Un reportaje publicado en Canadian Family Offices firma una de las visiones más lúcidas y entusiastas que se han escrito recientemente sobre la denominación española desde el extranjero. Su autor, John Szabo, Master Sommelier y referente del periodismo vinícola en Canadá, regresa de un viaje a Rioja convencido de que la región atraviesa un momento de evolución radical sin abandonar lo mejor de su historia.
El texto de John Szabo arranca con una pregunta directa en el titular —¿Es Rioja la región vinícola más emocionante del mundo ahora mismo?— y el desarrollo del artículo responde que sí, aunque con matices que lo hacen más interesante que cualquier respuesta simple. La visita coincidió con los actos del centenario de la denominación de origen, ocasión en la que la presidenta del Consejo Regulador, Raquel Pérez Cuevas, fijó el tono con una declaración que Szabo recoge y que resume bien el estado de ánimo de la institución: “No se trata solo de mirar atrás con orgullo, sino de pensar en qué nos ha traído hasta aquí para construir nuestro futuro”.
Pero la frase que más caló en el prescriptor canadiense —y que usa como eje argumentativo de su texto— la pronunció el Master of Wine español Pedro Ballesteros durante una cata de diversidad celebrada en el marco del centenario: “Cuando dices ‘Rioja’ sin ninguna otra referencia, no dices nada. No existe Rioja sin adjetivos adicionales”. Para Szabo, esa afirmación condensa perfectamente la transformación que ha vivido la denominación en las últimas décadas.
El reportaje traza con solvencia la historia de la denominación, desde los vinos de cosechero anteriores al siglo XIX hasta la llegada del estilo moderno de la mano del Marqués de Riscal y el Marqués de Murrieta, quienes regresaron de Burdeos en la década de 1850 con las técnicas de envejecimiento que acabarían definiendo la imagen internacional de Rioja. Un modelo que, subraya Szabo, tiene apenas 170 años de antigüedad —una fracción de los más de 2.000 años de historia vinícola documentada en la región—, lo que hace discutible que se le llame “tradicional” sin más.
La Rioja de los viticultores independientes
El grueso del artículo, sin embargo, se centra en la Rioja contemporánea: la de los productores que trabajan viñedos singulares, recuperan variedades autóctonas casi olvidadas y apuestan por elaboraciones de menor intervención. Szabo dedica especial atención a bodegas como Artuke, Arizcuren, Sierra de Toloño, Remírez de Ganuza o Granja Nuestra Señora de Remelluri, entre otras, describiendo sus vinos con un lenguaje técnico y evocador que raramente se encuentra en la prensa anglosajona cuando habla de España.
En ese sentido, el reportaje resulta doblemente valioso: no solo por la calidad del análisis, sino por el mercado al que va dirigido. Canadá es un territorio históricamente más inclinado hacia los vinos franceses y californianos, donde la presencia del vino español —y de Rioja en particular— ha sido siempre inferior a su peso real en calidad y precio. Que una publicación de referencia para el segmento de alta renta como Canadian Family Offices dedique un reportaje de estas dimensiones a la denominación, firmado además por uno de los sumilleres más respetados del país, constituye un escaparate de enorme valor.
Szabo concluye su texto con una guía de vinos coleccionables organizada en tres categorías —blancos, tintos de estilo moderno y tintos tradicionales—, con puntuaciones que van de 94 a 98 puntos y notas de cata redactadas con precisión y generosidad. Una lista en la que conviven nombres consagrados como López de Heredia, C.V.N.E. o Marqués de Murrieta con propuestas más recientes que encarnan la nueva Rioja: la del viñedo como argumento, la del terruño como firma.
Rioja vista desde fuera
Lo más estimulante del texto de Szabo, en definitiva, no es que alabe a Rioja, sino la lucidez con la que identifica el momento exacto que atraviesa la denominación: una región que ha tenido la inteligencia de no elegir entre pasado y futuro, sino de hacer convivir ambos. “Los vinos coexisten en armonía, no en oposición”, escribe, “y el mundo es más rico por ello”. Pocas frases resumen mejor por qué merece la pena seguir prestando atención a lo que ocurre a orillas del Ebro.
