La palabra ‘reserva’ no nació en un decreto ni la inventó ninguna denominación de origen. La acuñó el bodeguero que apartaba las mejores barricas y las “reservaba” porque sabía que ésas sí aguantarían, que ese vino sin mayor conservante que la calidad de sus taninos y el trabajo bien hecho se podría vender más adelante, y hasta mejoraría con algo de reposo. Del latín reservare —guardar o preservar—, el término es tan claro que no era de extrañar que acabaría impreso en las etiquetas de los vinos.
En Rioja, a finales del siglo XIX, las “reservas” de vino de calidad se consolidaron con la llegada de los bodegueros bordeleses desplazados por la plaga de la filoxera, a quienes muchos atribuyen el término; difícil rastrear si los reservas fueron bautizados por nuestro propio acervo o por el barbarismo réserve, venido de Burdeos junto con el saber hacer de Jean Pineau, Frederick Anglade y un buen número de bodegueros anónimos que trajeron con ellos el arte de la crianza. Para el año 1890, algunas etiquetas de Rioja ya lucían el término ‘Reserva’, mucho antes de que ninguna norma se apropiara de él.
Todo cambió, no obstante, en 1970. Aquel año, los términos ‘Crianza’, ‘Reserva’ y ‘Gran Reserva’ pasan a convertirse en categorías oficiales, definidas por tiempos mínimos de envejecimiento. Y lo que hasta entonces era un sinónimo de calidad, acabó convirtiéndose en una mera certificación del tiempo que un vino permanece en la bodega antes de salir al mercado. Los vinos de reserva se democratizaron, haciéndose accesibles para el gran público pero perdiendo, en muchos casos, todo su sentido.
Hoy puedes encontrar un ‘gran reserva’ en una tienda on-line por menos de diez euros, y por menos incluso en los estantes de algún supermercado; un vino que ha permanecido al menos cinco años inmovilizado en la bodega, y al menos dos de ellos en el interior de una barrica. Hoy un ‘gran reserva’ de Rioja no es necesariamente un vino “grande”.
Así es Marqués de Vargas Gran Reserva 2018
Por eso cuando descorchamos un vino como este soberbio Marqués de Vargas Gran Reserva 2018 basta un primer trago para que nuestra mente viaje rápidamente a esa Rioja prefiloxérica en la que el automóvil era aún un sueño en la mente de Karl Benz y la luz eléctrica estaba aún por llegar a las ciudades; esa Rioja en la que los bodegueros cataban sus barricas a la luz de las velas para decidir qué vinos merecían pasar a formar parte de sus “reservas”.
Hablamos, en este caso, de un vino procedente de viñedos propios ubicados alrededor de la bodega, en la Hacienda Pradolagar, al este de Logroño, donde Marqués de Vargas tiene plantadas sus 52 hectáreas de viñedo. Se trata de viñas cultivadas sin herbicidas ni pesticidas, divididas en 32 parcelas estratégicamente diseñadas en función de sus suelos y de las variedades elegidas para enraizar en ellos. La vendimia es manual, en pequeñas cajas, donde las uvas llegan a la bodega para refrigerarse en cámara durante 24 horas a entre 6 y 8 ºC antes de despalillarse (con extremo cuidado) y encubarse, por parcelas, en depósitos de acero inoxidable, en los que la fermentación se lleva a cabo con levaduras autóctonas seleccionadas a una temperatura controlada de entre 20 y 24 ºC durante un periodo de 9 a 12 días.
Para esta añada se ha elegido un coupage de Tempranillo (85 %) con un 10 % de Mazuelo y un 5 % de Garnacha, y una crianza de algo más de dos años en barricas de roble francés (80 %) y americano (20 %), el cual se emplea únicamente en la fase final de la crianza y únicamente en barricas firmadas por Surtep y Seguin Moreau.

Cata de Marqués de Vargas Gran Reserva 2018
Sin más preámbulos, cuando servimos una copa de Marqués de Vargas Gran Reserva 2018 encontramos un vino de color rojo picota y una capa glicerica brillante. Su nariz sugerente combina aromas a fruta roja y negra con una más sutil pero seria capa olfativa balsámica. Es una nariz franca, de aromas honestos, nada artificiales, adornados con toques especiados, notas de regaliz y sutiles recuerdos a café que nos traen a la mente la presencia de la madera de la crianza perfectamente integrada en este complejo rompecabezas olfativo armado con una prodigiosa precisión, con la precisión de un maestro ebanista que ni puede ni desea ocultar ese innegable toque de clasicismo que nos transporta a una época dorada de Rioja.
Tras esa atractiva nariz, encontramos una boca espléndida; un vino que se crece, que se viene arriba con un tanino muy pulido que, con la debida oxigenación, se revelará como pura seda, siempre estructurando poderosamente un trago de correcta acidez, amplio, amable, muy equilibrado pero con “presencia”, complejo, de volumen perfecto, longitud destacable y buena intensidad. Es un vino elegante, redondo, serio y al tiempo fácil de beber; uno de esos vinos que acompañan sin avasallar pero sin esconderse, que “escoltan”; un vino gastronómico que, sin embargo, no busca nunca hacerse con el protagonismo; un señor vino de esos que en otro tiempo, sin ninguna duda, habría sido apartados por el bodeguero tras escudriñar decenas de barricas en la oscuridad de una bodega de esa Rioja prefiloxérica en la que el automóvil era aún un sueño en la mente de Karl Benz y la luz eléctrica estaba aún por llegar a las ciudades; esa Rioja en la que los bodegueros cataban sus barricas a la luz de las velas para decidir qué vinos merecían pasar a formar parte de sus “reservas”.

Las claves de Marqués de Vargas Gran Reserva 2018
- Variedades: Tempranillo (85 %), Mazuelo (10 %) y Garnacha (5 %).
- Origen: Viñedos propios en la Hacienda Pradolagar, al este de Logroño.
- Viñedo: Cultivo sin herbicidas ni pesticidas, vendimia manual por parcelas.
- Elaboración: Fermentación por parcelas en acero inoxidable con levaduras autóctonas.
- Crianza: Algo más de dos años en barrica (80 % roble francés, 20 % americano) y largo afinamiento en botella.
- Vista: Rojo picota con capa glicérica brillante.
- Nariz: Fruta roja y negra, balsámicos, especias, regaliz y café, con madera muy bien integrada.
- Boca: Tanino pulido y sedoso, buena acidez, trago amplio, equilibrado, largo y elegante; gran clásico gastronómico de Rioja.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio |
|---|---|---|---|
| Marqués de Vargas Gran Reserva 2018 | 14 % | 27.000 botellas de 75 cl | 1 x 75 cl: 43 euros Caja de 6 x 75 cl: 258 euros |



