Sala de barricas bodega Miguel Merino, Briones, La Rioja
Miguel Merino es una bodega pequeña, o lo es al menos para el tamaño de La Rioja. Situada en Briones, realiza su primera cosecha en 1994 y, a diferencia de lo que suele ser habitual, decide lanzar un reserva como primer vino.

Huyendo de las grandes bodegas, acudimos a visitar Miguel Merino por diversas recomendaciones de amigos y conocidos. Nuestra anfitriona será Erika, mujer de Miguel “hijo” y parte fundamental de una bodega familiar en la que todos sus miembros cuentan con una sobrada preparación técnica y demuestran auténtica pasión por lo que hacen.
Lo primero que nos llama la atención al llegar a la bodega, ubicada en una antigua casa de piedra en la parte baja del mismo pueblo de Briones (La Rioja), es encontrar un pequeño viñedo en espaldera en la puerta del edificio–. Se trata de un viñedo calificado como experimental –nos cuenta Erika–. Aquí tenemos plantadas distintas variedades a modo didáctico, y su producción va a parar al «purgatorio», el vino de consumo de la familia, que no se comercializa. En realidad, todas nuestras parcelas están en los alrededores de Briones, las vendimiamos en cajas y las trasladamos a la bodega en esa furgoneta amarilla que habéis visto ahí fuera.

Viñedo experimental bodega Miguel Merino, Briones, La Rioja
Viñedo experimental a la entrada de la bodega Miguel Merino, en Briones, La Rioja.

A pesar de partir de un edificio antiguo, estamos ante una bodega muy funcional. La sala de fermentación es en realidad una nave de hormigón anexa al edificio principal, impecablemente bien integrada, mientras que la de barricas se aprovecha del aislamiento térmico que producen sus enormes muros de piedra.

Miguel Merino, fundador de la bodega

–Miguel, mi suegro, fue el fundador de todo. Había trabajado para Berberana, y su sueño era hacer vinos de gran calidad. Por eso quiso empezar con un reserva, cuando lo habitual es lanzar primero un cosechero e ir reinvirtiendo las ganancias mientras dejas que parte de esa añada envejezca. El caso es que su decisión fue todo un acierto.
En la actualidad, la bodega elabora vinos bajo siete etiquetas. La gama “clásica” se compone de Miguel Merino Viñas Jóvenes (con 15 meses de crianza en barricas usadas previamente para los vinos superiores), Miguel Merino Reserva (elaborado con cepas viejas de Tempranillo y algo de Graciano y envejecido casi dos años en barricas nuevas) y Miguel Merino Gran Reserva (elaborado solamente en añadas propicias, con viñedos de entre 50 y 60 años y una crianza de 28 meses).

Sala de fermentación bodega Miguel Merino, Briones, La Rioja
Cubas de acero inoxidable en la sala de fermentación de la bodega Miguel Merino, en Briones, La Rioja.

Además, la bodega también elabora La Quinta Cruz (un monovarietal de Mazuelo), La Loma (un parcelario de Tempranillo y Garnacha), Vitola Reserva (Tempranillo con un toque de Graciano de viñedos viejos de orientación Noroeste) y Miguel Merino Blanco (un coupage de Viura y Garnacha Blanca plantadas hace más de 40 y 70 años, respectivamente).
La visita acaba con una cata de cuatro de sus vinos, incluido el sorprendente monovarietal de Mazuelo, una uva que normalmente pierde su protagonismo aportando complejidad a vinos más convencionales elaborados principalmente con Tempranillo. Y, como no podía ser de otra forma, decidimos traer de vuelta a casa algunas botellas de este elaborador de cuya cata daremos cumplida información a su debido tiempo.