Madrid Fusión fue el escenario elegido para que Lanzarote desplegara su carácter gastronómico y vitivinícola a través de una comida coral dirigida en cocina por Germán Blanco. No fue una simple degustación, sino una invitación a entender cómo la geografía volcánica de la isla genera propuestas únicas que desafían las categorías tradicionales.
Cinco bebidas procedentes de la isla —un vermú, cuatro vinos y un destilado— tejieron el hilo conductor de una jornada donde cada sorbo contaba historias de hoyos volcánicos, viñas centenarias y una tradición vinícola que ha sabido reinventarse sin perder su esencia.
El Aperitivo: Primo de Lanzarote
La jornada comenzó con un aperitivo: quesos artesanales de la isla acompañados de mermeladas Lala, maridados conPrimo de Lanzarote, un vermú elaborado sobre la base de un vino de Malvasía Volcánica y Diego. Se trata de una propuesta tremendamente floral en nariz, donde notas cítricas y especiadas dialogan sin imposición. En boca, el equilibrio es la clave: dulzor y amargor comparten protagonismo, creando un aperitivo que captura la esencia territorial de Lanzarote.
Los Primeros Compases: Casa Althay
Casa Althay se encargó de maridar los tres primeros platos: Papitas arrugadas de Los Valles y mojo de pimientas secas, Chips de morena de La Graciosa y Cebolla de Soo asada, suero de cabra, pan masa madre, mojo y cilantro. Se trata de un coupage de Malvasía Volcánica y Listán Blanco procedente de una viña de más de cien años de edad, plantada en los emblemáticos hoyos de ceniza volcánica de La Geria.
La elaboración de la bodega Althay responde a un concepto de respeto extremo por la materia prima. Vendimia manual, selección en el viñedo, prensado cuidadoso y fermentación con levaduras autóctonas a una temperatura controlada de entre 17 ºC y 19 ºC. El vino realiza la fermentación maloláctica y reposa durante diez meses en depósitos de hormigón y barricas de 500 litros de roble francés.
En nariz, Casa Althay, es mineral sin resultar apabullante, en ella también encontramos flores y notas balsámicas. En boca posee una acidez suficiente que estructura un trago fácil, con buen volumen y un final ligeramente sápido que invita a tomar el siguiente bocado.
La Profundidad: Malvasía Lías de El Grifo
El Grifo Lías llegó para acompañar dos platos de mayor complejidad: Caldo de mero y escaldón de gofio, así como Batata de jable, medregal curado en sal de Janubio y mojo agripicante. Estamos ante un monovarietal de Malvasía Volcánica procedente de dos parcelas, Tinajo y El Grifo, dos viñas que la bodega —que el año pasado celebró su 250.º aniversario— ha decidido seleccionar para elaborar un vino de guarda.
La metodología de El Grifo habla de precisión: vendimia manual en cajas, conservación en cámara frigorífica durante 24 horas, despalillado parcial (50 % de los racimos) y fermentación cuidadosa. La crianza sobre lías con removidos frecuentes durante un año en depósito y barricas genera un vino complejo. En nariz encontramos esa mineralidad característica que evoca el terroir volcánico, acompañada de notas florales y cítricas. En boca es mineral en su esencia, de buen volumen, bastante intenso y con un final largo que permanece en el paladar como un recordatorio de la singularidad de Lanzarote.
El cambio generacional: Milagro de Magmasía Selección
Milagro de Magmasía Selección, elaborado por la bodega familiar Erupción, fue el encargado de maridar con Garbanzos, pulpo y pota, así como con Caldo de Millo. Se trata de un coupage de Malvasía Volcánica, Diego y Moscatel que representa el cambio generacional en Erupción: Amor López ha tomado recientemente el relevo de manos de su padre, inaugurando una nueva era en la bodega.
Con 34 meses de crianza sobre lías, este vino emerge como uno de los grandes descubrimientos de la comida. Es un vino mineral tanto en nariz como en boca, con una nariz intensa que nos muestra flores y cítricos. En boca es profundo, serio y gastronómico, con un volumen notable que nada tiene de pesado a pesar de la larga crianza sobre lías. Se trata de un vino que nos muestra el saber hacer de una nueva generación.
El único tinto: Rocanegra Tinto Quintana
El cambio de curso llegó con el único plato de carne: Baifo frito y papita negra, acompañado de Rocanegra Tinto Quintana. Estamos ante un coupage de Listán (90 %) y Ruby Cabernet (10 %) procedente de cepas con una edad media de 25 años, plantadas en parra en La Geria. Con solo dos meses de crianza sobre sus lías finas en barricas de roble francés de 250 litros usadas, este tinto demuestra que en Lanzarote la tradición blanca no opaca otras posibilidades.
En nariz, la fruta roja comparte protagonismo con notas minerales que nos muestran su origen volcánico. En boca es franco y directo, con una buena acidez en un trago frutal y mineral ligeramente estructurado que nos recuerda que estamos ante un vino de Lanzarote.
El cierre: Bernardo’s
Los platos dulces —Batata trucha y bombones— fueron acompañados por un licor de Bernardo’s, cerrando la comida con el mismo carácter singular con el que comenzó.
La lección de Lanzarote
El carácter culinario y vitivinícola de Lanzarote: La Cocina del ingenio fue una comida que demostró algo que a menudo se olvida: que el potencial gastronómico de una región no reside únicamente en sus chefs, sino en la suma de su terroir, sus tradiciones y su capacidad de evolución. Los vinos de Lanzarote poseen un carácter propio imposible de imitar. Estos no son vinos que pretendan ser borgoñas o bordeleses. Son vinos que hablan de una isla, de un paisaje geológico único, de una historia enológica que resiste con dignidad los cambios de las modas vinícolas globales. Y eso, en un mundo donde la homogeneidad amenaza constantemente, es un gran valor
