Godeval, cuarenta años apostando por el Godello

El cuadragésimo aniversario de Bodegas Godeval viene marcado por su reciente integración en el grupo Zamora Company, el holding que aglutina referencias como Ramón Bilbao, Mar de Frades o Cruz de Alba, y que suma ahora a su cartera este proyecto singular nacido en las laderas del valle del Sil. Es una acción que sitúa a Godeval en una nueva dimensión comercial y estratégica. Pero para entender lo que es esta bodega hoy, lo que representa y por qué merece la pena detenerse en ella, hay que retroceder bastante más allá de 1986, el año en que se firmó su acta de nacimiento. Hay que volver a una comarca que estaba perdiendo su memoria vitícola sin apenas darse cuenta, y recordar a dos hombres que decidieron que eso no podía seguir así.

Una uva al borde del abismo

Corría la primera mitad de los años setenta cuando Horacio Fernández Presa, jefe comarcal de la oficina de Extensión Agraria de Valdeorras, decidió hacer algo que en apariencia era sencillo: preguntar a los viticultores de la zona qué uva consideraban de mayor calidad. La respuesta fue unánime. Todos señalaron a la Godello. El problema era que en aquel momento la variedad había quedado reducida a unas pocas cepas dispersas por la comarca, reliquias de un pasado que nadie había tomado la decisión de recuperar. Lo más llamativo, y también lo más revelador, era que esas cepas supervivientes eran precisamente las que los agricultores reservaban para elaborar su vino de casa, el que bebían ellos. Para el mercado, para lo que se vendía fuera, se apostaba por otras variedades más productivas y menos exigentes.

Visita a Valdeorras,Godeval bodega
Vista de la bodega desde el viñedo.

Lo que siguió fue el Plan RE.VI.VAL, acrónimo de Reestructuración de Viñedos de Valdeorras, una iniciativa que arrancó con una vocación clara y ambiciosa: devolver a la Godello el protagonismo que le correspondía en esta comarca situada al noreste de la provincia de Ourense, en el extremo más oriental de Galicia, donde el río Sil entra con fuerza tras tallar durante millones de años un valle profundo rodeado de sierras que superan los 2.000 metros; una denominación de origen con raíces en 1945, la segunda más antigua de Galicia después de Ribeiro, que sin embargo llevaba décadas mirando hacia otro lado en lo que a sus variedades tradicionales se refería.

El primer paso fue pragmático. Con la cooperativa del Barco de Valdeorras como aliada, se logró reunir 2.000 kilos de Godello entre los socios para elaborar un vino de prueba que permitiera comprobar cómo respondía el mercado. La respuesta fue una lección de economía aplicada al vino en tiempo récord: mientras el resto de vinos de Valdeorras se vendían a 40 o 50 pesetas, aquel Godello alcanzó entre 200 y 300. Cuatro o cinco veces más. El argumento era inapelable sobre el papel, pero convencer a los agricultores para que cambiaran sus cultivos resultó ser otra historia. A muchos simplemente les daba risa la propuesta. Cambiar lo conocido por lo incierto, aunque los números lo avalen, no es algo que los viticultores de cualquier generación acepten de buen grado.

El Plan RE.VI.VAL fue sin embargo mucho más que una campaña de persuasión. Incluyó la recogida sistemática de material vegetal de las cepas de Godello existentes para multiplicarlas en vivero, la creación de campos experimentales, la implantación de las primeras espalderas de la comarca, formación para los viticultores, y la instalación de una bodega experimental que albergó los primeros depósitos de acero inoxidable que se colocaron en toda Galicia. Pieza a pieza, año a año, la infraestructura necesaria para que la Godello volviera a ser protagonista fue tomando forma. Y cuando los fondos públicos comenzaron a agotarse, Horacio Fernández Presa y José Luis Bartolomé no se detuvieron. Dieron el paso que ningún funcionario estaba obligado a dar y fundaron una bodega. Así nació Godeval en 1986.

