Cuando un vino toledano cruza el océano: Los Conejos Malditos llegan a Hollywood

La bodega toledana Más Que Vinos consigue lo que pocos proyectos españoles logran: que su tinto aparezca en una película de Paul Thomas Anderson con Leonardo DiCaprio. Detrás de este hito hay dos décadas de ecología, rendimientos bajos y la decisión de reírse de los conejos que devoran sus mejores uvas.

La paradoja de un nombre que cuenta una derrota convertida en triunfo

Hay historias que nacen de la frustración y se convierten en marca. La de Los Conejos Malditos es una de ellas. En algunas parcelas de Bodegas Más Que Vinos, los conejos tienen tan buen gusto que se comen selectivamente las mejores uvas, dejando rendimientos tan bajos que apenas merece la pena cosechar. En lugar de resignarse, los productores decidieron que aquellas viñas asaltadas por plagas de conejos merecían un homenaje particular.

El resultado fue una línea de vino bautizada irónicamente con el nombre del enemigo. Y para darle un rostro a esa rebeldía, colaboraron con el caricaturista estadounidense Dustin Harbin, quien diseñó una etiqueta tan icónica como provocadora. Así nació un vino que, años después, terminaría cruzando el Atlántico para aparecer en una película de Hollywood.

Bodegas Más Que Vinos: tradición ecológica en la Meseta de Ocaña

El proyecto es relativamente joven pero de raíces profundas. Fundada en 1999 por Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez —los tres enólogos con visiones compartidas sobre viticultura responsable—, la bodega se sitúa en Cabañas de Yepes, a 750 metros en el corazón de la Meseta de Ocaña.

Desde el inicio, Más Que Vinos ha apostado por un equilibrio entre pasado y futuro. Utilizan tinajas de arcilla y ánforas de cemento como sus antepasados, pero aplican criterios modernos de viticultura ecológica. Su portfolio de variedades —Airén, Malvar, Tempranillo, Garnacha— refleja tanto la historia local de Toledo como la experimentación contemporánea.

La bodega obtuvo en 2022 la certificación Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP), un sello que valida lo que ha sido su práctica cotidiana: el cultivo respetuoso con el entorno, la minimización de interventenciones químicas y la búsqueda de vinos que hablen del terruño.

El vino que bebe Leonardo DiCaprio en la pantalla

Los Conejos Malditos 2024 es un Tempranillo trabajado mediante fermentación carbónica que mezcla dos enfoques: el 50% de uva se fermenta entera para preservar la estructura, mientras el otro 50% se despalilla para optimizar la extracción. El resultado descansa seis meses en conos de cemento y es embotellado sin filtrar ni clarificar.

Que una botella de este perfil haya terminado frente a los ojos de Leonardo DiCaprio en una escena emocional de «Una batalla tras otra» —la última película del director Paul Thomas Anderson— habla menos sobre el vino y más sobre cómo funcionan hoy las narrativas de marca en el cine.

Más allá de Los Conejos Malditos

La notoriedad cinematográfica ha puesto los focos sobre esta línea, pero Bodegas Más Que Vinos es un proyecto más amplio. Bajo la marca Los Conejos Malditos también producen un blanco fermentado con pieles en tinaja y un rosado. Paralelamente comercializan otras etiquetas: Ercavio, con la que arrancaron su historia hace dos décadas, y sus Ediciones Premium —colecciones singulares de producción limitada como La Plazuela o La Malvar— donde se percibe más claramente su apuesta por la experimentación.

Lo que une toda esta producción es una filosofía: hacer vino desde la convicción de que menos intervención humana equivale a mayor autenticidad del fruto. Un principio que, aparentemente, resuena lo suficiente como para terminar en una película de éxito internacional.

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