Familia Torres ha hecho público su balance de emisiones correspondiente al ejercicio 2025, último periodo auditado, que confirma la reducción del 47% en las emisiones de CO2 por botella, computadas en el conjunto del proceso: cultivo, elaboración y distribución hasta que el vino llega al consumidor. El cálculo toma como año de referencia 2008, cuando la bodega del Penedés midió por primera vez su huella de carbono, y se enmarca en Torres & Earth, el programa ambiental que la compañía desarrolla desde hace casi veinte años para descarbonizar viñedos y bodegas, adaptar el cultivo de la vid al cambio climático y divulgar la urgencia de actuar frente a la emergencia climática.
La publicación de este balance coincide con otro hito corporativo relevante para la bodega familiar: la reciente obtención de la certificación B Corp, que certifica a compañías que superan una auditoría exigente en materia social, ambiental, de transparencia y de buen gobierno. El sello refuerza el compromiso de la compañía con un modelo de negocio que integra los criterios ESG en la toma de decisiones y que, según defiende la propia bodega, conecta su estrategia de descarbonización con una visión más amplia de sostenibilidad vinculada a su propósito corporativo.
Medidas en la cadena de valor y el viñedo
Buena parte del avance registrado en 2025 se explica por las acciones de economía circular y logística de bajas emisiones desplegadas en distintos mercados. Entre ellas destacan los programas de reutilización de botellas y barriles en Países Bajos, que sostienen circuitos de recogida, limpieza y rellenado para alargar la vida de los envases, y la ampliación del transporte multimodal en Alemania y Países Bajos, que combina carretera y ferrocarril para reducir el impacto de la distribución. A estas acciones se suman un mayor uso de calderas de biomasa, la reducción de la huella asociada a algunos proveedores y el efecto acumulado de las reforestaciones impulsadas en Chile en ejercicios anteriores.
En el viñedo, el resultado del último año responde en gran medida a la recuperación de la producción tras los episodios de sequía, tanto en fincas propias como en las de los proveedores de uva de la bodega. A ello se añade un menor recurso a fertilizantes y fitosanitarios, en línea con un modelo de viticultura más regenerativa centrado en la mejora de la salud del suelo y en tratamientos más precisos.
Mireia Torres, directora de Innovación y Sostenibilidad del grupo, ha subrayado el carácter transversal de este progreso: “El resultado de 2025 no es fruto de una sola medida, sino del trabajo constante en el viñedo, en la bodega, con nuestros proveedores y en los mercados donde operamos. Todo ello ha sido posible gracias al compromiso y la implicación de un equipo que comparte la misma visión y se siente ilusionado con los avances logrados. Seguiremos trabajando para contribuir, desde la viña y el vino, a la lucha contra el cambio climático”.
Una bodega con más de 150 años de historia
Familia Torres fundó su bodega en Vilafranca del Penedès en 1870, si bien sus raíces vitícolas en la comarca se remontan al siglo XVI. La compañía, actualmente en su quinta generación, centra su actividad en la elaboración de vinos de viñedos singulares y fincas históricas, la recuperación de variedades ancestrales y la viticultura regenerativa como respuesta al cambio climático. Además de su presencia histórica en el Penedès, Conca de Barberà, Priorat y Costers del Segre, la bodega cuenta con viñedos en Rioja, Ribera del Duero, Rueda y Rías Baixas, así como en Chile y California.
La compañía forma parte de Primum Familiae Vini, asociación que agrupa a doce familias vitivinícolas centenarias de Europa, y es cofundadora tanto de International Wineries for Climate Action como de la Asociación de Viticultura Regenerativa, entidades orientadas a impulsar la descarbonización del sector y un nuevo modelo de gestión de los viñedos como sumideros de carbono.