José Luis Bartolomé.

“El primer año hicimos 15.000 litros de Godello”, recuerda José Luis Bartolomé, “y en los diez años posteriores plantamos 17 hectáreas de Godello.” Una cifra que hoy puede no llamar la atención, pero que en aquel contexto era una declaración de fe en una variedad por la que nadie había apostado a nivel comercial hasta ese momento. Cada litro producido, cada hectárea plantada, era un argumento más en favor de una uva que estaba demostrando que tenía mucho más que decir de lo que el mercado había querido escuchar durante décadas.

Pizarra, tiempo y Godello

Cuatro décadas después, Godeval trabaja con 42 hectáreas de viñedo propio repartidas en 15 parcelas sobre las laderas del valle, algo que la convierte en una rareza en el contexto gallego, donde el minifundismo vitícola es la norma y no la excepción. Los viñedos rodean la bodega en un pequeño valle surcado por el río Mariñán, con parcelas que se extienden desde los 375 hasta los 550 metros de altitud y que en muchos casos están plantadas en bancales con pendientes del 25 %, donde todo el trabajo se realiza de manera manual.

Los suelos son una de las claves del carácter de estos vinos. La pizarra es la roca madre dominante, pero sobre ella aparecen esquistos, granito, cuarzo, arcilla, caliza y limo en proporciones que varían de una parcela a otra, creando una diversidad de suelos que la bodega ha ido aprendiendo a leer y a expresar con el paso de los años. A eso se suma un clima que es difícil de encuadrar en una sola categoría: básicamente continental, pero con la influencia atlántica que llega por los valles y la mediterránea que se filtra desde el sur.

Ana Bartolomé y Araceli Fernández del Palacio.

Las parcelas más emblemáticas tienen nombres propios: Pancho y A Portela, con más de treinta años de edad, son el corazón de Cepas Vellas. Armontes, plantado en 1988 a 480 metros de altitud, es el alma del RE.VI.VAL. Mosteiro, media hectárea al pie de la ladera oeste del valle de Mariñán, da vida al vino 1986. Cada una de estas parcelas es un mundo propio, con orientaciones, exposiciones y composiciones de suelo distintas que siempre tienen como denominador común esa roca madre oscura de pizarra que asoma por todas partes.

Hoy ese legado lo sostienen dos mujeres que llevan el proyecto en los genes. Araceli Fernández del Palacio, hija de Horacio, gestiona el día a día de la compañía manteniendo vivo el espíritu de su padre. Ana Bartolomé, hija de José Luis, dirige la viticultura y la enología contando con el conocimiento y la experiencia de quien fundó la bodega, su padre. Es un relevo generacional que no se ha limitado a conservar lo que había, sino que ha profundizado en el conocimiento del viñedo y ha dado forma a una gama de vinos que refleja la diversidad de los diferentes terruños.

Cata 40 años de Godeval

Fueron precisamente Araceli, Ana y José Luis los anfitriones del almuerzo con el que Godeval celebró su cuadragésimo aniversario, una ocasión que reunió a las familias fundadora con un recorrido por los vinos de la bodega que arrancó con tres referencias actuales de la gama y concluyó con un paseo por algunas de las añadas más significativas de su historia reciente; una cata que fue también, en cierta medida, un resumen de cuarenta años de trabajo sobre la pizarra del Sil.

Godeval 2025: El vino que abre la gama y que representa la interpretación más reconocible de la Godello de Valdeorras; un coupage de diferentes parcelas y exposiciones situadas entre O Barco y Vilamartín, elaborado en acero inoxidable con seis meses de crianza sobre lías finas con bâtonnages periódicos. Todavía no ha salido al mercado, por lo que encontramos un vino que tiene que crecer en botella pero que ya muestra los aromas varietales de fruta blanca y un trago con final amargo.

