Para quienes amamos las palabras, Zarihs es un regalo, y lo es también para quienes amamos el buen vino y las historias que se esconden tras él. Zarihs es el espejo de Shiraz, la versión australiana de la uva Syrah, un nombre propio surgido simplemente leyendo la palabra Shiraz de derecha a izquierda, haciendo un ingenioso guiño a las antípodas, al lugar opuesto de la Tierra donde esta variedad tiene su casa. Zarihs y Shiraz son, por tanto, dos palabras bifrontes, con “dos caras”; si decides leerlas de derecha a izquierda o de izquierda a derecha van a contarte cosas diferentes para, de alguna forma, acabar contándote la misma historia.
Y esa historia empieza a fraguarse en 2002, cuando las primeras cepas de Syrah comienzan a plantarse en Campo de Borja para complementar a la local Garnacha. La idea se atribuye al enólogo australiano Chris Ringland, quien acude a Borsao para colaborar con José Luis Chueca, por aquel entonces el enólogo al frente de Borsao. Dado que ambas variedades hacen buenas migas en zonas como Barossa Valley, McLaren Vale, Clare Valley o Swan Valley, ¿por qué no habría de funcionar la cosa en las estribaciones del Moncayo?
Y sí: pocos años después, algunas referencias de Borsao empiezan a mezclar la Garnacha con pequeños aportes de Syrah, hasta que un día la idea de elaborar un monovarietal de Syrah aragonesa cae por su propio peso, y en 2013 nace la primera añada de Zarihs de Shiraz.

Para elaborarlo, se emplean uvas de un viñedo ubicado a entre 350 a 600 metros sobre el nivel del mar, en suelos de caliza. Tras fermentar en depósitos de acero inoxidable, el 40 % del vino se trasiega a barricas de roble americano, en las que se criará durante 12 meses, mientras el 60 % restante descansa en los inertes depósitos de acero.
Cata de Zarihs de Shiraz 2020
Más de cuatro años después de su vendimia, Zarihs de Shiraz 2020 muestra en copa un color picota profundo sin signos de fatiga. Su nariz entrega intensos aromas a regaliz, fruta negra, toques balsámicos y ligeras notas tostadas. En boca es un vino estructurado, de entrada directa, taninos pulidos, buena longitud y notable intensidad, con toques herbales y la madera bien integrada. Es un vino varietal, serio, de calidad y dotado de una marcada personalidad que quizá no le permita ser uno de esos vinos universales que contentan a todos los paladares, sino, más bien, uno de esos vinos con la capacidad de seducir a quienes amamos las palabras, el buen vino y las historias que se esconden tras él.

| Vino | Alcohol | Producción | Precio |
|---|---|---|---|
| Zarihs de Shiraz 2020 | 15 % | 96.000 botellas de 75 cl | 14,50 euros (75 cl) 15,45 euros (75 cl en estuche de cartón) 22,85 euros (75 cl, en estuche con dos copas y sacacorchos) 29,00 euros (1,5 l) 33 euros (1,5 l, en estuche de madera) |
Las claves de Zarihs de Shiraz 2020
- 100 % Syrah plantada entre 350 y 600 m de altitud en Campo de Borja
- Suelos calizos en las estribaciones del Moncayo
- Fermentación en acero; 40 % criado 12 meses en roble americano
- Nariz intensa: fruta negra, regaliz, balsámicos y tostados
- Boca estructurada, tanino pulido, buena longitud y madera integrada
- Syrah seria y varietal, con marcada personalidad
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Zarihs de Shiraz 2020: A Tale of reversible words, antipodes, and good wine
For those of us who love words, Zarihs is a gift—and it’s equally one for those of us who love good wine and the stories hidden behind it. Zarihs is the mirror image of Shiraz, the Australian name for the Syrah grape, a word born simply by reading Shiraz backwards, from right to left, in a clever nod to the antipodes—that opposite corner of the Earth where this variety has made its home. Zarihs and Shiraz are, in that sense, two Janus-faced words, with “two faces”; whether you choose to read them right to left or left to right, they’ll tell you different things, only to somehow end up telling you the very same story.
And that story began to take shape in 2002, when the first Syrah vines were planted in Campo de Borja to complement the local Grenache. The idea is credited to Australian winemaker Chris Ringland, who came to Borsao to work alongside José Luis Chueca, at the time the head winemaker at the estate. Since both varieties had proven to be great companions in regions like Barossa Valley, McLaren Vale, Clare Valley, and Swan Valley, why wouldn’t the pairing work on the foothills of Moncayo?
And work it did: just a few years later, several Borsao wines began blending Grenache with small additions of Syrah, until one day the idea of crafting a single-varietal Aragonese Syrah became a no-brainer, and in 2013 the first vintage of Zarihs de Shiraz was born.
The wine is made from grapes grown in a vineyard situated between 350 and 600 meters above sea level, on limestone soils. After fermenting in stainless steel tanks, 40% of the wine is racked into American oak barrels, where it ages for 12 months, while the remaining 60% rests in the neutral steel tanks.
Zarihs de Shiraz 2020 tasting
More than four years after harvest, the Zarihs de Shiraz 2020 shows a deep cherry-red color in the glass with no signs of fading. On the nose, it delivers intense aromas of licorice, dark fruit, balsamic hints, and subtle toasty notes. On the palate, it’s a structured wine with a straightforward attack, polished tannins, good length, and remarkable intensity, along with herbal touches and well-integrated oak. It’s a varietal, serious, quality wine with a strong personality—one that may not make it a crowd-pleasing, universally appealing bottle, but rather one of those wines with the power to seduce those of us who love words, good wine, and the stories hidden behind it.




