El lema de la bodega Cruz de Alba es “vinos sinceros”, y eso mismo transmite Sergio Ávila, su enólogo y gerente, cuando habla del proyecto. Su mirada es franca, y su discurso, asertivo y directo, vuelve siempre a los orígenes al explicar la biodinámica, incluyendo su pueblo, Quintanilla de Onésimo, en algún momento de la conversación. Es impetuoso y sencillo, convencido de lo que hace, y el viñedo y el cuidado de las cepas son el eje central de su discurso. Sus ojos brillan cuando habla de los suelos y de la homeopatía de las plantas; casi puedes imaginarlo, algodón en mano, recogiendo el rocío de la noche de San Juan mientras explica su uso en la biodinámica.
Tiene muy claro que el trabajo en la bodega ha de ser pulcro y meticuloso y que no nos podemos olvidar de que el vino es un alimento; “lo que tocan nuestras manos la gente se lo va a llevar a la boca” nos comenta Sergio hablando de la importancia de la limpieza en la bodega. Como vemos, su discurso no está falto de pragmatismo; “es muy importante hacer vinos sanos y saludables pero a la vez que sean buenos vinos”. Para él es evidente que si el vino no está bueno de nada sirve que sea biodinámico, al tiempo que es consciente de que los proyectos tienen que ser rentables; “ya decía mi abuelo que el montón de trigo no tiene que ser grande, tiene que pesar” nos comenta volviendo de nuevo a sus raíces.

Finca los Hoyales, la niña bonita del viñedo de Cruz de Alba
Nos encontramos con Sergio Ávila en el restaurante Ovillo, en Madrid, para realizar una pequeña cata vertical de Finca Los Hoyales, el buque insignia de Cruz de Alba. Las tres añadas elegidas son 2013, 2015 y 2017, aunque durante la comida también probaremos la añada 2018, que acaba de salir al mercado. Cuando le preguntamos a Sergio por qué eligió estas añadas, responde que el 2017 y 2015 los tenía muy a mano en el botellero y, ya que estaba con los impares, lo lógico era añadir también el 2013, aunque para ello hubiera que rebuscar un poco en el fondo de la bodega.
El viñedo de Cruz de Alba se encuentra en Padilla de Duero (Valladolid). Se trata de una finca de 40 hectáreas dividida en 18 parcelas, y una de esas parcelas es precisamente Finca Los Hoyales, el origen del vino protagonista de nuestra cata vertical.

Las cepas de Finca Los Hoyales fueron plantadas entre 1958 y 1963, siguiendo el curso del río Duero con una orientación este-oeste. Es una viña de 1,8 hectáreas de suelos de arenas silíceas donde las cepas de Tempranillo tienen un rendimiento muy bajo, pero producen una uva de excelente calidad.
La elaboración de Finca Los Hoyales comienza con una vendimia manual, con selección de racimos en la viña. Una vez en la bodega, las uvas son despalilladas y fermentan con levaduras autóctonas en barricas nuevas de roble francés de 500 litros. La conversión maloláctica también tiene lugar en las barricas, donde el vino permanece 22 meses sin trasiegos; simplemente se remueven las lías periódicamente. Tras la crianza en madera, el vino se embotella sin filtrar y permanece al menos 10 meses más en la bodega antes de salir al mercado.
Así son las añadas 2013, 2015 y 2017 de Finca Los Hoyales
Lo primero que queremos destacar de las tres añadas de Finca Los Hoyales es que claramente hay un hilo conductor: la presencia de fruta de calidad y una madera muy bien integrada, que en ningún caso es la protagonista del vino. Nos ha gustado comprobar cómo la añada marca cada uno de los vinos, algo especialmente evidente en el 2017, con una fruta negra mucho más madura, casi compotada, y notas de levaduras. En cambio, el 2015 es el vino más etéreo, quizá el más elegante, con una nariz más floral, con fruta roja en lugar de negra, y un trago vertical menos estructurado que el de sus compañeros de cata, pero con estructura suficiente para seguir evolucionando dentro de la botella sin venirse abajo.
La evolución de la añada 2013 es una maravilla: un vino vivo, con acidez y estructura,con una nariz comandada por la fruta negra y las notas especiadas y un trago con un tanino sedoso que nos ha conquistado.

Por último, como ya hemos mencionado, durante la comida catamos la añada 2018, un vino nuevamente equilibrado y elegante, con buena acidez y taninos pulidos, donde la fruta es la protagonista, dejando la madera en un segundo plano; un vino del que esperamos volver a hablar más adelante.
Todos los vinos muestran una muy buena evolución en la copa, revelando una nariz más expresiva, en la que encontramos nuevos matices según va avanzando la cata. Las tres añadas tienen una buena acidez y suficiente estructura para envejecer bien en botella. Son un gran ejemplo del potencial de un viñedo cuidado al máximo, un impecable trabajo en bodega y, sobre todo, la pasión de Sergio Ávila, un enólogo que se define como viticultor.
| Vino | Alcohol | Producción | Precio (75 cl) |
| Finca los Hoyales 2018 | 14,25 % | – | 79,45 euros |