Godeval Cepas Vellas 2024: Elaborado a partir de las parcelas Pancho y A Portela, ambas con más de treinta años de edad. Pancho se sitúa a 465 metros de altitud sobre una ladera de suelos de esquisto —pizarra negra descompuesta— con presencia de limo y arcilla, orientada este-oeste, dominando el sector central del valle del Sil. A Portela, a 400 metros sobre el nivel del mar, se asienta sobre una suave pendiente orientada de norte a sur con suelos principalmente arcillo-calcáreos, un 25 % de fragmentos de pizarra y frecuentes cantos rodados. La fermentación se realiza en acero inoxidable exclusivamente con mosto flor, y la crianza se extiende durante quince meses sobre lías con bâtonnage. En copa muestra con claridad la doble firma de la variedad y el terruño: fruta blanca nítida y una marcada nota mineral que recorre el vino de principio a fin.

Godeval 1986 2024: El único vino de la gama que pasa por barrica, elaborado a partir de la parcela Mosteiro, media hectárea plantada en 1989 a 450 metros de altitud al pie de la ladera oeste del valle de Mariñán, sobre suelos de pizarra con textura franco-limosa. Se trabaja exclusivamente con mosto flor, con nueve meses en acero sobre lías y tres meses en barricas nuevas de roble francés de 500 litros procedentes de los bosques Tronçais y Bertranges. La madera está muy bien integrada, dejando que tanto la variedad como el terruño sean los verdaderos protagonistas del vino.

Godeval 2012: Año seco con rendimientos reducidos que favoreció concentraciones elevadas y una tipicidad varietal muy marcada. En nariz todavía encontramos fruta acompañada de flores secas, mientras que la boca se muestra más evolucionada, con la Godello ligeramente desdibujada por el tiempo en botella.

Godeval 2013: La primavera fresca y lluviosa de ese año marcó una temporada con menor graduación alcohólica pero con una acidez viva y fresca muy característica. La nariz aparece evolucionada pero todavía encontramos fruta de hueso madura acompañada de frutos secos, y en boca el vino aún mantiene algo de acidez que le da cierta tensión y longitud.

Godeval 2016: La añada 2016 en Valdeorras no fue fácil. La combinación de lluvia, granizo, niebla y una marcada variabilidad climática a lo largo del ciclo vegetativo castigó los viñedos y redujo los rendimientos de forma significativa. La primavera húmeda favoreció la presión de enfermedades fúngicas, y el verano irregular obligó a un seguimiento minucioso de la maduración. En copa encontramos un vino vivo que conserva mucha fruta y acidez, y que empieza a mostrar notas de evolución combinadas con fruta de hueso, lo que le añade una complejidad que lo hace especialmente interesante. Probablemente sea nuestro vino favorito de la cata.

Godeval RE.VI.VAL 2023: El vino que cierra la cata y que lleva grabado en el nombre el origen de todo; elaborado a partir del viñedo Armontes, plantado en 1988 a 480 metros de altitud, orientado al este sobre suelos de pizarra con presencia de limo y arcilla. La elaboración es minuciosa y paciente: crioextracción, prensado de mosto flor, seis meses de crianza en acero inoxidable sin bâtonnage, seguidos de dieciocho meses con bâtonnage cada quince días durante los seis primeros meses y una vez al mes los doce restantes, para terminar con tres meses de crianza en botella antes de salir al mercado. En nariz encontramos fruta blanca e hinojo, y en boca una acidez viva, a la vez que amable, que acompaña un trago untuoso y equilibrado. El homenaje más explícito de Godeval a los que lo hicieron posible.

Cuarenta años después de que Horacio Fernández Presa sacara aquella encuesta entre viticultores que nadie esperaba que cambiara nada, la Godello es hoy una de las grandes uvas blancas de España, y Valdeorras una denominación con nombre propio. Godeval no es la única responsable de ese cambio, pero sí fue la primera en apostar por él. Y eso merece ser recordado.

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