VITELITE24: la carrera científica para adaptar las variedades españolas al cambio climático

Un proyecto de I+D trabajará durante tres años para modificar Albariño, Viura, Tempranillo y Garnacha mediante técnicas de selección genómica ante las nuevas condiciones climáticas

El cambio climático está poniendo contra las cuerdas a la viticultura española tradicional. Las variedades que han definido nuestros vinos durante siglos enfrentan temperaturas más extremas, sequías prolongadas y patrones climáticos impredecibles que comprometen tanto su supervivencia como la calidad de los vinos que producen.

VITELITE24 surge como respuesta a esta crisis. Este proyecto de I+D, que arranca con un presupuesto de 913.034 euros cofinanciados por el CDTI Innovación con fondos FEDER de la Unión Europea, busca identificar y potenciar los rasgos de resistencia al cambio climático en cuatro variedades fundamentales: Albariño, Viura, Tempranillo y Garnacha.

El consorcio que ejecutará los trabajos está liderado por Bodegas RODA, con la participación de Bodegas Martín Códax y Vitis Navarra. La duración prevista es de 36 meses, tiempo en el que deberán desarrollarse métodos innovadores de selección genómica para identificar las plantas más resistentes dentro de cada variedad.

El problema: cuando las variedades tradicionales no bastan

Las variedades con las que trabajará VITELITE24 representan una parte significativa de la producción vinícola española, pero también son vulnerables a los cambios climáticos actuales. El Albariño, pilar de las Rías Baixas, debe enfrentarse a veranos más calurosos que pueden alterar su característico perfil atlántico. La Viura riojana, base de muchos blancos tradicionales, necesita adaptarse a condiciones de mayor estrés hídrico sin perder su capacidad de expresar la mineralidad del terroir.

En el caso de las tintas, el Tempranillo -presente desde La Rioja hasta Ribera del Duero- se encuentra con el desafío de mantener su equilibrio y capacidad de envejecimiento en condiciones de calor extremo. La Garnacha, aunque tradicionalmente más resistente a la sequía, también requiere adaptaciones para mantener su expresividad mediterránea en un contexto climático cada vez más hostil.

Metodología: cuatro fases para la adaptación

El proyecto se estructura en cuatro actividades técnicas diferenciadas. La primera fase se centrará en desarrollar métodos para identificar variantes con mayor tolerancia al estrés por sequía y calor. No se trata de crear nuevas variedades, sino de encontrar dentro de las existentes aquellas plantas que mejor responden a condiciones adversas.

La segunda actividad se focalizará en Albariño y Viura, construyendo bancos de germoplasma donde se conservarán y estudiarán las variantes clonales con mayor capacidad de adaptación fisiológica. Estos bancos funcionarán como bibliotecas genéticas donde se preservará la diversidad natural de cada variedad.

Para Tempranillo y Garnacha, la tercera fase buscará variantes que combinen caracteres mejorados de maduración con mayor resistencia al estrés hídrico y térmico. El objetivo es mantener la calidad enológica mientras se incrementa la supervivencia en condiciones climáticas adversas.

La cuarta actividad aplicará análisis genómicos para comprender qué hace que ciertas plantas sean más resistentes que otras, proporcionando las claves científicas para futuras mejoras dirigidas.

Desafíos y limitaciones

A pesar de la ambición del proyecto, los desafíos son considerables. La adaptación genética es un proceso lento que requiere años de observación y validación. Además, existe el riesgo de que las modificaciones necesarias para la supervivencia alteren las características organolépticas que definen cada variedad.

El proyecto también debe navegar entre la urgencia climática y la necesidad de mantener la identidad de los vinos españoles. Los consumidores esperan que un Tempranillo sea un Tempranillo, independientemente de las modificaciones genéticas que haya requerido para adaptarse al cambio climático.

Implicaciones para el sector

VITELITE24 llega en un momento crítico para la viticultura española. Muchas bodegas ya están experimentando con variedades más resistentes al calor, pero estas suelen ser foráneas y no siempre se adaptan bien a nuestros suelos y tradiciones vinícolas.

La capacidad de mantener las variedades tradicionales mediante mejoras genéticas dirigidas podría ser la diferencia entre preservar la identidad vitivinícola española o verse obligados a adoptar variedades ajenas a nuestra cultura vinícola.

Una apuesta necesaria pero incierta

El proyecto representa una inversión significativa en investigación aplicada, pero sus resultados no están garantizados. La selección genómica es una herramienta poderosa, pero la viticultura sigue siendo un sector donde el terroir, el clima y la tradición juegan papeles difíciles de cuantificar.

En los próximos tres años, VITELITE24 tendrá que demostrar si la ciencia puede ofrecer soluciones viables a los desafíos que el cambio climático plantea a nuestras variedades tradicionales. Una prueba de fuego para determinar si nuestros vinos podrán mantener su personalidad en un mundo climáticamente transformado.

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