En viticultura, los suelos calizos no son solo un dato geológico: son una promesa. Desde la Antigüedad, Columela ya escribía sobre su aptitud para el cultivo de la vid, y los grandes territorios del vino —Champagne, Chablis, Borgoña, Jerez— han construido su reputación, en buena medida, sobre este tipo de suelo. No es casualidad. Estos suelos limitan el vigor de la cepa, obligan a las raíces a profundizar en busca de agua y minerales, preservan la acidez natural de la uva y otorgan a los vinos una tensión y una mineralidad que ninguna técnica de bodega puede imitar. En Ribera del Duero, los suelos calizos de altitud son hoy de los más codiciados, precisamente por su capacidad para producir vinos de mayor finura y equilibrio. Y es en uno de esos enclaves donde nace Creta 2022.
El nombre no es arbitrario: creta es el término latino para la cal, la tiza. Y eso es, exactamente, lo que define el viñedo del que procede este vino: una parcela de tierra caliza, casi blanca, que emerge entre pinos y encinas en la zona más alta de la conocida como Milla de Oro de Ribera del Duero. Frente a Finca Villacreces, en una meseta elevada sobre el río Duero, se extiende Valdelascuevas, una finca en ladera situada en Quintanilla de Arriba, a 900 metros de altitud en su cota más alta. Fue plantada en 1999 con Tempranillo —conocido como Tinta Fina en la zona— y hoy se cultiva de forma íntegramente ecológica.
Hormigón y madera en busca de elegancia y autenticidad
Creta 2022 es un monovarietal de Tempranillo procedente exclusivamente de ese viñedo calizo. La elaboración comienza con una vendimia manual en cajas de 20 kilos y un posterior despalillado sin estrujado, preservando así la integridad de la uva. La fermentación tiene lugar en depósitos de hormigón y acero inoxidable; una elección meditada, ya que el hormigón favorece la expresión mineral y la textura sin aportar matices de madera. El vino tiene una crianza de 12 meses en barrica y depósitos de hormigón, un envejecimiento que busca redondear sin oscurecer, afinar sin domesticar.
La añada 2022 estuvo condicionada por un clima extremo y bajos rendimientos que, sin embargo, y como ocurre con frecuencia en los suelos más exigentes, acabó favoreciendo la concentración y la calidad de la fruta. Para Lalo Antón, director general de Finca Villacreces, se trata de «un proyecto muy ilusionante; creemos firmemente en el futuro de esta finca, que nos permite una gran diferenciación en nuestros vinos sin salir de nuestra Milla de Oro».
En copa, Creta 2022 se presenta con un color rojo picota limpio y brillante. La nariz es intensa y compleja: fruta negra madura, notas de campo, matices balsámicos y ahumados, café y especias dulces. La boca confirma lo que la nariz promete: buena acidez y tanino pulido en un trago elegante, equilibrado, de buen volumen, estructurado y largo. Es un vino que, como dice su nombre, nace en los suelos calizos de los que ya Columela hablaba en tiempos del Imperio Romano.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Creta 2022 | 12,9 % | 8.102 botellas de 75 cl | 20,20 euros |
Las claves de Creta 2022
- Origen: Valdelascuevas, una finca sobre una meseta caliza a unos 900 metros de altitud, en la Ribera del Duero,
- Filosofía: Un vino concebido para mostrar los suelos calizos, buscando finura, equilibrio y autenticidad por encima de la potencia.
- Variedad y viñedo: Monovarietal de Tempranillo (Tinta Fina) procedente de una parcela plantada en 1999 y cultivada en ecológico.
- Elaboración: Vendimia manual en cajas de 20 kilos, despalillado sin estrujado y fermentación en depósitos de hormigón y acero inoxidable.
- Crianza: Doce meses combinando barrica y depósitos de hormigón.
- Perfil sensorial: Nariz intensa y compleja con fruta negra madura, notas balsámicas, ahumados, café, especias dulces y matices de campo. En boca ofrece buena acidez, tanino pulido, volumen, estructura y un final largo y elegante.





