extraer precursores aromáticos sin extraer (apenas) color. Tras el prensado y la fermentación del mosto, el vino se trasiega a bocoyes de roble francés, en los que permanece durante 18 meses, a los que se suma otro año y medio de afinamiento en botella.

Como ya hemos comentado, 2019 fue una añada cálida y seca que, en el caso del viñedo viejo, dejó una cosecha de calidad pero bajos rendimientos, y en esta primera “edición” de Roda I Blanco se traduce en una nariz limpia, con aromas a melocotón en su punto óptimo de madurez y recuerdos a piel de pomelo. La boca es elegante, untuosa y equilibrada. Es un impecable vino blanco de guarda capaz de obtener una buena nota en una cata técnica, si bien hay que ser justos y reconocer que entre sus vecinos del Barrio de la Estación no lo tiene fácil para destacar.

Pasamos a la añada 2022, elaborada con idéntico coupage y misma técnica; una añada cálida y seca, de brotación tardía, ciclo irregular y vendimia temprana. A pesar de las dificultades, encontramos un vino blanco muy interesante, con una nariz en la que a los aromas habituales se suman aromas tostados y alguna nota ahumada. En boca es un vino profundo, largo, vivaz, de muy buena acidez, cuerpo glicérico y destacable complejidad. Probablemente no ha llegado aún su mejor momento, lo que no le impide ser el más disfrutable de los tres vinos blancos que cataremos hoy.

Acabamos, así, cerrando el círculo de estos 40 años de Bodegas Roda con el estreno de Roda I Blanco 2023, un vino procedente nuevamente de una añada difícil, con un invierno seco, brotación débil, fuertes granizadas que mermaron la producción, un verano muy cálido y lluvias abundantes en septiembre que retrasaron la vendimia.

Con idéntica elaboración que en añadas anteriores, este varietal de Viura con aporte de Malvasía Riojana y Garnacha Blanca nos ofrece un carácter más austero, pero al mismo tiempo muestra también un destacable equilibrio y una buena acidez. Es, por tanto, un vino muy vivo que claramente espera aún el momento de su plenitud después de solamente tres años transcurridos desde su vendimia.

De alguna forma, este Roda I Blanco 2023 nos trae de nuevo a “la modernidad”, a las mochilas, los ordenadores y el teléfono móvil que —por supuesto— hemos silenciado durante la cata y ahora nos reclama su atención con decenas de notificaciones, recordándonos lo lejos que quedaron los tiempos en los que si sonaba el timbre del teléfono, te apresurabas a llegar hasta él, descolgar su pesado auricular y escuchar atentamente aquello que tuviera que decir quien se encontrara al otro lado de la línea, respondiendo, quizás, a la llamada de una octavilla colgada en la pared que rezaba “Viticultor, compramos uva tinta de viñas de más de 30 años en Rioja Alta”.

Roda: 40 años de historia que comienzan con una cuartilla. Isidre Palacios, Agustín Santolaya, Mario Rotllant y Carlos Díez.
De izquierda a derecha: Isidre Palacios, Agustín Santolaya, Mario Rotllant y Carlos Díez. Foto: Nos Vamos de Vinos.