Arabako Txakolina: una pequeña denominación de origen que no deja de sorprender

Madrid acogió la presentación de los vinos de Arabako Txakolina para permitirnos descubrir que en este pequeño territorio se están elaborando vinos muy interesantes. Con apenas 97 hectáreas de viñedo, esta denominación de origen presume de ser la más pequeña de España, pero no por ello deja de ser una denominación dinámica donde tienen cabida diferentes estilos de vino.

Mariano Álava, presidente del Consejo Regulador, fue directo al grano con una frase que resume la paradoja de esta zona: “Somos la D. O. más al sur de las del norte”. Y es que Arabako Txakolina ocupa un territorio muy particular. Circunscrita geográficamente a la comarca de Ayala, con cinco municipios amparados —Aiara, Artziniega, Amurrio, Laudio y Okondo—, altitudes que varían desde poco más de cien metros hasta alrededor de los 1.100 metros sobre el nivel del mar en los picos más altos de la Sierra Salvada, veranos más cálidos que sus homólogas guipuzcoana y vizcaína, y una influencia atlántica matizada por el interior, esta denominación ha conseguido crear su propio ecosistema vitivinícola, con las mismas variedades que en otras denominaciones de origen de txakoli, pero en un contexto distinto.

Arabako Txakolina. Mariano Álava y José Ignacio Junguitu.
Mariano Álava y José Ignacio Junguitu durante la presentación.

Un territorio abierto a la experimentación

Lo primero que llama la atención es que aquí el concepto de “txakoli del año” ha dejado de ser la norma. Las características del territorio generan una acidez natural que permite elaborar vinos de guarda. Con el cambio climático, las maduraciones son mejores. Todo esto ha puesto a las bodegas de Arabako Txakolina en la posición perfecta para experimentar sin complejos.

Y eso es exactamente lo que están haciendo. Desde tintos que rompen esquemas como el Larrain Tinto de Artomaña, hasta orange wines que desafían cualquier clasificación tradicional como el Tantaka Extremaunción, pasando por crianzas en barrica, la denominación se ha convertido en un laboratorio donde la creatividad y las elaboraciones más tradicionales conviven en armonía.

Los bodegueros presentes en la cata lo dejaron claro: Kerman Álava y Mariano Álava –de la bodega Artomaña–, y Maura Verástegui –de la bodega Torre de Murga – Txikubin– representan perfectamente el momento de transformación que vive la denominación de origen. Siguen fieles a su identidad pero también abordando nuevas elaboraciones.

El Txikubin Blanco 2024 de Torre de Murga ejemplifica esto a la perfección. Es un txakoli en el que las notas minerales y cítricas comparten el protagonismo. Junto a él, los espumosos 13 Estrellas —tanto el Brut Nature blanco como el rosado, una rareza elaborada con Hondarribi Beltza— confirman la apuesta por el método tradicional de algunas bodegas de Arabako Txakolina.

Desde Artomaña, más allá del clásico actualizado que representan Eukeni y el maravilloso Kiriki, encontramos vinos espumosos de método tradicional como el Aparduna, o el Larrain Vendimia Tardía, un vino dulce nada empalagoso nacido de la excesiva sobremaduración de alguna viña, que ha resultado todo un acierto.

Arabako Txakolina. Kerman Álava.
Kerman Álava de Artomaña.

La convivencia de estilos es la norma en Arabako Txakolina

Bodegas Beldui presentó sus Crianza Blanco y Crianza Tinto, dos vinos elaborados con Hondarribi Zuri y Hondarribi Beltza respectivamente, que muestran que la madera también tiene cabida en el txakoli.

Juanjo Tellaetxe –de Bodegas Tantaka– llevó la libertad creativa un paso más allá. Su Tantaka Blanco ya da una pista de que esta bodega no teme experimentar, pero fue el salvaje Tantaka Extremaunción, su orange wine, el que nos mostró que todo tipo de vinos tiene cabida en esta denominación.

Bodegas Astobiza dejó patente que el txakoli puede ser un vino de guarda. El Malkoa 2018 es un txakoli de guarda profundo, estructurado y equilibrado. No es un accidente ni un experimento; es un vino que rompe definitivamente con la idea preconcebida de los txakolis como vino del año. De esta misma bodega también catamos Astobiza Rosado, elaborado con un 50 % de Hondarribi Zuri y un 50 % de Hondarribi Beltza, que es una auténtica rara avis dentro de la denominación.

Txema Gotxi, con su proyecto Bat Gara, nos trajo su interpretación personal del txakoli: Urtaran, elaborado en barrica de castaño; Urtaran 18 meses, con una crianza en formatos grandes de roble francés usado que le dotan de una gran profundidad, y Aromas del Sur, un txakoli elaborado en barricas de cerezo donde se inocula velo de flor bajo el cual el vino tiene una crianza de alrededor de ocho meses, un txakoli que nos hace doblar el mapa de España por la mitad.

Arabako Txakolina. Maura Verástegui.
Maura Verástegui de Torre de Murga - Txikubin.

Una denominación que busca abrirse a nuevos mercados

Poco a poco Arabako Txakolina está consolidando su presencia internacional. Exporta entre el 20 y el 25 % de su producción, y su presencia en Estados Unidos se remonta a más de dos décadas, con una estrategia clara de diferenciación y un grupo de bodegas liderando la transformación hacia vinos de identidad que pueden presumir de mostrar su terruño.

Arabako Txakolina, con sus 97 hectáreas de viñedo, ha dejado de ser solo una denominación pequeña y singular. Ahora es un territorio con discurso propio y con un futuro ligado a sus pueblos, al enoturismo y a unas bodegas donde conviven los txakolis clásicos con pequeños proyectos caracterizados por la ausencia de miedo a experimentar.

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