Monopole Clásico Reserva 2022: La llama que aviva un “fuego” prendido en 1915

Cuentan que Gustav Mahler proclamó que “la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego”. Lo hizo supuestamente cuando tomó las riendas de la ópera vienesa, en 1897. Parece ser, no obstante, que la frase es apócrifa, y que su autor es en realidad un menos interesante político francés llamado Jean Jaurès, quien sentenció algo parecido durante un debate parlamentario en enero de 1910.

En aquel 1910 faltaban apenas cinco años para que en Haro se prendiera una llama que hoy está más viva que nunca. Y es que en 1915, la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), fundada en 1879 por los hermanos Eusebio y Raimundo Real de Asúa, registró el nombre Monopole para su vino blanco de Rioja. Monopole es un término que en Francia designa un viñedo con un único propietario, por lo que esta referencia era toda una declaración de intenciones sobre la calidad que debía ofrecer aquel vino. Con ese registro nacía, además, la marca de vino blanco más antigua de las registradas en España. Pero esto es sólo el inicio de la historia.

Un blanco serio para restaurantes y consumo doméstico

Hasta los años setenta, Monopole fue una referencia en hogares y restaurantes españoles. Era un blanco seco y austero, elaborado fundamentalmente con Viura (y en ocasiones, también, con otras uvas blancas) y criado en madera usada. Cuentan que tenía una acidez firme y un punto salino que le dotaba de una enorme personalidad.

Su artífice en aquella época era Ezequiel García, “El Brujo”, enólogo de CVNE hasta 1973, quien remataba el vino con un pequeño aporte de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Ese pequeño extra de Palomino con crianza biológica añadía estructura y complejidad, y marcaba un carácter que ningún otro blanco de la región tenía.

Monopole Clásico Reserva 2022: La llama que aviva un “fuego” prendido en 1915. Cápsula

En los años ochenta, el mercado empezó a pedir blancos más frescos, frutales y limpios… o quizá más “simples”. La entrada de la tecnología en las grandes bodegas facilitó ese cambio, con prensas neumáticas, depósitos de acero inoxidable y control de temperatura. CVNE adaptó su Monopole a la nueva demanda, abandonó la crianza (tanto la oxidativa de la Viura como la biológica del Palomino, que desapareció de la ecuación) y lo convirtió en el blanco joven y afrutado que sigue existiendo hoy como Monopole, a secas.

Durante tres décadas, el Monopole “clásico” fue un recuerdo vago, su llama se apagó, y todo parecía idílico hasta que alguien cayó en la cuenta de que quizás había llegado el momento de mirar al pasado y reavivar el fuego.

Una botella en el “cementerio” de CVNE reaviva los rescoldos del Monopole “clásico”

A comienzos de la década de 2010, un cliente que visitaba la bodega de Haro comentó cuánto añoraba el estilo antiguo de Monopole. El equipo de enología, intrigado, buscó en el “cementerio” de la bodega una botella de los años setenta. Al descorcharla, encontró un vino excepcional, sápido, complejo, vivo, con aromas a frutos secos y una fruta que aún seguía en pie.

Con vistas al centenario de la marca, CVNE decidió recuperar aquel estilo. En 2014 desempolvó los registros antiguos y sacó de su retiro a Ezequiel García, que tenía entonces 84 años, para que trabajase junto a María Larrea, directora técnica y enóloga de la casa, reavivando la llama de aquellas elaboraciones. Así nació Monopole Clásico, cuya primera añada, 2014, salió al mercado en 2016. García falleció en 2017, no sin haber podido disfrutar viendo cómo su Monopole “clásico” volvía a ver la luz.

Monopole Clásico Reserva 2022: La llama que aviva un “fuego” prendido en 1915. Etiqueta trasera.

Para este regreso al pasado, se eligió un viñedo propio (un monopole) de más de cinco hectáreas de Viura en Villalba de Rioja, a unos cinco kilómetros al norte de Haro. Orientado hacia el este, sus suelos son calizos, y su altitud supera los 600 metros. Las cepas, que en 2014 rondaban los diez años, se conducen en espaldera para protegerlas del viento dominante de la finca.

La vendimia es manual, en cajas de 20 kilos, y se lleva a cabo, generalmente, a primeros de octubre, algo más tarde que la de Monopole Blanco, para ganar riqueza y algo de grado. Las uvas se prensan con suavidad, y el mosto pasa a un depósito de hormigón para el desfangado estático, como se hacía en los años sesenta. Fermenta, después, en acero inoxidable, a entre 17 y 18 °C.

