Es la uva española más plantada en el mundo. Fue crucial en la recuperación del viñedo de Rioja tras la filoxera, y es un complemento perfecto para el Tempranillo. Pero nadie es profeta en su tierra, y la Garnacha ha sido frecuentemente menospreciada, olvidada, arrancada y relegada a un papel secundario.
De ahí que nos haga especial ilusión que Bodegas Riojanas rinda un homenaje a esta casta lanzando el primer vino monovarietal de Garnacha de la gama Monte Real, marca que vio nacer su primera etiqueta en un lejano 1933.
Monte Real Garnacha 2020 se elabora con uvas de cepas viejas de una pequeña parcela ubicada a 700 metros de altitud en Manjarrés, una localidad del Alto Najerilla cuya altura sobre el nivel del mar ayuda a mitigar los efectos del cambio climático y de las añadas cálidas. Tras una selección en la viña, las uvas llegan a la bodega, donde se presta especial atención a la maceración con los hollejos “buscando una mayor complejidad aromática y cromática”. Posteriormente, el vino realiza una breve crianza en barricas y descansa durante una buena temporada en el botellero de la bodega.
Cuando lo servimos en la copa encontramos un vino de color rojo cereza y capa media baja. Su nariz nos ofrece fruta roja, especias (pimienta) y unas sutiles notas de campo. En boca muestra buena acidez, es ligero, fresco y agradable, con un trago que al inicio se muestra moderadamente puntiagudo para, a continuación, desvanecerse lentamente. No es largo ni complejo ni demasiado intenso y no pretende serlo, pero sí que se muestra muy versátil, perfecto para acompañar una cena de tapas.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio |
| Monte Real Garnacha 2020 | 14 % | – | 15 euros (75 cl) 70 euros (6 x 75 cl) |
¿Sabías que la Garnacha fue la uva más plantada en Rioja hasta los años 70? Su buena productividad, así como su resistencia a la sequía y a plagas y enfermedades como acariosis y el oídio, fue crucial en la recuperación del viñedo de Rioja tras la filoxera y en la generalización de su cultivo en la región, si bien la moda del Tempranillo acabó reduciendo drásticamente su superficie.




