Susana Pérez lleva una década marcando el carácter del Albariño en Pazo de San Mauro. Graciela Palacios configura el eje técnico de las bodegas de Marqués de Vargas; dos perfiles distintos, una misma manera de entender que los buenos vinos no se improvisan.
Veinticinco años, directora técnica de Bodegas Marqués de Vargas (Rioja) y reconocida en el ranking mundial de The Drink Business, Graciela Palacios es una voz que dará que hablar en el mundo del vino. Salmantina, criada entre viñedos y barricas, desde septiembre de 2025 continúa el trabajo de Ana Barrón, su mentora, fallecida ese mismo año. Una herencia enorme con una enorme responsabilidad detrás refrendada ya por importantes reconocimientos
En lo que va de 2026 ya acumula el Premio Juli Soler al Futuro del Vino y figura entre los 100 Master Winemakers que selecciona anualmente la publicación especializada The Drink Business. Que el sector la haya recibido así, tan pronto y con semejante contundencia, no ocurre por casualidad. Formada en Enología y Viticultura por la Universidad de La Rioja, Máster en Tecnología, Gestión e Innovación Vitivinícola, Wine and Spirit Education Trust (WSET) nivel 3 y miembro de la Asociación de Enólogos de La Rioja, Graciela ha participado en proyectos vinícolas en Italia y Brasil, y participa activamente en los programas de catas y formaciones de WSET.
Bodegas y Viñedos del Marqués de Vargas —proyecto familiar presidido por don Pelayo de la Mata, XIII marqués de Vargas y IX conde de San Cristóbal— no es el tipo de casa que apuesta por alguien para cubrir el expediente. Con presencia en Rioja, Ribera del Duero y Rías Baixas, elaborando ediciones limitadas de vinos de finca exclusivamente desde viñedo propio, cada decisión técnica tiene demasiado peso como para que quien la tome no sepa exactamente lo que hace.
En Galicia, Susana Pérez lleva diez años leyendo el Miño
Mientras Palacios apenas ha estrenado sus responsabilidades en Rioja, Susana Pérez (Vigo, 1977) cumple una década al frente de Pazo de San Mauro, en las Rías Baixas. Su llegada en 2016 —con el Premio Joven Albariñense recién cosechado y una trayectoria forjada en distintas regiones vitivinícolas— no fue la de alguien que viniera a cambiar lo que el viñedo llevaba siglos diciéndose a sí mismo. Fue la de alguien dispuesta a escucharlo.
Desde su infancia, Susana ha crecido entre las cepas del viñedo y la bodega tradicional de sus abuelos, en la zona del Condado do Tea (Rías Baixas), viviendo vendimias y elaboraciones familiares que muy pronto despertaron la voación que le llevaría a gormarse como Ingeniera Agrónoma en la Universidad de Santiago de Compostela y a licenciatse en Enología por la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante), completando una sólida base científica que ha marcado su manera de entender el viñedo.
Susana Pérez Inició su andadura profesional en la zona del levante español y en Priorato. De regreso a Galicia, se incorporó Avanteselecta, donde fue directora técnica de las bodegas Viña Nora y Pazos del Rei.
A orillas del río Miño, con el Albariño como variedad principal y el Loureiro esperando su turno cuando la añada lo justifique, Pérez ha construido una viticultura sostenible y racional que no aspira a sorprender a nadie con pirotecnia, sino a que cada vino sea, ante todo, fiel a su origen. La mineralidad no se fabrica; se interpreta. Y eso requiere tanto conocimiento técnico como la humildad de no estorbar cuando el viñedo sabe mejor que tú lo que quiere hacer.
Su recomendación para el 8 de marzo es el Sanamaro sobre Lías, elaborado a partir de los viñedos más antiguos del Pazo —La Fraga y Los Bancales— con uvas Albariño y Loureiro que reposan sobre sus propias lías el tiempo necesario para ofrece estructura en su justa medida. Mineralidad, flores blancas, frutos secos, amplitud en boca… un albariño que no necesita explicarse demasiado.
Hacienda Pradolagar 2018: así se presenta quien llega sabiendo a qué viene
Habría sido comprensible que Graciela Palacios eligiera una referencia más accesible para su primer brindis público. No lo ha hecho. Hacienda Pradolagar 2018 es la cima del catálogo de Marqués de Vargas: vino de parcela, producción limitada y numerada, elaborado únicamente en las añadas que merecen semejante tratamiento: Uno de los 25 vinos históricos seleccionados en la cata del centenario de la D. O. Ca. Rioja. No es una elección inocente.
Hay en esa decisión una declaración implícita: el nivel de partida no está en discusión, y quien haya pensado que la juventud de Palacios pudiera significar algún tipo de rebaja en las exigencias de la casa haría bien en revisar esa idea.
Lo que comparten, más allá del grupo
Ambas enólogas gestionan equipos de unas diez personas entre bodega y viñedo —que se multiplican por cinco durante la vendimia— y ambas asumen decisiones cuyas consecuencias el consumidor percibirá, sin sospecharlo siquiera, muchos meses después: el momento exacto de la cosecha, la lectura de cada parcela, los cuidados que permiten que un vino llegue a la copa con algo verdadero dentro.
Son dos mujeres en un sector que ha tardado demasiado en reconocer que el talento no entiende de género. Conviene decirlo, aunque sería un flaco favor para ambas que ese fuera el único titular. Pérez y Palacios no están donde están porque el calendario lo pida. Están porque saben hacer su trabajo mejor que muchos. Eso es lo que importa, y eso es lo que sus vinos demuestran.
