Andrew Jefford elogia los vinos de la D. O. Ca. Rioja y destaca Mi Lugar 2021 de Queirón como “sutil, vital y salvaje”

Andrew Jefford, columnista de Decanter durante décadas y una de las firmas más respetadas de la crítica vinícola mundial, ha dedicado su columna del mes de mayo a los vinos de la D. O. Ca. Rioja en términos que difícilmente admiten matiz: «Europa no tiene vinos tintos finos que se les igualen; en el resto del mundo, solo Napa se acerca». Entre los vinos que cita en su crónica, Mi Lugar 2021, de Queirón —proyecto vitícola de la familia Ontañón— ocupa un lugar de honor: el crítico lo define como «sutil, vital y salvaje… y sí, finalmente también tierno».

Andrew Jefford (Norfolk, 1956) no es un escritor de vinos más. Formó su mirada literaria en los estudios de Literatura Inglesa antes de volcarse en el mundo del vino en 1988. Desde entonces, su prosa —poética, culturalmente densa, alejada de cualquier reducción técnica— lo ha convertido en uno de los cronistas más singulares del sector. Escribe en Decanter, donde ejerce además como Co-Chair de los Decanter World Wine Awards (DWWA) desde 2018, y es editor colaborador de The World of Fine Wine.

Su visita a Rioja se produjo en el marco de las jornadas con prensa internacional convocadas para conmemorar el Centenario del Consejo Regulador —la denominación recibió su reconocimiento oficial el 6 de junio de 1925—, cuya celebración central tuvo lugar en febrero de 2026. Jefford llegó desde Bilbao en pleno invierno, con dos meses de lluvia acumulada sobre los viñedos, y fue precisamente esa condición atmosférica la que le permitió leer el paisaje riojano con ojos distintos: «Pude sentir Rioja tal como es: una región de gran altitud».

El título de su columna condensa bien el argumento central: Rioja’s genius is to combine gentleness and tenderness with generosity and grandeur, despite significant structure —«El genio de Rioja consiste en combinar la delicadeza y la ternura con la generosidad y la grandeza, pese a su notable estructura», en traducción propia—. A partir de ahí, Jefford desarrolla una reflexión sobre la capacidad de los grandes tintos riojanos para construir belleza con el tiempo, cualidad que considera todavía más excepcional que la simple longevidad: «Rioja no solo resiste el paso del tiempo, sino que construye belleza con él: una cualidad aún más rara». Y remata con una pregunta retórica que resume su devoción: «¿Por qué bebo alguna vez otra cosa?».

Cinco vinos que cuentan una historia y buscan a quién contarla. Queirón Mi Lugar 2020

Mi Lugar 2021, el «Vino de Quel» que cautivó al crítico

Entre los vinos que figuran en su crónica de cata, Jefford reserva su elogio más cargado de emoción para Mi Lugar 2021, elaborado por Queirón, el proyecto vitícola de la familia Ontañón. El crítico lo encuadra desde el primer momento en su geografía: «Es un “Vino de Quel”; Quel es un pueblo de Rioja Oriental —antes Rioja Baja— situado a casi 500 metros de altitud, con viñedos que ascienden hasta los 850 metros».

La composición del vino —un 90 % de Tempranillo con un 10 % de Garnacha— lo sitúa en el registro de las mezclas clásicas de la denominación, aunque Jefford subraya que su efecto emocional supera incluso al de El Arca, el monovarietal de Garnacha de la misma bodega, que el crítico califica de «muy fino». En su descripción de Mi Lugar, escribe: «Fruta de frescura intensa, recorrida por hierbas de monte y aromáticas silvestres, y finamente estructurado en el paladar. Sutil, vital y salvaje… y sí, finalmente también tierno».

La elección del término «tierno» no resulta casual en el vocabulario de Jefford: conecta directamente con la tesis de su columna, que defiende que la ternura —entendida como capacidad de entrega, no como debilidad— es precisamente el rasgo que distingue a los grandes vinos de Rioja de cualquier otro tinto europeo de altura. Que un vino elaborado a partir de viñedos plantados a casi 900 metros en Rioja Oriental encarne esa cualidad resulta, para el crítico, tan inesperado como revelador.

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