El vino europeo alza la voz: España, Francia e Italia exigen a la UE acción urgente ante la “tormenta perfecta” del sector

Las principales potencias vitivinícolas de Europa lanzan un SOS conjunto ante los aranceles estadounidenses, las tensiones con China y el desplome del consumo

Los gigantes del vino europeo han cerrado filas. Las principales asociaciones vitivinícolas de España, Francia e Italia —que juntas representan más del 80 % de la producción vinícola de la UE— lanzaron hace unos días un llamamiento sin precedentes a Bruselas y a sus respectivos gobiernos, advirtiendo de que el sector enfrenta una “tormenta perfecta” que amenaza su supervivencia.

Durante una cumbre celebrada recientemente en Montepulciano, en el corazón de la Toscana italiana, los representantes del sector dibujaron un panorama sombrío: aranceles estadounidenses que ahogan las exportaciones, tensiones comerciales con China, un consumo en caída libre y el impacto de los conflictos bélicos actuales sobre las cadenas de suministro.

“La diplomacia, la PAC y el presupuesto específico de la UE son cada vez más vitales para garantizar el futuro del sector”, sentenciaron las asociaciones en un comunicado conjunto que suena más a ultimátum que a petición.

Un frente común sin fisuras

La reunión, conocida oficialmente como Grupo de Contacto, congregó a un impresionante abanico de organizaciones. Por España acudieron ocho entidades, incluyendo la Federación Española del Vino (FEV), Cooperativas Agro-Alimentarias y la Organización Interprofesional del Vino (OIVE). Francia e Italia también desplegaron sus principales asociaciones sectoriales, en una demostración de fuerza que busca presionar a las instituciones europeas.

El mensaje central fue claro: urge un acuerdo “cero por cero” con Estados Unidos —eliminación mutua de aranceles— para dar estabilidad a un sector que emplea a millones de personas en Europa y que forma parte esencial del patrimonio cultural del continente.

El “paquete vino” como salvavidas insuficiente

Las asociaciones valoraron positivamente el llamado “paquete vino” que prepara la Comisión Europea, pero advirtieron que es solo un primer paso. “Ahora más que nunca no debe ponerse en tela de juicio el apoyo de la UE al sector”, subrayaron, exigiendo que el presupuesto de la futura Política Agrícola Común (PAC) a partir de 2027 mantenga íntegros los programas vitivinícolas nacionales.

Un punto especialmente sensible fue la defensa del vino “como un producto compatible con un estilo de vida saludable”. Las asociaciones mostraron su preocupación ante la próxima reunión de Naciones Unidas prevista para septiembre, donde temen que se adopten declaraciones sobre enfermedades no transmisibles que puedan resultar “lesivas para la viabilidad económica y social del sector”.

Un sector en la encrucijada

Los datos hablan por sí solos: el consumo de vino en Europa lleva años en descenso, especialmente entre los jóvenes. A esto se suman las barreras comerciales que complican las exportaciones a mercados clave como Estados Unidos y China, tradicionales compradores del vino europeo de calidad.

La elección de Montepulciano como sede de esta cumbre no fue casual. Esta pequeña ciudad toscana, famosa por su Vino Nobile, simboliza la tradición vitivinícola europea que ahora lucha por su supervivencia en un mundo globalizado donde las decisiones políticas pueden hundir o salvar a miles de bodegas familiares.

El mensaje desde las colinas toscanas ha resonado con fuerza: sin un apoyo decidido de la UE, el futuro del vino europeo pende de un hilo. La pelota está ahora en el tejado de Bruselas.

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