El vino se trasiega entonces, con sus lías finas, a barricas y botas usadas de 300, 400 y 500 litros, algunas de ellas antiguas botas que contuvieron vino de Jerez. Allí permanece unos ocho meses. En una parte de esos recipientes, sobre todo en las botas, se desarrolla una fina capa de velo de flor. Esa crianza biológica tan poco habitual en Rioja es en realidad lo que reemplaza hoy al aporte de la manzanilla de los años sesenta. Acabada la crianza en madera, el vino se ensambla en depósitos de hormigón y viejos fudres, donde reposa otro año antes de clarificarse con bentonita y filtrarse ligeramente para el embotellado.

Cata de Monopole Clásico Blanco Seco Reserva 2022

En copa, Monopole Clásico Reserva 2022 muestra un color amarillo entre pajizo y limón. Su nariz es intensa y expresiva. La fruta de hueso, la madera, el velo de flor y los frutos secos se presentan en perfecta armonía junto a otros aromas que recuerdan a la crema catalana o los caramelos tofe. Parece como si el mismísimo Gustav Mahler hubiera dibujado sonoramente esta nariz en el movimiento inicial de su Sinfonía n.º 1 en Re mayor, Titán, comenzando con una nota de cuerdas sostenida que evoca el despertar de la naturaleza, sobre la cual van brotando sugerentes matices: llamadas de trompas lejanas, ecos de maderas, destellos que se superponen capa a capa…

Monopole Clásico Reserva 2022: La llama que aviva un “fuego” prendido en 1915. Detalle de la etiqueta

Y si la nariz es sugerente, fragante, compleja y armoniosa, la boca es sencillamente apoteósica. El trago se presenta con la acidez perfecta, parcialmente tapada por una sugerente sensación sápida. Es un trago de buena intensidad, enorme longitud y abundante volumen, todo ello sin renunciar al equilibrio, a la armonía propia de un gran vino, y a una complejidad de primer orden. Es un vino que sí, nos lleva al sur, pero sin abandonar la Comarca de Haro, los Montes Obarenes, los meandros del Ebro, la sobria pero aún así siempre presente Viura, con matices cítricos, de piel de cítrico, de hollejo, de fruta de hueso y esa sensación golosa (que no dulce) del tofe y de la crema catalana, de la madera, de los toques ahumados mientras, quizás, escuchamos el fragmento coral final de la Segunda Sinfonía de Mahler, Resurrección; orquesta y coro en éxtasis sonoro llevado al límite para acompañar un vino que es una oda al renacimiento.

Monopole Clásico une lo mejor de dos mundos: la austera sobriedad de una genuina Viura riojana con la opulencia y el posgusto eterno de un vino generoso despojado de su calidez alcohólica. Es un vino digno de maridar con elaboraciones desafiantes en un menú de Estrella Michelin, y esta añada en concreto la hemos encontrado especialmente buena; no es, de hecho, la primera vez que la catamos.

Es, en definitiva, un Rioja diferente y, al mismo tiempo, un Rioja de pura cepa; un vino que hoy, probablemente, no existiría si no hubiera habido un cliente que manifestara que lo echaba de menos y si alguien en Haro no se hubiera acordado de descorchar una botella vieja recordando que la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego.

Monopole Clásico Reserva 2022: La llama que aviva un “fuego” prendido en 1915. Corcho
VinoAlcoholProducciónPrecio (75 cl)
Monopole Clásico Blanco Seco Reserva 202213,5 %–23,90 euros (75 cl)
55,10 euros (1,5 l en caja de madera)
Ingredientes: Uva, ácido Tartárico, anhídrido sulfuroso y ácido L-ascórbico.

Las claves de Monopole Clásico Blanco Seco Reserva 2022

  • La historia: CVNE registró la marca Monopole en 1915 y recuperó el estilo tradicional del vino en 2014 bajo la etiqueta Monopole Clásico.
  • Los artífices: Ezequiel García, “El Brujo”, y María Larrea, directora técnica y enóloga de CVNE.
  • El viñedo: Viura de Villalba de Rioja, en suelos calizos, a más de 600 metros de altitud, con orientación este.
  • La crianza: ocho meses con lías finas en barricas y botas usadas de 300, 400 y 500 litros, con velo de flor en parte de ellas.
  • La cata: fruta de hueso, velo de flor, frutos secos y crema catalana o tofe, con un posgusto eterno.
  • El estilo: el cuerpo de un generoso sin su calidez alcohólica en un Rioja diferente de inspiración clásica.