Carmelo Rodero no puede negar sus orígenes castellanos, al igual que no puede ocultar el orgullo que siente cuando sus hijas Beatriz y María explican el proyecto de Bodegas Rodero. Solo entra en la conversación para añadir algún matiz a sus explicaciones y para admitir que estaba muy equivocado al pensar que el proyecto que soñó desde que tenía 20 años, y que en 1991 convirtió en realidad, no tendría relevo porque sus dos hijas eran mujeres. “Los tiempos han cambiado”, nos dice, esbozando una sonrisa.
Carmelo siempre se ha dedicado al campo. Desde los 13 años ha estado dedicado a la agricultura y, muy pronto, se dio cuenta de que en las tierras de Pedrosa de Duero el futuro estaba en la viña. “Había que mirar más allá del cereal”, nos cuenta. Por eso siempre invirtió en comprar majuelos y plantar vides y, así, poco a poco, majuelo a majuelo, Bodegas Rodero tiene en la actualidad 54 hectáreas de viñedo en distintas zonas de la Ribera del Duero.
El sueño de Carmelo de elaborar vino no hubiera sido posible sin antes invertir en el viñedo y vender sus uvas a grandes bodegas. Por eso, cuando en 1991, junto a su mujer, Elena Oña, decide dar el salto y fundar Bodegas Rodero, partían de una base muy sólida: una muy buena materia prima y las ideas muy claras sobre el proyecto que iban a llevar a cabo.
María y Beatriz Rodero no pueden ocultar lo orgullosas que se sienten de su padre, explicando lo duro que ha trabajado para conseguir que Bodegas Rodero sea todo un referente en la Ribera del Duero. Ahora son ellas las que están al frente de la bodega: María a cargo de la parte comercial y Beatriz llevando la dirección técnica. Y, desde que ellas están al mando, los vinos han ido evolucionando de forma orgánica hacia un estilo más moderno, donde la fruta tiene un mayor protagonismo y la madera queda en un segundo plano.
En busca de vinos más frescos
Desde que Beatriz Rodero se encuentra al frente de la dirección técnica, se ha empezado a vinificar cada parcela por separado, a buscar las características de cada terruño y a dejar que este se exprese en los vinos. Se buscan vinos más frescos y delicados, en los que la fruta y el terruño toman el protagonismo.
Una muestra de esta evolución era su Reserva, un vino en el que, poco a poco, la fruta había robado el protagonismo a la madera. Por eso, nos cuenta María, a veces era un vino que no se entendía bien: el bebedor clásico de Ribera del Duero no encontraba en él el vino potente y de taninos marcados que buscaba, y su público potencial no lo pedía al llamarse “reserva”. De este modo nació Raza, nuestro protagonista de hoy, un reserva que, a la vez, es un vino de pueblo, ya que en su elaboración solo se utilizan uvas procedentes de viñedos situados en Pedrosa de Duero.
Todo esto nos lo cuentan en el madrileño restaurante Alabaster, y es aquí donde Carmelo, María y Beatriz nos presentan Raza 2021, el nuevo miembro de la familia Rodero, en una comida durante la cual también cataremos Carmelo Rodero Crianza 2020, la añada que acaba de salir al mercado, y su fantástico TSM 2021.
Cómo es Raza 2021
Raza 2021 es un varietal de Tempranillo (90 %) con un ligero aporte de Cabernet Sauvignon (10 %), procedentes de viñedos conducidos en vaso y espaldera y cultivados en secano, situados en cinco parajes de Pedrosa de Duero: Quintana, Boada, Valcavado, Guzmán y Pedrosa, a una altitud que va desde 837 metros a los 862 metros sobre el nivel del mar. Los suelos donde crecen las viñas, de entre 30 y 35 años de edad, son principalmente arcillosos.
Su elaboración comienza con una vendimia manual con selección de racimos en el viñedo. Tras el despalillado de las uvas, estas fermentan, con levaduras autóctonas, en depósitos de acero inoxidable, y se utiliza un OVI (un pequeño depósito movido mediante un puente grúa) para que la vinificación sea por gravedad. El vino tiene una crianza de veinte meses en barricas nuevas de roble francés de 225 litros.
Cuando nos servimos una copa de Raza, lo primero que vemos es su color rojo picota, profundo y brillante. Su nariz es compleja y elegante. En ella se combinan la fruta negra con las notas especiadas, acompañadas de los aromas tostados y ahumados de la madera, muy bien integrados en un segundo plano. En boca es un vino con una muy buena acidez y un tanino pulido en un trago elegante, ancho, profundo, estructurado y largo. Es un reserva de Ribera del Duero diferente, que no renuncia a su tirilla de reseva, pero que nos muestra “la raza” de la segunda generación al cargo de Bodegas Rodero.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Raza 2021 | 15,2 % | – | ~37 euros |

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