Familia Fernández Rivera abre las puertas de su laboratorio enológico en Madrid Fusión 2026.
La XI edición de Madrid Fusión ha sido el escenario perfecto para que Familia Fernández Rivera presentara FFR Lab: Vinos en experimentación, una cata que va más allá de la simple degustación. Se trata de una invitación a conocer el corazón de la bodega, ese espacio donde la viticultura y la enología buscan soluciones a los problemas que presenta el cambio climático, ese espacio donde el futuro del vino empieza a escribirse hoy.
Bajo la dirección de Olga Fernández Rivera, directora de la bodega, acompañada por Lucía Pascual, representante de la segunda generación familiar y parte del equipo técnico, y Rodrigo Pons, enólogo de la casa, la cata reveló la filosofía que mueve a una de los grupos bodegueros más conocidos de España. “Con esta cata queremos mostrar el I+D de una bodega”, explicó Olga Fernández Rivera, resumiendo en una frase el espíritu de la jornada.
Buscando respuestas a problemas
En El Vínculo, bodega del grupo ubicada en Campo de Criptana, en el territorio de la Denominación de Origen La Mancha, existe una realidad climática particular: el Tempranillo madura de forma temprana, dando lugar a vinos afrutados, carnosos y de taninos suaves, pero con desafíos muy específicos. “Buscamos respuestas a problemas”, señaló Rodrigo Pons, expresando con precisión el motor que impulsa los ensayos que la bodega lleva a cabo. El grado alcohólico elevado, el pH poco favorable y las acideces bajas son las preocupaciones principales que guían su línea de investigación.
La solución ha llegado a través de la experimentación sistemática. La bodega ha optado por investigar el comportamiento de variedades complementarias al Tempranillo —la Garnacha y la Syrah— variedades bien adaptadas a climas cálidos que podrían acompañar al Tempranillo en un coupage, mejorando sus características intrínsecas. “Hemos optado por distintas variedades con distintas vinificaciones”, explicó Rodrigo Pons, presentando el resultado de meses de trabajo en la viña y en la bodega.

La Garnacha: frescura y acidez
El primer vino que pudimos degustar fue un monovarietal de Garnacha que encarna perfectamente la búsqueda de equilibrio en climas cálidos. Se trata de una vendimia temprana que apenas alcanza 11,6 % de alcohol, fermentada en acero inoxidable y criada durante 12 meses en barricas de roble americano.
El resultado es sorprendente: un vino que destaca por su frescura y carácter afrutado, con una acidez marcada que proporciona estructura y dinamismo. La gran carga frutal que despliega en nariz y boca lo convierte en una propuesta moderna para utilizarse como ensamblaje con Tempranillos más potentes. Es exactamente el complemento que buscaba la bodega: acidez presente, grado alcohólico controlado y una personalidad propia bien definida.
El Syrah: fruta y volumen
El segundo monovarietal presentado fue un Syrah que demuestra cómo el manejo de la viña puede transformar completamente el perfil de un vino. En este caso, la bodega optó por mantener una alta carga de fruta en el viñedo, favoreciendo una maduración controlada que resultara en un grado alcohólico contenido: 11,82 % vol. y un pH de 3,60, datos nada habituales en una zona tan cálida como La Mancha.
La elaboración sigue la misma pauta que la Garnacha: fermentación en acero inoxidable y 12 meses de envejecimiento en barricas de roble americano. El vino tiene una alta carga de fruta además de una marcada nota láctica y un buen volumen, sin presencia de verdores incluso en condiciones de vendimia temprana. Se trata de un acompañante interesante para los Tempranillos de la bodega.

Airén con pieles: la revalorización de una variedad tradicional
Más allá de la experimentación con variedades complementarias, la bodega ha puesto en marcha otra línea de investigación centrada en la revalorización del Airén, una uva autóctona de La Mancha que merece una segunda oportunidad en el panorama vinícola contemporáneo. El vino que pudimos catar fue una Airén con pieles, una elaboración moderna para revalorizar una variedad tradicional. La uva se encuba entera y realiza su fermentación en contacto directo con los hollejos, ganando estructura, color y sutiles notas tánicas.
El vino, criado al menos 12 meses en barricas de roble francés, aún no está disponible en el mercado, pero representa una apuesta gastronómica de primer orden. Aunque la bodega ya cuenta con el consolidado Alejairén Crianza y el más fresco Alejairén Tinaja —criado en tinajas de barro—, esta nueva elaboración con pieles abre una puerta completamente diferente. Sería una adición valiosa a la gama de monovarietales de Airén, permitiendo que esta variedad tradicional despliegue toda su complejidad en el panorama vinícola contemporáneo.
El resultado del I+D: la ciencia al servicio del terroir
Pero FFR Lab no se limita al futuro especulativo. La bodega también presentó dos vinos que ya están disponibles en el mercado y que demuestran el éxito de sus proyectos de investigación. La Temeraria 2024, de Dehesa de la Granja (Zamora), un rosado de elegancia y frescura, y Albillo Mayor 2023, de Tinto Pesquera (la bodega original del grupo, en Ribera del Duero), un blanco que brinda testimonio de cómo la experimentación puede transformar variedades clásicas en propuestas contemporáneas de alta calidad.
FFR Lab es mucho más que una cata de vinos experimentales. Es un manifiesto de cómo las bodegas modernas entienden su responsabilidad hacia el territorio, hacia el cambio climático, hacia la búsqueda de soluciones en un contexto de desafíos crecientes. Olga Fernández Rivera, Lucía Pascual y Rodrigo Pons han demostrado que en el vino español contemporáneo, la investigación rigurosa y la experimentación son fundamentales para luchar contra las altas maduraciones que trae consigo el calentamiento global, para entender cómo su territorio puede seguir produciendo grandes vinos en un mundo en constante cambio.
