Chafandín 2018


Hoy toca hablar de Cádiz, de México, de encinas centenarias y de bandoleros; todo ello condensado en un vino de Ribera del Duero. Menudo lío, ¿no? Vamos a comenzar, que el tiempo apremia.
Hablar de Iberian es hablar de amor por el mundo del vino, es hablar de una manera de entender el vino que empieza en el propio viñedo. La idea de este grupo bodeguero es buscar viñedos singulares a lo largo de España, fincas con variedades autóctonas que expresen el terruño, que tengan realmente algo que contar a través de sus vinos. Hoy cuentan con bodegas en Ribera del Duero, Priorat, Toro y Rueda, al tiempo que elaboran también en Rías Baixas, Penedés y Bierzo.

Chafandín 2018 Cápsula

Pero la historia de este sueño de raíces gaditanas hermanado con México (a los hermanos Osborne Osborne, fundadores del grupo, se une en 2015 el empresario Ernesto Tinajero Flores) comienza hace casi un cuarto de siglo precisamente en Pesquera de Duero, en la finca El Quiñón, casi escondida tras un pequeño bosque de encinas centenarias o “jaro” que da nombre a la que ha sido la primera bodega de Iberian: Viñas del Jaro.
Y si la bodega toma el nombre de esa mancha boscosa, Chafandín 2018 (el vino que catamos hoy) alude al pago de esta misma finca en la que el bandolero Antonio Baraso “Chafandín” se cobijaba, al parecer, entre fechoría y fechoría.
Hablamos de un monovarietal de Tempranillo procedente de un viñedo de 50 años que, acabada la fermentación alcohólica, realiza la maloláctica en barricas nuevas y de un uso de roble francés de 300 litros, en las que se cría durante nada menos que 20 meses.
En la copa muestra un color picota con el halo violáceo. En nariz encontramos fruta negra, especias, un sutil aroma de violetas, toques de laca… Y en la boca nos recibe con una formidable acidez, un paso licoroso de esa fruta madura a la que acompañan toques mentolados, anisados, torrefactos… todo ello sobre una base bien estructurada, con taninos marcados pero no molestos.
Es un buen vino, aunque probablemente se encuentra aún lejos de su ventana óptima de consumo, que debería comenzar a abrirse dentro de un par de años; un vino que sin duda tiene muchas cosas que contar y tiempo por delante para poder hacerlo.

Chafandín 2018 Corcho

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Today we have to talk about Cádiz, Mexico, centenary oaks and bandits, all condensed into a Ribera del Duero wine. What a mess, right? Let’s start, time is short.
To speak of Iberian is to speak of love for the world of wine, it’s to speak of a way of understanding wine that begins in the vineyard itself. The idea of this winery group is to look for unique vineyards throughout Spain, estates with autochthonous varieties that express the terroir, that really have something to tell through their wines. Today they have wineries in Ribera del Duero, Priorat, Toro and Rueda, while also producing in Rías Baixas, Penedés and Bierzo.
But the story of this dream of Cadiz roots paired with Mexico (the Osborne Osborne brothers, founders of the group, were joined in 2015 by the businessman Ernesto Tinajero Flores) begins almost a quarter of a century ago precisely in Pesquera de Duero, on the Finca El Quiñón, almost hidden behind a small forest of centenary holm oaks or “jaro” that gives its name to what has been the first winery of the Iberian group: Viñas del Jaro.
And if the winery takes its name from that wooded area, Chafandín 2018 (the wine that we taste today) refers to the vineyard of this same estate in which the bandit Antonio Baraso “Chafandín” was sheltered, apparently, between misdeed and wrongdoing.
We are talking about a Tempranillo single-varietal from a 50-year-old vineyard that, after alcoholic fermentation, undergoes malolactic in 300-liter French oak new and one use barrels, in which it’s aged for no less than 20 months.
In the glass it shows a cherry color with a violet rim. On the nose we find black fruit, spices, a subtle aroma of violets, touches of lacquer … And in the palate it welcomes us with a formidable acidity, a liquor ripe fruit which is accompanied by mentholated, aniseed, toasted touches … all this on a well structured base, with marked but not annoying tannins.
It’s a good wine, although it’s probably still far from its optimal consumption window, which should start to open in a couple of years; a wine that undoubtedly has many things to tell and time ahead to do so.

Chafandín 2018 Etiqueta Trasera