La Inglesa Amontillado, saca de octubre de 2025: Pura historia líquida de Montilla

Que el origen etimológico del vino ‘amontillado’ se encuentra en la cordobesa localidad de Montilla es algo que no discutiría ni Jordi Bilbeni, el pseudohistoriador que defiende que Colón, Santa Teresa de Jesús y Cervantes eran catalanes. Donde no se ponen de acuerdo las fuentes es si los amontillados nacen en Montilla o en Jerez de la Frontera (Cádiz), ya que mientras que para unos el adjetivo ‘amontillado’ se aplicaba a los vinos de Montilla que se oxidaban o evolucionaban aceleradamente durante su camino a destinos más o menos lejanos al ritmo que marcaban los bueyes que tiraban de los carros en los que eran transportados, otros autores sitúan su origen en las bodegas jerezanas que, de una manera un tanto despectiva, denominaban “amontillados” a los vinos de crianza biológica que perdían el velo de flor de forma más o menos inesperada y les recordaban a los vinos de sus vecinos “montillanos”.

Fuera antes el huevo o la gallina, lo que sí sabemos es que el término “amontillado” se usaba ya a finales del siglo XVIII gracias a documentos comos los archivos de Bodegas Tradición, pero también sabemos que lo que hace un cuarto de milenio se conocía como “amontillado” no es exactamente lo que hoy dicta la norma. Y es que un amontillado primigenio podía ser un vino joven levemente oxidado, mientras que hoy hablamos de vinos con una larga y compleja crianza.

Hoy hay, por tanto, amontillados reconocidos oficialmente como tales tanto en la D. O. Jerez como en la D. O. Montilla-Moriles. Y aunque en lo esencial (la crianza mixta y secuencial, biológica y oxidativa) son similares, sus diferencias son también importantes, comenzando por el tipo de uva y la fortificación (habitual en Jerez) o la ausencia de ella (habitual en Montilla).

Y es que La Inglesa Amontillado es un amontillado de Montilla-Moriles o, mejor dicho: un soberbio amontillado de Montilla-Moriles cuya primera “saca” se embotelló en un cercano 2018; hoy cataremos la saca de octubre de 2025. Hablamos de ‘saca’ porque aquí no es posible hablar de añadas, ya que estos vinos proceden de soleras de las que cada año se extrae una pequeña cantidad de vino y posteriormente se añade vino joven en la misma medida, por lo que con el paso del tiempo acabamos disfrutando de una compleja mezcla de añadas. De la edad de la solera y de la cantidad de vino que se extraiga va a depender la edad media de la crianza del vino que se embotelle, y en el caso de La Inglesa Amontillado estamos hablando de nada menos que entre 20 y 25 años. Pero, vamos a poner un poco de orden en todo esto.

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Así se elabora La Inglesa Amontillado

Para la D. O. Montilla-Moriles, “el amontillado se obtiene a partir de un vino fino […] Una vez superado el mínimo exigible de cinco años, el vino fino puede perder el velo de flor de forma natural […] o bien por decisión deliberada del técnico de la bodega (alcoholización). Tras esa fase de crianza biológica se inicia una posterior de crianza oxidativa de, al menos, tres años”.

Por su parte, la misma denominación de origen define el fino como un vino cuyo proceso de elaboración “se inicia con la obtención del llamado mosto yema, el primero que sale tras el prensado de la uva. Este mosto fermenta y reposa durante un año en tinaja y luego pasa a iniciar la fase de crianza en bota por el sistema de criaderas y solera, donde comienza la crianza biológica y el desarrollo del velo de flor”.

Centrándonos ya en La Inglesa Amontillado, se trata de un vino monovarietal de Pedro Ximénez procedente de viñas plantadas sobre suelos de albariza en pagos de la zona de Moriles Alto. El vino desarrolla una crianza biológica, bajo la capa de levaduras que forma el conocido como velo de flor, en botas de roble americano mediante el sistema de criaderas y solera. Transcurridos entre 14 y 16 años, el fino pasa a convertirse de forma natural (sin adición de alcohol) en “fino pasado” al perder progresivamente el velo de flor, cuya capa va haciéndose más fina, dejando “calvas” y desapareciendo finalmente, lo que permitirá que el vino comience una crianza oxidativa que se prolongará hasta alcanzar los entre 20 y 25 años de crianza total, sumando la biológica (bajo velo), y la oxidativa (ya sin velo).

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La Inglesa Amontillado, saca de octubre de 2025: Pura historia líquida de Montilla. Corcho

Así es La Inglesa Amontillado

Cuando lo servimos en la copa encontramos un vino de color dorado anaranjado con reflejos cobrizos y aspecto turbio. En su nariz mandan los aromas a frutos secos, recuerdos al velo de flor, notas de miel, piel de cítrico, aromas vegetales y de madera, así como un toque de flor de azahar. Es una nariz muy limpia y compleja, coherente con lo que encontraremos a continuación en boca.

Y es que la verdadera magia llega cuando el vino comienza a pasearse por todas las cavidades bucales para sorprendernos inicialmente con su buena acidez en un trago de enorme complejidad, sorprendente equilibrio y longitud casi infinita. El alcohol está perfectamente integrado, aportando sensación de calidez y estructura pero no pesadez. Hay un buen volumen, sentimos constantemente esos frutos secos anticipados por la nariz, y no podemos parar de buscar nuevos matices a cada trago, viendo cómo aparecen matices cítricos, notas de laca, salinidad…

Y, así, con la excusa de profundizar en su complejidad, vamos vaciando la botella de este amontillado de Montilla observando repetidamente su color sugerente, llevándonos la copa a la nariz a la busca de aromas camuflados entre sus numerosas capas olfativas, sintiendo la calidez de este elixir viajando por la nasofaringe hacia el recóndito epitelio olfativo que desvela ese retronasal interminable que pocos vinos pueden ofrecer.

¿Surgió el amontillado en Montilla; nació en Jerez y adoptó el nombre por semejanza? En realidad, muy poco importa ya. Lo único que verdaderamente importa es que haya productores como La Inglesa capaces de sacar la quintaesencia de la Pedro Ximénez, la albariza, el clima, el velo, la oxidación y, por supuesto, el tiempo. 

VinoAlcoholProducciónPrecio (50 cl)
La Inglesa Amontillado, saca de octubre de 202517 %35-49 euros
Ingredientes: Uvas, sulfitos y ácido tartárico.

Las claves de La Inglesa Amontillado, saca de octubre de 2025

  • Amontillado de Montilla-Moriles elaborado con Pedro Ximénez.
  • Procede de viñas sobre suelos de albariza de Moriles Alto.
  • Crianza inicial bajo velo de flor en botas de roble americano.
  • Tras 14-16 años de crianza biológica, evoluciona de forma natural a crianza oxidativa.
  • La crianza total alcanza entre 20 y 25 años.
  • Color dorado anaranjado con reflejos cobrizos.
  • Aromas a frutos secos, velo de flor, miel, cítricos, madera y flor de azahar.
  • En boca es muy complejo, equilibrado, intenso y de enorme longitud, con gran acidez y alcohol perfectamente integrado.
  • Un amontillado de enorme profundidad.
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